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domingo, 15 de abril de 2018

4.1 Corsarios de Finulein (Altos elfos) VS Incursores de Isgaard Mantonocturno (Elfos Oscuros)

Arathar cruzó la explanada que había frente a la granja, usando su aura mágica para evitar mojarse con la lluvia que empezaba a caer. A su alrededor, los Asur se apresuraban a levantar un campamento defensivo y a tratar a los heridos; desde el momento en que Finulein había sido derribada el mando de la hueste élfica había recaído en él, algo que le incomodaba. La almirante era una gran estratega tanto en el campo de batalla como en la gestión del ejército sobre el territorio, pero él siempre se había sentido más cómodo entre libros... no tenía madera de militar y mucho menos de líder. Comprobó que los guerreros de Hoeth heridos se encontraban todo lo bien que permitía su situación y, sin perder más el tiempo, abrió la puerta de la granja. En seguida, el olor de la sangre y los gemidos de agonía lo transportaron a la realidad de un hospital de campaña, un mundo que él mismo había conocido en los últimos enfrentamientos y algo que no le deseaba a nadie. Una oleada de rabia le inundó al pensar en los buenos elfos y elfas que había perdido la vida en aquella jornada, gotas irrecuperables en el mar de un pueblo que se secaba; la muerte de cada hijo e hija de Ulthuan era un drama irreparable que Arathar desearía tener el poder de evitar. Por eso tenía tantas esperanzas puestas en los secretos que se ocultaban tras las grandes puertas de la Cámara, deseaba obtener el conocimiento y el poder suficientes para salvar a su pueblo de morir marchitado como una flor en invierno. 

Sobre la mesa más grande de la granja, un médico-hechicero cauterizaba la herida de Finulein que, con el torso completamente descubierto, era sostenida por dos fornidos Yelmos Plateados; aunque, por sus rostros, era evidente que ambos hubiesen preferido estar al frente de una carga suicida. La Almirante se se revolvió durante un momento y, al terminar la cura de emergencia, relajó todos los músculos de su cuerpo, exhausta. Arathar despachó a los presentes y la tapó con su propia capa, a la espera de que recuperase fuerzas. 

–Informe... –puede que el cuerpo de la bastarda de Finubar estuviese débil, pero su mente y su mirada seguían siendo de acero– Dime cuántas bajas. 

–Demasiadas, como siempre. Pero muchas menos de las que temíamos. Un buen número de milicianos y Yelmos Plateados; los Maestros de la Espada que te cubrieron cuando fuiste herida han sido diezmados, pero aquellas guerreras no se detenían a rematar a los heridos, por lo que muchos de ellos volverán a ponerse en pie. Como te he dicho, demasiadas bajas, pero el grueso del ejército ha salido indemne. 

–Gracias a ti... Hoy mucha gente te debemos la vida.

–Los vientos de la magia son caprichosos en estas tierras... creo que el artefacto interfiere en ellos de alguna manera. Hoy hemos tenido suerte. 

–No te menosprecies, amigo, las cosas habrían sido muy distintas si no hubieses acompañado a la flota. ¿Qué sabemos del príncipe oscuro? 

–Nada, tras la huida general de los druchii, los exploradores y los jinetes que aún podían combatir se han lanzado en su persecución, pero todavía no tenemos noticias suyas. Me temo que el enemigo intentará volver a las montañas. 

–Bien hecho, nosotros debemos reunirnos con nuestros aliados para el asalto final. El desgaste empieza a hacer mella en todos, así que es hora de zanjar esto. Me temo que tendrás que asumir el mando durante unos días, hasta que los médicos me dejen hacer algo útil. 

–No te preocupes, me las arreglaré. Comparado con intentar desentrañar los misterios de una puerta arcana protegida por hechizos milenarios, no creo que sea tan difícil dar órdenes a un grupo de soldados. 

Cuando el hechicero salió, le quedó la satisfacción de ver la débil sonrisa que su torpe broma había dejado en el rostro de Finulein. Sin embargo estaba preocupado por ella. Demasiadas heridas, demasiada responsabilidad y, solo había que mirar a su alrededor, demasiada muerte. Únicamente los dioses sabían el peso que caía sobre los hombros de la Almirante, pero por unos días él tomaría el relevo. La necesitaban fuerte, porque la puerta ancestral cada vez estaba más cerca de ser abierta y no dudaba de que sus enemigos tenían intención de morir matando.


