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miércoles, 2 de mayo de 2018

5.2. Astrohz el Implacable (Altos Elfos) VS Loz Muchachoz de Grimgor (Orcos)

La noche era cálida, todos y cada uno de los elfos de la hueste de Astrohz podía sentir cómo la primavera avanzaba con cada día que pasaba. Sin embargo, eran las piras funerarias donde los Asur lloraban a sus muertos las hacían que esa sensación de calor fuese aún más sofocante. La batalla que se había desarrollado al amanecer fue la última gran prueba para los guerreros de Nagarythe, aguerridos como pocos en Ulthuan. Una larga fila de Leones Blancos flanqueaba a la comitiva que se acercaba a la gran torre de madera que dominaba el rito funerario, liderada por el viejo Príncipe Astrohz. Aquella mañana, el comandante se había ganado por completo la lealtad de sus, ya de por sí, fieles soldados. Cada uno de los que en esos momentos se lamentaba por la pérdida de sus compañeros sabía que, de no ser por su líder, la carnicería habría sido mucho mayor. 

Pocos habían esperado encontrar al enemigo con las primeras luces del alba, pero tanto Asur como pieles verdes se habían lanzado unos contra otros con la pasión de dos amantes que vuelven a encontrarse. En aquella y otras campañas, Astrohz y los suyos habían hecho frente a multitud de enemigos, pero pocas veces vieron unas bestias como los orcos negros acorazados que lideraban al contingente orco. La esperanza abandonó las filas de la hueste resplandeciente cuando Grimgor emergió de entre sus guerreros para llevar la muerte y la destrucción a su paso; y sin embargo, cuando los corazones de todos los lanceros se encogían, sintiéndose incapaces de enfrentarse a aquel monstruo, apareció la amada figura del general. Como un faro blanco a punto de ser azotado por la más furiosa de las tempestades, Astrohz se mantuvo firme ante la furia hecha carne. Todos pensaban en aquel duelo cuando el héroe de Nagarythe se acercó hasta la pira funeraria y depositó la antorcha sobre la madera, iniciando el incendio que ardería durante toda la noche. Una brisa fresca sopló desde las montañas hacia el Oeste, las estrellas girarían durante las próximas horas para guiar las almas de los caídos hasta los monolitos que les esperaban en su tierra natal. 

Todos mantuvieron un respetuoso silencio, observando cada uno de los movimientos de su adorado líder, el único que había sido capaz de hacer frente al gran orco negro; luchando contra él casi como si fuese una danza, vertiginosa y mortal, en la que una lluvia de chispas saltaban con el choque de las armas y los golpes contra las protecciones mágicas que rodeaban a los contendientes. Todos habían visto como, contra toda lógica, el piel verde perdía fuelle y el elfo lo arrinconaba. Si quedaba alguna duda sobre ello, tras tantos años a su servicio, cada uno de los veteranos de Astrohz sabía que le seguirán hasta cualquier confín del mundo al que los guiase. Una batalla más. Un funeral más. Una muesca más en el escudo que protegía al mundo de la destrucción. Pocas razas entendían la magnitud del sacrificio que llevaban a cabo los hijos de Asuryan. 

La solemne ceremonia fue interrumpida por un murmullo creciente que se aproximaba a la gran pira, el repiqueteo de los ligeros cascos de un corcel élfico. El mensajero, un Maestro de la Espada de Hoeth, casi saltó de la silla de montar e hincó la rodilla ante Astrohz; le entregó un mensaje y esperó a un lado. El general leyó el mensaje y agradeció al correo su velocidad, el ejército volvería a Tor Tal-Harin al alba. Los muertos ya descansaban, pero los vivos aún tenían una batalla más que ganar. 


Autor: Ximo Soler



domingo, 15 de abril de 2018

Ronda 4.4 Príncipe Lindir (Altos elfos) y ejército de Grunghtam el sabio (Enanos) VS Muchachoz de Grimgor (Orcos) y Ernuzhk Espadahumante (Enanos del Caos)

