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jueves, 24 de enero de 2019

Dramatis personae: Pegomastax

El marine estaba desnudo, arrodillado en el centro del círculo recitando el ritual, su piel amarilla brillaba de sudor por el esfuerzo. Los pedazos de armadura descansaban en orden apoyados en una roca, los ojos del yelmo picudo miraban hacía el vacío cielo del planeta mientras el pequeño sol giraba a su alrededor a gran velocidad.

Una vez las palabras pronunciadas fueron lanzadas al inmisericorde vacío disfrome, el aire alrededor del guerrero se torció, se dobló sobre si mismo e hizo una pirueta, un pico lleno de un millar de pequeños dientes cónicos y afilados habló con cuatro voces a la vez:


Marine táctico leal trasformado en caótico, el brazo del arma de mano es de los Hombres Lagarto y el de la pistola es de los enanos de Warhammer Fantasy, la tela de la pierna es masilla verde y el engranaje de la peana de un tippex.


-¿Me llamarás Pegomastax? Habré escuchado tu llamada? Decías ¿Que deseaste?

-Te saludo, Anseris bienvenido al plano mortal, ha pasado ya el tiempo que hablamos ¿Has conseguido aquello que prometiste?

-Si, si... lo haré, tuve aquí mismo el objeto. ¿Quisiste verlo?

-El círculo que me protege está listo, no quiero que lo traspases pero el arma puede hacerlo siempre que no hayas traicionado tu promesa.

Imprimado en rojo Khorne y pintado con los colores de un capítulo leal, según el trasfondo que estoy creando son los restos de una legión leal que ahora sirve al caos y algunos de los guerreros visten o bien los colores de su capítulo original o armaduras rapiñadas de los emigos caídos.


El demonio pareció ofendido, o lo intentó. Había tenido pocos contactos con humanos y los conocía menos de lo que él alardeaba. Pegomastax advirtió que el demonio en realidad estaba complacido por la reticencia a confiar en él, la sospecha de una traición es motivo de regocijo para este tipo de demonio.

-¿Te hube traicionado yo alguna vez? Me pedirás un arma porque pierdes tu la tuya en aquél planeta cuando luchas contra tus hermanos pero yo hubiera cumplido mi promesa pero entonces...

-¡Basta! -Dijo Pegomastax alzando una mano, irritado. Ya era bastante complicado seguir la cháchara de este tipo de demonios y era aún peor cuando era uno de esos que no comprendía el concepto del tiempo y utilizaba mal los tiempos verbales. Las cuatro voces callaron.

-El arma, enseñamela.



La armadura está pintada al estilo Ultramarine, aunque los brazos amarillos y escamosos y los tatuajes dejan claro que es un sirviente del caos. Puede que sea un Ultramarine caído en el caos o un guerrero que mató a un Ultramarine y se puso su armadura.


El pico del demonio, de una coloración metálica similar al oro se torció en un gesto emplumado y el aire se solidificó en forma de pistola a los pies de Pegomastax. El artefacto era pequeño, mucho más que un bólter, estrecho y lleno de engranajes. Parecia arcaico y rudimentario, casi un juguete al lado del ruidoso bólter. Publius sorprendido miró con desprecio el pequeño juguete que yacía a sus pies.

-Se lo quito de las frías y muertas manos a un guerrero contra el que lucharemos. Será un poco más bajo que tu, con un largo pelo en la cara. Sorbería su alma y derribó sus fortalezas en las montañas es un plato delicioso. Hube mejorado su arma. Ahora fue mas potente.

Con suspicacia el guerrero cogió el arma que le tendía el demonio. El Espíritu máquina de su bólter había sido corrompido hacía mucho y el Caos no siempre favorece con sus mutaciones, perderlo fue perder el último hilo que lo sustentaba al Imperio al que sirvió antaño. No obstante, la Guerra Eterna sigue rugiendo a su alrededor y un Guerrero Astartes no es nada sin su arma. El Mechanicum oscuro le habló de una entidad disforme que podría proporcionarle un arma en condiciones. Cogió la pequeña pistola con cuidado, lamentando la posibilidad que el demonio le estuviera colando una baratija y temiendo que el demonio le hubiera engañado o que era tan idiota que no comprendía lo que le había pedido.