Autor: Ximo Soler

viernes, 16 de marzo de 2018

Ronda 3.3 Grungtham el sabio (Enanos) VS Incursores de Isgaard Mantonocturno

-¡Traed un escriba! Y un médico! ¡Deprisa! -Rugió el enano.

Dos enanos jóvenes entraron corriendo en el pequeño puesto de observación enano, en busca de ayuda.

-Dime hermano ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está nuestro señor Grungtham el sabio?

-Nos emboscaron, señor. Al anochecer, a pocos kilómetros de aquí, llevo toda la noche andando. ¡Arrgh!- gimió de dolor el enano.

-Ven, túmbate aquí, no hagas esfuerzos, bien, cuéntame ¿Qué ha pasado?

-Habíamos acampado en un claro en el valle de Glarvarr, marchábamos en dirección a este puesto de observación y habíamos decidido descansar para llegar aquí a la mañana de hoy. Mi señor Grungtham había ordenado montar las defensas porque sabíamos que había enemigos cerca. Habíamos abierto el segundo barril de Bugman cuando ¡Arrrgh!- El enano se encogió, con la cara descompuesta de dolor, sudando como si estuviera haciendo un gran esfuerzo.- Perdón señor, no... sé que me pasa.

-Sigue hermano, no pasa nada, cuéntame más.

-Si... Habíamos abierto el segundo barril de Bugman cuando escuchamos los primeros gritos. La potente voz de Grungtham nos hizo formar en seguida formando un círculo al rededor del campamento. Puedo decir orgulloso que nunca habíamos desplegado tan rápido como anoche. Vi varios enanos muertos por flechas negras pero no vi ningún enemigo hasta que aparecieron... elfos. De negras armaduras y espadas retorcidas. No son como nuestros aliados, desde luego, nunca había visto nada como eso.

-¿Elfos oscuros?

-Supongo que sí. Se acercaron corriendo con las espadas en lo alto y las lanzas apuntando hacia nosotros. Por detrás también oí gritos, supongo que estábamos rodeados. Los guerreros del clan mantuvimos la compostura, como se esperaba de nosotros pero... pero... ¡Fue una carnicería!- Del rostro del enano caían grandes lágrimas que se perdían en la espesa barba- Los elfos del demonio atravesaron a mis hermanos como si fueran mantequilla. De entre ellos saltó una elfa... Llevaba dos espadas y era como un torbellino. Mató a nuestro capitán casi con solo mirarlo, lanzó por los aires a nuestro Señor Melchor el Implacable. Yo estaba situado en un extremo de mi regimiento, desde la distancia, pude ver a Grughtam el sabio luchando contra un elfo con una extraña capa estrellada. Los señores Barbaslargas vitorearon el nombre de Grungtham cuando de un poderoso martillazo derribó al elfo al suelo. No vi más, pues en ese momento, una bota se estrelló contra mi cara.

Cuando abrí los ojos tenía a la asesina sobre mí. La runa que brillaba en su frente me dolía en los ojos, de un color rojo sangre... Recuerdo que pensé que parecía fluir, como si estuviera escrita con sangre viva, como la que corre por nuestras venas... Me dijo, me dijo que no me iba a matar... Que quería que viviera y que contara esta historia, me dijo que sabía que había un puesto aquí. Conocen este lugar. Que iban a venir, pero que no iban a decirme cuando. Yo estaba paralizado de terror, entumecido entre el barro. Sacó un cuchillo y me hizo este pequeño cortecito.- Señaló su mano, el corte era pequeño, ni siquiera sangraba, pero la herida estaba empezando a oscurecerse.- Eché a correr hasta llegar aquí. Conozco esta torre, serví muchos años en mi juventud. No hay defensas suficientes mi señor, hay que enviar un mensaje, no sé que ha sido de nuestro señor Grungtham, cuando desperté hacía horas que había acabado la batalla, solo vi cadáveres...

-Calla hermano, has tenido suficiente. Intenta descansar.- El enano médico llegó a la carrera, se inclinó sobre el enano, que farfullaba en voz baja.

-¡Escriba!- Llamó al enano que acababa de entrar junto al médico.

-¿Si Señor?