De nuevo, sin saber exactamente cómo ocurría, Ernuzhk contempló con ira cómo la batalla se volvía en su contra. Mientras él y sus guerreros marchaban al combate lo más rápido que podían, tenía que observar con impotencia como ese maldito orco negro se estrellaba contra el enemigo en el flanco derecho, sin esperarle, atacando por su cuenta. Sabía perfectamente que Grimgor le odiaba y que le había sido difícil olvidar su pasado como esclavo en las oscuras minas enanas del Este, pero también era consciente de que era lo suficientemente buen guerrero como saber que era un suicidio lanzarse de esa manera, sin esperarle, contra el muro de lanzas y artillería que sus enemigos habían alzado. Gritó y maldijo, invocando al Padre de la Oscuridad para que hiciese caer su venganza contra aquel piel verde estúpido. Frente a él, el retumbar de los corceles élficos le alertó de que la marea resplandeciente de Caledor se cernía sobre ellos y decidió que, mientras él viviese, ninguno de sus enanos iba a morir por la estupidez de un orco. Dibujó runas en el aire, invocando a los poderes oscuros que viven en las entrañas de la tierra para que les envolviesen con el manto protector de una nube negra; unos minutos después, empujada por un viento fresco del mar, la humareda mágica se dispersó y descubrió una llanura vacía allí donde antes estaban Ernuzhk y sus soldados. Desde algún lugar lejos de allí, el Enano del Caos esperaba que Grimgor muriese en aquel enfrentamiento perdido al que él mismo se había lanzado, aunque intuía que no sería tan fácil deshacerse de aquel incómodo aliado.

Autor: Ximo Soler

domingo, 1 de abril de 2018

Final Fase 3: Contubernio del mal


La enormes hogueras hacías que las sombras del interior de  la tienda bailaran como si fueran demonios frenéticos. Los tambores y los gritos de los orcos zalvajez no ayudaban a relajarse. Pocas veces había estado Samuel Sime en una tienda con unos generales como estos, Grimgor era una montaña de músculos tan grande como el propio ogro y el aura de violencia que transmitía con cada movimiento solo hacía que a Samuel le hiciera padecer un dolor de cabeza justo detrás de los ojos y unas ganas de aporrear a alguien como solo había sentido en plena batalla, como cuando estás con el barro y la sangre hasta los ojos y solo piensas en darle una patada en la cara al soldado que está en el suelo y que tienes que evitar que se levante, porque si no, te dará la patada a ti.

El orco habló:
-¿Zamuel, tú que opinaz?

Samuel volvió de las profundidades de su mente.
-¿Eh? Sí... Esto... Hemos sufrido bajas, la cabrona de Finulein nos pegó muy duro, pero nosotros lo somos más. Por lo que me han contado los exploradores, han tomado presos a muchos de mis soldados. ¡Ja! -Rió de forma amarga- debería haber matado a esa panda de perros... Conozco a los que se llevó y son una panda de hijos de puta que vana hacer la vida imposible a esa elfa. Los escogí personalmente después de un asalto a una fortaleza de los Hombres rata, habían sobrevivido varios meses en las jaulas de las ratas... Que aprovechen las vacaciones que han cogido de los elfos. Cuando los vuelva a coger ¡Van a saber lo que es trabajar!

-Me alegra zaber que tuz chicoz zon chicoz duroz, ¡Pero los chicoz duroz no valen para nada zi eztan con loz elfoz!- Dijo Grimgor dando un puñetazo en la mesa.- ¡Loz cochinoz elfoz noz eztán deztrozando! ¡No eztamos conziguiendo ninguna pozizión! ¡Tenemoz que llegar a eza fortaleza de alguna forma!

-Eso es cierto Grimgor- Intervino Yuggath- El camino que dijo el enano estaba mejor defendido de lo que esperábamos.

-¡Tu cállate Yugazz! ¡Todoz hemoz vizto como te agarrabaz laz faldaz y zalíaz corriendo delante del elfo de loz caballoz! -Gimgor hizo un gesto teatral burlón con las manoz- Dizez Uuuuuuuuh... Y hazez muchaz cozaz con laz manoz y dizez muchaz palabrejaz raraz y la gente muere cuando hazez ezo... ¡Pero no zabez nada de comandar tropaz y de luchar de verdad! Dijizte que el enano aquel de la crezta naranja lo habíaz matado pero me tocó a mí acabar el trabajo.

Samuel Sime sintió un escalofrío en la nuca, en parte por las dos enormes bestias discutiendo delante de él y en parte por la extraña voz susurrante que en un rincón de la tienda dijo:

-El enano del que habláis sigue con vida, está herido de por vida por lo que habéis hecho los dos, pero vive y lucha como siempre.