El arma no era un bólter, desde luego y su forma y ergonomía no estaban hechas para la mano de un astartes sino para alguien mucho más bajo y pequeño. Aún así, comprobó si tenía munición, en su interior había una pequeña bola de metal que parecía un proyectil sólido arcaico, amartilló con el dedo y apuntó a una roca enorme que había a unos metros de distancia. El disparo sonó débil, como un pequeño petardo como los que lanzaban los niños en las celebraciones de su antiguo planeta de origen. La roca estalló como si hubiera implosionado una granada dentro. Impresionado por la explosión, el marine miró el arma, sorprendido.

Será un Marine espacial del Caos en mi banda de Kill team, es el primero de mi banda que pinto e irá armado con una espada sierra y pístola bólter.


-Hago unos apaños en el arma. Disparó mucho mejor que en manos del pequeño guerrero.

-¿Qué tipo de munición lleva?

-¿Que fue munición? -Preguntó con interés el demonio, parecía no comprender la palabra.

Publius miró otra vez el arma ignorando al demonio, volvía a haber una pequeña bola de metal lista para disparar. El arma parecía estar modificada por el demonio y dispararía siempre igual. Estaba bien, le valía.

-Bueno, me gusta ¿Qué pides por el arma?

-Nada, poderoso Publius, para ti será gratis -Dijo con evidente malicia- solo quise llevarte la muerte a tus enemigos.

El pico dentado hizo un amago de sonrisa intentando parecer alguien en quien confiar, gorgoteando de forma horrible. El demonio no engañaba a nadie. Pegomastax se preocupó. Estaba convencido de que esto le iba a salir muy caro.

lunes, 30 de abril de 2018

Final fase 4 Contubernio del mal

-Ven, acércate mi pequeña criatura. Infórmame de los avances ¿Por qué la Torre no ha caído todavía? ¿Hay retrasos? ¿Resistencia? ¿Los generales que elegiste no han sido los campeones que esperábamos? Los elegiste personalmente y tú mismo te encargaste de que tuvieran... la motivación necesaria… ¿Acaso nos han traicionado? ¿Acaso… me has traicionado?

Dejó que las palabras cayeran, amenazantes sobre la pequeña criatura que se encogía frente a sus pies. Cuando la misma dejó de temblar y susurrar, una pequeña voz susurró.

-Los Asur y los Dawi han… han unido fuerzas… no esperábamos que fueran tan poderosos…

-¿¡Esos perros!?- La voz reverberó a través de las nieblas gris azulado que los envolvían- ¿No estaban matándose entre ellos al otro lado del mundo?

La pequeña voz tardó un poco más en dejar de temblar y sollozar esta vez.

-Mi señor, eso ocurrió… quiero decir, hace… miles de años de aquello… debería usted recordar…- jadeó la figura.

-¡Silencio gusano! Es cierto… -Reflexionó olvidando a su sirviente- El tiempo de este lugar me deshace la mente. –Pareció dudar unos momentos- Esa guerra está en el pasado, y en mi futuro… - Una ráfaga de dolor cruzó su rostro.- ¡Maldita sea esta prisión! ¡Esclavo!

Entre jadeos entrecortados la figura consiguió articular:
-¿Si, mi señor?

-Háblame, cuéntame quiénes son nuestros generales, dime quién puede ser el que nos está traicionando. ¿Cómo te presentaste ante ellos? ¿Cómo es que te siguieron a ti, una pequeña y horrible criatura a esta campaña catastrófica. ¿Cuántos de ellos conocen nuestra existencia? ¿Cuántos saben… de mí y de mi propósito?

-Maestro, ninguno sabe nada de vos, ni vuestro nombre, como pidió… Salvo… El Dawi Zharr sabe que sirvo a otro… Y dedica plegarias, ritos y sacrificios al Toro de fuego en su honor. Me presenté en el Templo al Gran Tauro y pedí un voluntario para mi señor. Ernuhzk se ofreció voluntario y le entregué una copia del mapa para llegar hasta aquí.

-Sabes que aquí ni debes pronunciar el nombre del Gran Tauro, ni ninguno de los otros… Ves con cuidado gusano, pues ni siquiera fuera de este lugar deberías mancillar sus nombres con tu vil lengua… Así pues el Dawi Zharr parece el más entregado a la causa… Continúa.