-Envíe inmediatamente un mensaje a todas las torres y a Barak-Varr, estamos en peligro y necesitamos ayuda. 





domingo, 11 de febrero de 2018

Ronda 2.2 Incursores de Isgaard Mantonocturno (Elfos oscuros) VS Astrohz el Implacable (Altos elfos)

Algún día, cuando los bardos canten las hazañas de aquella jornada, probablemente no cuenten que nada salió según lo previsto. Hablarán de la carga final de Fendar y sus Yelmos Plateados, pero olvidarán que la falta de experiencia del oficial le hizo dudar durante todo el combate, provocando la desesperación en Astrohz cada vez que le veía retroceder con las manos vacías. Puede que describan las nubes de proyectiles oscureciendo el sol, pero no que muy pocos encontraron un blanco. Es seguro que hablarán de la ayuda decisiva del mago Alto Elfo en el combate que enfrentó al grueso de ambas huestes, pero dudo mucho que señalen que hasta ese momento había conseguido controlar los vientos de energía a duras penas. Tampoco nadie conocerá el alivio de Astrohz al ver como los lanceros enemigos cargaban contra sus aguerridos Leones Blancos, en lugar de contra la propia unidad de lanceros que lideraba. La Historia tan solo recogerá la carga que encabezó para apoyar a los leñadores de Cracia y que, en medio de la total confusión provocada por aquel nuevo episodio de odio ancestral, ambos comandantes se buscaron. Y si los bardos ignorarán todo lo dicho, mucho menos probable es que escriban que cuando el Príncipe Isgaard Mantonocturno se disponía a encarar aquel duelo, hubo algo más que salió mal. El general Asur había oído hablar de la mortífera asesina Druchii que había herido a Lindir, pero ignoraba que el líder de los Elfos Oscuros la había confinado en el campamento como castigo por haberle desobedecido en el anterior combate. Y, por su puesto, lo que ninguno de los dos podía imaginar era que uno de los lanceros que combatían junto a Isgaard era la desobediente asesina, que se negaba a quedar apartada del frente. Astrohz tuvo un segundo antes de darse cuenta de lo que ocurría, pero su extraordinaria habilidad con la espada y los hechizos que le protegían alejaron los golpes más mortíferos. El intercambio de golpes fue rápido, mucho más veloz de lo que los ojos de un humano hubiese podido seguir, haciendo saltar chispas allí donde las armas de ambos contendientes se encontraban. La hoja Asur encontró la blanca carne de la asesina ante la atónita mirada de Isgaard, que se veía apartado de aquel duelo por el empuje de una turba de lanceros de ambos bandos. Pocos sentirán la confusión de los Druchii cuando los acontecimientos se precipitaron: una vibración mágica impregnó el aire, los casos de los Yelmos Plateados sonaban cada vez más cerca del combate y, en el frente, los Leones Blancos se abrían paso entre las filas de escudos con sus enormes hachas. Apesadumbrados por un peso desconocido, todos los lanceros oscuros sintieron que la batalla estaba perdida. Las trompetas sonaron y Astrohz vio a sus eternos enemigos batirse en retirada, arrastrando al Principe Oscuro y a su asesina fuera del alcance de su espada. Esto será lo que los bardos contarán de aquel día: uno de los duelos más increíbles que nunca verá aquella tierra baldía. Pero volverán a ignorar que Astrohz el Implacable, que había luchado mil veces contra los odiados súbditos de Malekith, suspiró de incredulidad al darse cuenta de que había sobrevivido al enfrentamiento con una de las mejores guerreras que había visto nunca. 

Autor: Ximo Soler







viernes, 9 de febrero de 2018

Final Fase 1: Contubernio de la destrucción

La fortaleza había sido abandonada hacía muchos años, estaba situada en un estrecho valle rodeado de frondosos bosques. El silencio que allí había reinado durante siglos se vio roto de forma brusca por la presencia de cerca de un millar de guerreros de distintas razas que allí se reunían y festejaban sus victorias o se lamían las heridas de sus derrotas; el torreón principal era una montaña negra de cascotes pero la plaza de la fortaleza estaba semiiluminada por la luz de Morrslieb, que brillaba en todo su esplendor.

-Ah... Es una buena noche para las conspiraciones y los planes ocultos… ¿No crees, mi amigo oscuro?