Una de las sombras de la tienda dejó de bailar al son de los tambores orcos y se hizo más densa, casi material. La sombra habló:

-Me envía mi amo Ernhuzk, el enano no ha conseguido establecer su posición, no tendréis el apoyo por su parte, el elfo que llamáis Isgaard si ha conseguido su plan, su posición es adecuada para el asalto. Decidme y le entregaré la información a los otros generales ¿Habéis conseguido vuestras posiciones? ¿El asalto a la torre es la que planeamos? Contestadme y enviaré las respuestas a mi amo Ernhuzk.

El ogro se acercó a la pequeña y sibilante criatura del caos y le dijo:

-Dile a tu amo que no hemos conseguido las posiciones, el camino estaba defendido, intentamos emboscar a los enanos pero fue una trampa y Lindir nos atrapó y rompió nuestras filas. Finulein también destrozó el flanco oeste con el que Samuel protegía nuestra posición y hemos tenido que huir al norte, necesitamos saber la posición de Ernuzhk y si podemos apoyarnos en él para marchar a la torre. A pesar de eso, creemos que podemos tomar la torre por asalto si cargamos por el camino del sur, no es el plan que habíamos acordado, pero si Isgaard está donde acordamos, quizá el asalto deba ser por ahí.

La criatura asintió, y con una sonrisa malévola contestó:
-Transmitiré la información a mi amo... ¡Ah, por cierto! Vuestros enemigos están a punto de abrir la cámara y de desvelar sus secretos... Están tardando mucho, pues no tienen ni idea de como funciona esa cámara- El demonio pareció complacido por ese dato- Es tan fácil de abrir que hasta uno de vuestros cachorros podría hacerlo... Menos mal que sois vosotros los que contáis con mi ayuda... Espero que podáis conseguir pronto llegar hasta ahí pues como utilicen el Artefacto no podréis contar conmigo...

Y los ojos se fundieron con la sombra y desaparecieron.

-Malditos demonios, son traicioneros y malvados, esta campaña no acabará bien si la dejamos en sus manos - Dijo Samuel Sime. Aunque en su interior pensaba que era una buena forma de transmitir órdenes a sus tropas... si se pudiera eliminar de alguna forma la capacidad que tenían de mentir y de transformar todo lo que dicen a su antojo... Quizá sean útiles.

Autor: Draughleth



lunes, 26 de marzo de 2018

Ronda 3.4 Úlfgar el carnicero (Enanos) y el Príncipe Lindir de Caledor (Altos elfos) VS Los Machotez de Grimgor (Orcos) y Los Brutos de Gorgo (Ogros)

Rarn-Hor sonreía, pletórico de emoción guerrera, mientras contemplaba caer al gigante en toda su estatura; el enorme monstruo traído hasta allí por los orcos deshacía las filas de estoicos enanos, hasta que el contingente de Príncipes Dragón consiguió abatirlo. Los gritos de batalla de Caledor se unieron al caos de aquella emboscada que, contra todo pronóstico, elfos y enanos estaban consiguiendo girar en su favor; allí donde pusiese la mirada, la infantería enana se mantenían férreas y la caballería élfica aplastaba enemigos. El capitán habló brevemente con su comandante y ordenó a Rarn-Hor que organizase las filas para continuar el combate, algo que en una unidad de disciplinados príncipes de Ulthuan no era tarea difícil. Agarró su cuerno de guerra, ricamente labrado en plata y oro, y lanzó al cielo una poderosa nota con toda la fuerza de sus pulmones. Tras él y a su lado, los jinetes se reorganizaron y siguieron a su líder en busca de nuevos enemigos. Sin embargo, Lindir alzó la mano a los pocos segundos y provocó que la columna frenase en seco. Frente a ellos, semi-enterrado en cadáveres de piel verde, un matador con enorme cresta anaranjada parecía agarrarse a la vida con sus últimas fuerzas. En pocos minutos, dos elfos lo habían sacado de donde estaba e intentaban volverlo en sí con un poco de agua; la batalla seguía desarrollándose, pero parecía que allí se había detenido el tiempo. 

–Úlfgar –dijo Lindir con cierta sorna–, jamás pensé que te echarías a descansar en mitad de una batalla. No es propio de ti. 

El musculoso enano se zafó de los dos caballeros y escupió un esputo de sangre, tenía la cara destrozada por un golpe y muchos dientes rotos, pero nada de eso le había arrancado la ira de los ojos. Farfulló algo, pero nadie lo consiguió entender. 

–Lo siento, pero no te he escuchado bien... –dijo Lindir– supongo que has querido decir que seguirías luchando pero que tus heridas te lo impiden, y que te sientes muy agradecido porque te acabo de salvar la vida. 