-Las elfas brujas me acogieron cuando me presenté como un viajero que venía del norte… Me agasajaron y me trataron como a un rey, fingí quedarme dormido por el dulce veneno que habían echado en mi copa nada más entrar en su templo y dejé que me cortaran el cuello y me robaran el pergamino. Sabía que tarde o temprano informarían a su príncipe del hallazgo y este, ansiando la fama y la fortuna para sí mismo, falsificó la firma del mismísimo Rey Brujo y huyó con su ejército de Naggaroth. Ahora mismo pesa sobre él una condena a serle arrancada el alma del cuerpo. Nadie corre riesgos así si no está convencido de lo que hace. Cree que volver con un tesoro que poner a los pies del Rey Brujo le concederá el perdón y la vida.

-Un Asur avaricioso y traicionero… Lo que me faltaba por ver- Exclamó, burlón la gran voz.

-El rey orco no nos adora, ni nos rinde culto. Esas bestias no adoran más que la fuerza y la violencia. EL mapa cayó en manos de una tribu orca que estaba en el camino del kaudillo más poderoso en nuestros días. Afortunadamente es uno de los pocos kaudillos que sabe leer aunque tenga que seguir las palabras con el dedo y mueva los labios mientras lo hace. La alianza fue más compleja, fue necesario el ogro para ella.

-El Orco nos ha dado victorias, pero hiciste mal en escogerle y te castigué por ello. Su destino es más grande que esto y no nos dará la victoria de buen grado. Es el eslabón frágil de nuestra alianza pero no es el traidor, no conscientemente, al menos.

-El Ogro fue necesario. Lo encontré en las Montañas del Este y me lanzó sus monstruos contra mí. Su tribu lo venera así que tuve que ganarme su confianza y enseñarle secretos… Sabe… Sabe que le sirvo… Pero no le he dicho su nombre… Y sabe que el artefacto es de gran poder. Para que funcionara la alianza conseguí que medio mapa cayera en sus manos por medio de un mercader de la Ruta de la Seda y mediante sueños sugerí que la otra mitad estaba en manos de Grimgor. Nadie ha vencido a la bestia así que el brujo ogro optó por la alianza.

-El brujo ogro sabe mucho, por lo que me estás contando… ¿Lo ha contado al resto de generales? No contestes gusano, no creo que lo haya hecho… Si es inteligente no confiará en ellos… Aunque si lo fuera tampoco debería haber confiado en ti… En fin ¿Y el humano? Los humanos siempre han sido buenos peones en nuestras guerras y sirven gustosamente, lo quieran o no… ¿Esta pequeña marioneta juega bien al juego?

-Durante años le he seguido y he guiado no pocas veces su fortuna, a pesar de eso no me conoce apenas. Tiene cuentas pendientes con uno de los Asur pero su corazón no nos pertenece así que luchará hasta donde el oro llegue.

-Es el que menos nos conoce, eso está bien… ¿Y cómo están ahora?

La pequeña criatura había dejado de temblar mientras hablaba y su voz había tomado un tono firme al hablar de sus logros y su trabajo. La pregunta hizo que los ojos de la gran criatura azulada se fijaron en la pequeña y sintió derretirse ante el poder y el odio que irradiaba desde su plumaje iridescente. Los temblores volvieron.

-El ta- tablero está dispuesto, mi señor… -Se arrodilló- Los ejércitos están desmoralizados pero aún tienen fuerza y poder… Si toman la torre al asalto todavía pueden acabar con la resistencia. Pe-pero en cuanto entren en el asedio perderán nuestro favor y no podremos protegerles. Son guerreros poderosos pe-pero puede que mueran, señor. Lo sabe… Van a a-atacar una vez. Que-queríamos un asedio prolongado y matarlos de hambre… Pe-pero va a tener que ser un ataque total a la torre.

-Bien lo sé, y va a ser sangriento y brutal. Los Dioses nos abandonaron a nuestro destino… Y ese destino está ahora en manos de meros mortales, inconscientes de lo que les aguarda bajo el Velo.


Texto: Rafa Doñate