-No habláis como haría un Ogro, Yuggath… Pareceis -Dijo pensando sus palabras- otra cosa, no sabría qué decir…

-Ah pero es que soy algo más que un ogro… y algo menos también ¡Pero mirad! Aquí comienzan a llegar nuestros invitados.

Grimgor entró en la plaza, la luz de Morrslieb iluminó el semblante tallado en piedra del orco.

-Yuggazz, azí era como te llamabaz ¿No? Tuz Ogroz acaban de retar a miz machotez a un duelo de comer, ezpero que tuz Brutoz zepan lo que ze hacen, miz inmortales no zólo zon invictoz en la batalla.

-Pues han encontrado en los Brutos un rival a su altura, entonces. Espero que no haya heridos, gane quien gane.

-Tranquilo, la alianza sigue en pie, zi hay heridos ahora, habrán muertoz luego; miz inmortales lo zaben bien. En fin ¿Qué tripa ze le ha roto al elfillo? He oído que le zalió bien lo de matar a tuz primoz blancoz.

El elfo oscuro murmuró, molesto algo inteligible.

-Fue un placer matar a todos esos Asur, ciertamente. Imagino que el mismo placer que sentiríais al acabar con todos esos enanos… Unas bestias impresionantes esos… Guerreros tuyos, estoy seguro que remarían muy bien en una de nuestras arcas negras.

-¿Qué eztáz insinuando elfillo? Miz Machotez zon orcoz librez- Alzó a Gitsnik, amenzador- Ezo tenlo claro, ozcurito.

-Haya paz entre nosotros, ya habrá tiempo para repartirnos el botín luego. Mirad, ahí vienen el resto de nuestros aliados.

Ernuzhk Espadahumeante entró en la plaza junto con una pequeña guardia de soldados enanos, un aura oscureció la noche y el penetrante aroma del azufre invadió a los presentes.

-¿Qué haze eze aquí?- gritó Grimgor, colérico.- ¡No me dijizteiz que ezoz estaban en el ajo! ¡Taponez negroz azquerozoz! ¡Oz mataré con miz propiaz manos!

-Ya os lo decía yo Yuggath, estos orcos son unos animales primitivos y salvajes-Dijo Isgaard echando mano a la empuñadura de su espada- ¡Me agotas la paciencia bestia! ¡Debería acabar con tu miserable existencia!

-¡Ven aquí elfo de los cojonez! –Bramó Grimgor- a ver qué zabez hazer con eze picho que llevaz ahí.

-¡Guardad esas ansias de lucha para el enemigo! - dijo Yuggath, interponiéndose con todo su tamaño entre el orco y el elfo.

El enano gruñó, enseñando los dientes afilados y dijo:

-¡Que el Padre de la Oscuridad os entregue el cráneo de vuestros enemigos en bandeja! No es de mi agrado aliarme con un asesino de Dawi Zharr como tú, Grimgor. Pero el odio que nace en mí contra mis primos es más intenso que el desprecio que te ofrezco. Esta alianza es de nuestro agrado a pesar de tener que relacionarnos con estas razas inferiores. Aun así no os quepa duda que en cuanto todo esto acabe, todos seréis nuestros esclavos.

-No me gusta eso de razas inferiores, amigo bajito. He oído que os dieron una buena tunda allí abajo vuestros primos. –El humo del apestoso puro de Samuel Sime se impuso por encima del aroma a azufre de Ernuzhk cuando entró en la plaza junto con cinco de sus alabarderos.

-¡Que insolencia es esta! –Bramó uno de los guardaespaldas del Enano. –¡¿Cómo osáis hablarle así a nuestro señor Ernuzhk!?.

Ernuzhk alzó una mano, deteniendo a sus guerreros.

-Vuestra armada tampoco salió bien parada del encuentro contra los odiados Asur. ¿Acaso la inversión realizada en esta empresa ha sido insuficiente para vuestros… “Perros de la guerra”?

-Mis compañeros piensan que el cofre de oro que nos disteis es todavía un poco pequeño. Quizá otro más grande les motive un poco más a la hora de aguantar una carga de caballería elfa. En fin, extraña reunión amigos, no es por nada pero quisiera conseguir mi pequeña venganza cuanto antes y largarme de estas tierras para no volverlos a ver más. Así que ¿Cuál es el plan amigo elfo?