Úlfgar farfulló algo que, sin duda, no se parecía en nada a un agradecimiento. Intentó alzarse pero su cuerpo le devolvió a la cruda realidad, desplomándose en el suelo. Aquella campaña estaba cambiado la percepción del príncipe respecto a aquellos guerreros barbudos, había hecho mal en menospreciarlos; además, él había sido educado para respetar aquel tipo de valentía en el campo de batalla. 

–Que diez guerreros lo pongan a salvo, si le ocurre algo responderán directamente ante mí. Ahora vamos a ayudar a nuestros aliados, hay que reconocerles la habilidad guerrera y la tozudez de la que hablaba mi abuelo. Yo crecí escuchando aquellas historia de la Guerra de la Barba, no deja de ser gracioso que hoy estemos luchando codo a codo con ellos. 

Y sin añadir más, picó espuelas y cabalgó a la batalla seguido de su escolta de Príncipes Dragón, preparado a llevar la ira de Ulthuan contra aquellos que habían osado atacarles. Rar-Horn volvió a hacer sonar su cuerno en entonación de marcha pensando en las palabras del comandante, aquella guerra iba a marcar un antes y un después; tal vez demostraría que ninguna fuerza podía oponerse a las hachas enanas y las lanzas élficas si combatían unidas. ¿Quién sabía qué podría salir de allí? Con este pensamiento se dejó conducir por su corcel hacia el combate. ¡Caledor marchaba a la batalla!

Autor: Ximo Soler

Despliegue de los ejércitos

Los enanos están rodeados

Los orcos lanzaron todos los insultos que pudieron a los estoicos enanos



Los ogros intentaron rodear a la caballería élfica, que en seguida rompió la línea ogra


Las botellas rotas, las piedras y las espadas oxidadas que lanzaron los Gnoblars a Úlfgar no hicieron más que irritar al matador.

Bob el Hermoso hizo una inspirada demostración de bailes regionales típicos de Estalia sobre los Rompehierros enanos con la que se ganó la ovación del público. 

Úlfgar vio todos esos orcos juntos y no pudo contenerse de ir a ver de qué color tenían la sangre




La gloriosa y valerosa carga del Príncipe Lindir a la carroña Gnoblar.


Épico enfrentamiento entre dos enormes bestias



La carga de los elfos destroza la línea ogra y acaba con el baile del gigante, los Comehombres se preparan para ser acribillados y los ocoz zalvajez huyen despavoridos del lugar. Sólo Grimgor permanece, rodeado de enemigos. 


domingo, 11 de febrero de 2018

Ronda 2.3. Corsarios de Finulein Sin Tierra (Altos elfos) VS Loz Muchachoz de Grimgor (Orcos)

Grimgor escupió al suelo y miró a su alrededor por primera vez desde que había empezado el combate. Entre las máquinas de guerra élficas, que tanto daño les habían hecho a sus Inmortalez, tan solo quedaba un puñado de Orcoz Negroz; todos ellos con alguna herida de mayor o menor gravedad. La colina le permitía observar el campo de batalla, en el cual esperaba ver a sus Muchachoz divirténdose y matando Orejaz Puntiagudaz sin esfuerzo. Pero no era así, para su sorpresa la llanura en torno a las ruinas que habían intentado asaltar estaba repleta de elfos en formación, que avanzaban de forma ordenada hacia ellos. No entendía lo que ocurría, ni si quiera se veía a Bob dando garrotazos, como era habitual... tan solo estandartes blancos y azules En un esfuerzo por darle sentido a lo que ocurría, intentó reconstruir lo ocurrido en los últimos minutos. Había visto a los Altos Elfos de espadas grandes lanzarse contra sus Orcoz Zalvajez y, acto seguido, él avanzó contra los lanceros que le esperaban a pocos metros. A partir de ahí todo se había vuelto rojo furia, podía recordar la sangre y los gritos de todos los enemigos que se habían interpuesto entre él y aquella colina... ¡Ah, sí! Rememoró la frustración que había sentido al desafiar a combate singular a la líder de los Asur y contemplar como, ante sus ojos, era llevada por los lanceros que la escoltaban hasta las filas posteriores de la formación. Si hacía memoria, le había parecido observar que el yelmo de aquella elfita estaba abollado y que se tambaleaba de forma estúpida... sin duda el chamán orko había hecho de las suyas. Luego vino la retirada de la unidad de Altos Elfos y la carrera hacia la colina, bajo el fuego de los Lanzavirotes de Repetición. ¡Era imposible que ahora el campo de batalla perteneciese al enemigo! ¡Sus líderes habían sido derrotados! ¡¿Cómo podían seguir luchando con más determinación que la horda de Pielez Verdez?! Sin duda sus muchachoz no habían dado la talla en aquella jornada. Miró hacia la fortaleza en ruinas donde se escondía el campamento élfico, y maldijo para sí. Era un combatiente lo suficientemente veterano como para saber que la batalla estaba perdida... volvería a las montañas y hablaría muy detenidamente con la Horda, iba a asegurarse de que aquello no volviese a ocurrir.