-Bien -Dijo el elfo oscuro. -ahora que estamos todos y que nos hemos repartido las consabidas muestras de afecto y cariño, este es nuestro objetivo.

El elfo desplegó con gesto teatral un extenso pergamino sobre una desvencijada mesa. Las extrañas runas brillaron dolorosamente al ser tocadas por la luz corrupta de Morrslieb y los rostros de los capitanes fueron iluminados por ellas cuando se inclinaron sobre el mismo.

-¿Veis? Está en la base, mucho más profundo de lo que creíamos.


Texto de Draughleth

domingo, 21 de enero de 2018

Liguilla Reforged: Incursores de Isgaard Mantonocturno (Elfos oscuros)


"Los rumores eran ciertos. Si bien sus últimas incursiones habían sido exitosas, el regimiento con el que contaba Isgaard Mantonocturno, recientemente nombrado Príncipe Oscuro, se enfrentaba a una movilización a gran escala de sus ancestrales y despreciables hermanos. Los guerreros de Astrohz el Implacable se habían desplegado para repeler los ataques relámpago de Isgaard a las costas de los Reinos Fronterizos, impidiéndole asediar Tor Tal-Harin de forma directa.

Si bien la posibilidad de pasar por el Draich a los altos elfos despertaba su ansía de combate y la de sus soldados, los rumores decían que varios príncipes de Ulthuan se habían aliado para hacerle frente. Isgaard no pensaba arriesgar su propio pellejo, pero sabía quien podría hacerlo en su lugar. Un grupo de mercenarios con poco que perder y sed de venganza, serían blanco fácil para unas palabras de odio y revancha bien escogidas –y adornadas con unas monedas de oro, lo que más ansiaban los Tileanos–, que le permitirían tener carnaza que lanzar contra la escoria de Astrohz.

Por otra parte, un viejo trato sobre el comercio de esclavos con los enanos infernales podría despertar la codicia de estos despreciables pero necesarios aliados. Al fin y al cabo, los cautivos Asur que no sacrificaban al culto de Khaine se vendían a buen precio. Isgaard mandó a su mano derecha, Aendara, a contactar con los mercenarios. Desde luego, la belleza mortal de la asesina sería un buen aliciente para contar con el servicio de los mercenarios..."



Autor: Omar Sulik

miércoles, 17 de enero de 2018

Liguilla en Valencia

¡Me alegra anunciar que La Taberna va a ser el lugar donde se van a narrar la I Liguilla del grupo de Warhammer Reforged Valencia!

En esta liguilla se va a enfrentar el equipo del Bien contra el equipo del Mal en los tumultuosos y violentos Reinos Fronterizos, en estos Reinos un equipo compuesto por una alianza tan extravagante como improbable como es la de los arrogantes Altos Elfos con los malencarados Enanos de las montañas se van a enfrentar a un equipo compuesto por una coalición de crueles Enanos del Caos, esclavistas Elfos Oscuros, violentos y salvajes Ogros, Mercenarios que asiosos por el saqueo y el pillaje y Orcos y Goblins que siempre están a punto para una buena pelea.

El trasfondo de estos ejércitos va a subirse poco a poco en este blog y seréis testigos de atronadoras cargas de caballería, heroicas defensas de la infantería y un poco de la violencia desmedida que tanto nos gusta a todos. Os dejo una introducción al trasfondo para que vayáis abriendo boca.

"El Océano recuerda la era anterior al Gran Cataclismo. El Cielo aún cree escuchar la voz de aquellos que vinieron de más allá del espacio y el tiempo. Las montañas todavía sienten cómo les dieron forma. Los bosques siguen escuchando sus gritos de terror y confusión cuando fueron engullidos por el cataclismo de los Grandes Portales de los Polos. Los ríos añoran las ciudades élficas que se extendieron por el mundo en aquél tiempo sin violencia. Y las ruinas de una de ellas, olvidada en una tierra sin dueños saber que allí se encuentra escondido el último intento dsesperado de aquellos viajeros para evitar su funesto destino. El artefacto sabe que su tiempo se acerca, al igual que las sombras del mundo disforme sabe que todo lo que es luz puede volverse oscuridad".


viernes, 10 de noviembre de 2017

Magia en el mundo de Warhammer: Espadas mágicas (I)

Objetos mágicos

                Espada de gigante: Un hechizo de lo más raro de encontrar. Hay muy pocos magos que se atrevan a hechizar con este tipo de magia. Al igual que la Espada de sangre hace falta un sacrificio importante para imbuir un arma de este poder. Por lo general para encantar esta arma se requieren hechizos potentes y derramar una cantidad de sangre de gigante concreta y exacta en un momento en el que el hechicero sienta los vientos de la magia adecuados para la realización de este conjuro. Esto hace que el precio, que ya de por si es elevado hasta para encantar las armas con los conjuros más sencillos, sea desorbitado. 