Autor: Ximo Soler



Turno 1 elfos
Turno 1 orcos
Turno 2 elfo

Turno 2 orco












viernes, 9 de febrero de 2018

Final Fase 1: Contubernio de la destrucción

La fortaleza había sido abandonada hacía muchos años, estaba situada en un estrecho valle rodeado de frondosos bosques. El silencio que allí había reinado durante siglos se vio roto de forma brusca por la presencia de cerca de un millar de guerreros de distintas razas que allí se reunían y festejaban sus victorias o se lamían las heridas de sus derrotas; el torreón principal era una montaña negra de cascotes pero la plaza de la fortaleza estaba semiiluminada por la luz de Morrslieb, que brillaba en todo su esplendor.

-Ah... Es una buena noche para las conspiraciones y los planes ocultos… ¿No crees, mi amigo oscuro?

-No habláis como haría un Ogro, Yuggath… Pareceis -Dijo pensando sus palabras- otra cosa, no sabría qué decir…

-Ah pero es que soy algo más que un ogro… y algo menos también ¡Pero mirad! Aquí comienzan a llegar nuestros invitados.

Grimgor entró en la plaza, la luz de Morrslieb iluminó el semblante tallado en piedra del orco.

-Yuggazz, azí era como te llamabaz ¿No? Tuz Ogroz acaban de retar a miz machotez a un duelo de comer, ezpero que tuz Brutoz zepan lo que ze hacen, miz inmortales no zólo zon invictoz en la batalla.

-Pues han encontrado en los Brutos un rival a su altura, entonces. Espero que no haya heridos, gane quien gane.

-Tranquilo, la alianza sigue en pie, zi hay heridos ahora, habrán muertoz luego; miz inmortales lo zaben bien. En fin ¿Qué tripa ze le ha roto al elfillo? He oído que le zalió bien lo de matar a tuz primoz blancoz.

El elfo oscuro murmuró, molesto algo inteligible.

-Fue un placer matar a todos esos Asur, ciertamente. Imagino que el mismo placer que sentiríais al acabar con todos esos enanos… Unas bestias impresionantes esos… Guerreros tuyos, estoy seguro que remarían muy bien en una de nuestras arcas negras.

-¿Qué eztáz insinuando elfillo? Miz Machotez zon orcoz librez- Alzó a Gitsnik, amenzador- Ezo tenlo claro, ozcurito.

-Haya paz entre nosotros, ya habrá tiempo para repartirnos el botín luego. Mirad, ahí vienen el resto de nuestros aliados.

Ernuzhk Espadahumeante entró en la plaza junto con una pequeña guardia de soldados enanos, un aura oscureció la noche y el penetrante aroma del azufre invadió a los presentes.

-¿Qué haze eze aquí?- gritó Grimgor, colérico.- ¡No me dijizteiz que ezoz estaban en el ajo! ¡Taponez negroz azquerozoz! ¡Oz mataré con miz propiaz manos!

-Ya os lo decía yo Yuggath, estos orcos son unos animales primitivos y salvajes-Dijo Isgaard echando mano a la empuñadura de su espada- ¡Me agotas la paciencia bestia! ¡Debería acabar con tu miserable existencia!

-¡Ven aquí elfo de los cojonez! –Bramó Grimgor- a ver qué zabez hazer con eze picho que llevaz ahí.

-¡Guardad esas ansias de lucha para el enemigo! - dijo Yuggath, interponiéndose con todo su tamaño entre el orco y el elfo.

El enano gruñó, enseñando los dientes afilados y dijo:

-¡Que el Padre de la Oscuridad os entregue el cráneo de vuestros enemigos en bandeja! No es de mi agrado aliarme con un asesino de Dawi Zharr como tú, Grimgor. Pero el odio que nace en mí contra mis primos es más intenso que el desprecio que te ofrezco. Esta alianza es de nuestro agrado a pesar de tener que relacionarnos con estas razas inferiores. Aun así no os quepa duda que en cuanto todo esto acabe, todos seréis nuestros esclavos.