Se conocen casos de guerreros que después de realizar una proeza tal como es la de matar a un gigante han visto que su arma, simple hasta el momento, se ve imbuida de un extraño poder, hechizada con un poder mucho más alto que el realizado por un mago.

Aún así, la forma más segura de conseguir una de estas armas tan poderosas es gracias a la ruta del marfil ya que en las Montañas de los Lamentos aún quedan pequeños valles medio ocultos donde viven algunas de las últimas pequeñas tribus de gigantes que todavía viven en comunidad. Hay una tribu de Ogros que han hecho de la caza de estas tribus para forjar armas de gigante su modo de vida.

El Dépota de esta tribu se hace llamar Oorg Matagigantes Forjaespadas aunque en realidad no ha hecho ninguna de estas dos cosas en la vida. En realidad, son los Tripasduras de su tribu los que hacen todo el trabajo sucio mediante redes y lanzas rudimentarias que tiene una maza en el extremo (para no causar heridas que sangren) dan caza a estos gigantes solitarios y dispersos para después desangrarlos en grandes barricas y sumergir gran cantidad de espadas, hachas, porras y en realidad, cualquier cosa que un ogro pueda usar como arma mientras los Matarifes de la tribu danzan lanzando gritos guturales para realizar el hechizo. Posteriormente, los ogros venden estas armas a precios altísimos a los mercaderes que transitan la Ruta del Marfil. Es interesante destacar que algunas veces el hechizo incluso funciona y se han visto varias de estas extrañas armas herrumbrosas, sucias y melladas en manos de algún capitán imperial adinerado en busca de gloria golpeando sin piedad a enemigos de forma salvaje y brutal.

Debido a la forma de encantar estas armas que tienen los Ogros de esta tribu se han dado algún caso de un arma que no es una espada con este encantamiento. Corre por las tabernas de Altdorf una historia sobre un caballero Estaliano de Bilbali que lucha armado solamente con una tabla que tiene un clavo en un lado y que cada golpe que da es como si te cayera un muro de ladrillos, el clavo tiene un tono rojizo y húmedo, característico de este tipo de hechizos


                Espada de sangre: Solo los más inmorales guerreros son capaces de portar una de las infames espadas de sangre. Estas espadas se conocen porque una vez desenvainadas no pueden volver a ser envainadas hasta que no prueban la sangre otra vez. Para portar una de estas espadas el sacrificio debe ser importante y personal. No se sabe de ningún portador de estas espadas malditas que poseyera una familia o seres queridos o amigos.

El que recibe esta espada debe sacrificar todo lo que tiene con la misma. A cambio recibirá un poder y una capacidad de matar sin igual. Pocos guerreros han querido tener este tipo de arma y menos aún se les recuerda como grandes héroes. Una vez que sobre la espada cae una sola gota de sangre, no dejará de derramar sangre hasta que no esté saciada. Algunos magos piensan que la espada necesita una cantidad de sangre igual a la derramada así pues si la espada sangra la cantidad de un hombre con matar a otro hombre, en teoría bastará pero cuanto más sangre derrame más vidas reclamará y si el portador de la espada intenta refrenar esa violencia y no matar más, la espada se volverá contra su dueño.

La inquisición ve con muy malos ojos este tipo de armas pues ve clara la influencia del Caos en ella, sobre todo la de Khorne. Pero poco se atreven a hacer pues los portadores de las espadas de sangre son individuos paranoicos, violentos y salvajes pero sobre todo grandes guerreros y asesinos que llevan su condenación colgando de su cinturón. Mientras su sangriento pacto para con el arma sirva a Sigmar y al Imperio, la Inquisición no actuará.

Para los Elfos Oscuros, este tipo de arma es muy reverenciada y los nobles más poderosos siempre se aseguran tener una. Algunos nobles de Naggaroth están buscando una forma de parar la maldición por la que la espada se vuelve contra el dueño pero es muy utilizada en rituales a Khaine y se considera todo un honor ser el dueño y portador de una de ellas.

Entre los Altos Elfos las opiniones están divididas, unos ven la mano de Khaine en estas armas pero hay muchos otros que opinan que la parte destructora y la sed de sangre que nunca se detiene es obra de los Dioses del Caos. Hay muchos nobles que poseen una o han estado interesados en poseer una, sobre todo los mas devotos a Khaine. Todos, sin embargo saben que es un tabú en la sociedad elfa sucumbir a unos instintos tan salvajes como los que se demuestran en combate y hay pocos que en público se han atrevido a declararse poseedores de una de estas armas. 

Únicamente cuando hay una gran batalla y la necesidad es acuciante, los nobles Altos Elfos realizan un ritual de purificación antes de desenvainarla y después de acabar la batalla. El que se realiza antes de empezar la batalla se hace en público, delante de sus soldados, aparece el noble Elfo desnudo y se humilla ante la espada mientras el mago del ejército realiza el ritual, luego se coloca la armadura y la desenvaina. Esto en realidad no tiene ningún efecto real y sirve para aumentar la moral de las tropas y decirle a los soldados qué es lo que van a ver y qué va a ocurrir. En el ritual se asume que se hace un pacto entre los soldados, Khaine y el noble para que nadie mencione nada en la sociedad y el tabú y la hipocresía al respecto de los instintos sanguinarios que despierta el arma no afecten a la posición del Noble en la sociedad.

En realidad, los magos de batalla Elficos tienen un hechizo para detener el derramamiento de sangre y solo lo usan cuando la batalla se ha ganado y el noble carga contra sus propias tropas. Al caer en la inconsciencia su portador, la espada sale volando de las manos y cae siempre contra alguien, ya sea el mago, el propio noble o cualquier Elfo que esté cerca. Por eso se desenvainan pocas veces estas poderosas armas en batalla y son tan censuradas en sociedad aunque es curioso saber que, a pesar de estar tan mal vistas la cantidad de nobles elfos que tienen una de estas en sus sótanos y cámaras secretas es extremadamente alto.

Los Hombres lagarto también las utilizan pero solo como ofrendas a Sotek. Se supone un arma importante para la lucha contra los Skavens. Cuando se prepara una guerra contra los odiados hombres rata, se realiza un ritual en la que un gran guerrero se ofrece como sacrificio a Sotek. Después se crea la Espada de Sangre y a partir de ahora todo el mundo se refiere a él como si hubiera muerto con grandes honores. Se le nombra capitán del ejército y se deja que la espada sangre hasta cubrir todos los escalones de la gran pirámide de la Ciudad Templo. Esa es la cantidad de sangre Skaven que debe derramar antes de morir. En batalla, estos saurios o eslizones se convierten en la mismísima ira de los Dioses y nunca se ha perdido una batalla en la que estas armas participan. Al acabar, cuando el guerrero mira a los compañeros con sed de sangre, el ritual del sacrificio hace efecto y el guerrero muere atravesado por su propia arma. Nadie sabe si es por decisión propia del guerrero, que puede recordar cual es su propósito o si mediante el ritual, la espada reconoce a su portador como sacrificio. Como todo en los Hombres Lagarto, nadie sabe bien como consiguen manejar la magia con esa habilidad.

Para el Caos, estas espadas son la gloria a Khorne, así que tampoco hace falta contar mucho al respecto; lo que sí que se podría contar es que en Norsca estas espadas están muy mal vistas y se considera de mal fario portar una. Los Norses son famosos por su hospitalidad y por no negar nunca un plato y una bebida a alguien hambriento o sediento pero una excepción a la regla es que a los portadores de estas espadas se les recibe amablemente, como a todos los invitados, pero la espada debe quedar fuera de la casa en todo momento (aún incluso si los habitantes de la casa adoran a Khorne o a alguna de las múltiples variantes del dios) y no pueden esperar que se les dé el mejor corte o el primer plato de la comida, como sí que se les da a todos los viajeros, vengan de donde vengan.