-No me gusta eso de razas inferiores, amigo bajito. He oído que os dieron una buena tunda allí abajo vuestros primos. –El humo del apestoso puro de Samuel Sime se impuso por encima del aroma a azufre de Ernuzhk cuando entró en la plaza junto con cinco de sus alabarderos.

-¡Que insolencia es esta! –Bramó uno de los guardaespaldas del Enano. –¡¿Cómo osáis hablarle así a nuestro señor Ernuzhk!?.

Ernuzhk alzó una mano, deteniendo a sus guerreros.

-Vuestra armada tampoco salió bien parada del encuentro contra los odiados Asur. ¿Acaso la inversión realizada en esta empresa ha sido insuficiente para vuestros… “Perros de la guerra”?

-Mis compañeros piensan que el cofre de oro que nos disteis es todavía un poco pequeño. Quizá otro más grande les motive un poco más a la hora de aguantar una carga de caballería elfa. En fin, extraña reunión amigos, no es por nada pero quisiera conseguir mi pequeña venganza cuanto antes y largarme de estas tierras para no volverlos a ver más. Así que ¿Cuál es el plan amigo elfo?

-Bien -Dijo el elfo oscuro. -ahora que estamos todos y que nos hemos repartido las consabidas muestras de afecto y cariño, este es nuestro objetivo.

El elfo desplegó con gesto teatral un extenso pergamino sobre una desvencijada mesa. Las extrañas runas brillaron dolorosamente al ser tocadas por la luz corrupta de Morrslieb y los rostros de los capitanes fueron iluminados por ellas cuando se inclinaron sobre el mismo.

-¿Veis? Está en la base, mucho más profundo de lo que creíamos.


Texto de Draughleth

sábado, 27 de enero de 2018

Ronda 1: Ejército de Grungtham el sabio (Enanos) VS Los Machotez de Grimgor (Orcos)

Grimgor se recostó en el trono que se había construido. Lo había moldeado a puñetazos con los restos del cañón órgano que tantos guerreros se había llevado por delante. Aún así estaba satisfecho, la carrera hasta los enanos había sido emocionante y ver a esa panda de desharrapados en taparrabos luchando contra los enanos... Bueno, realmente hacía tiempo que Grimgor no veía unos guerreros tan bestias y salvajes como esos. Recordó con sonrisa maliciosa cuando los Inmortalez encontraron a esa tribu de Zalvajez danzando alrededor de una piedra. Cuando vieron a los Orcoz Negroz, los Zalvajez pensaron que Grimgor y sus guerreros eran Diozez Orcoz. Grimgor preguntó a un orco de mirada bovina y perdida que denotaba que era el intelectual de la tribu y le preguntó dónde habían Taponez. El orco levantó una garra aturdido señalando una mina enana cercana. Grimgor lanzó un WAAAAAGH! tan potente que hasta a Bob el Hermoso se le pasó la resaca y empezó a correr con ellos.


Los enanos de la mina siempre habían mantenido a raya a esas bestias salvajes y mantenían una guarnición permanente que dio la alarma en cuanto comenzó a ver a Bob tirando árboles al suelo y el rugido de la tribu acercándose como una marea verde, imparable. Los enanos lanzaron la alarma y desplegaron a sus guerreros inmediatamente. Los Barbaslargas refunfuñaron cuando vieron que los Guerreros del clan tardaban medio segundo de más en desplegarse y los Ballesteros aprestaron sus armas. Grungtham el sabio se unió a sus guerreros y los animó a defender la explotación minera en la que trabajaban y en los beneficios y el honor para sus familias que les reportaría. Los enanos vitorearon cada disparo del cañón y cada salva del cañón de salvas. Pero sus rostros cambiaron a una expresión de horror cuando vieron que era imposible detener esta extraña mezcla verde de huesos, armas de piedra y extrañas armaduras pesadas y hachas de hierro. Los orcos no se detuvieron y cargaron salvajemente a los enanos. Bob el Hermoso lanzaba enanos a diestro y siniestro y Gitsnik relucía, roja y brillante con la sangre enana.

Texto de Draughleth

Victoria del bando de la destrucción 1.015-695






Y el marcador en esta segunda partida de la primera ronda: 




martes, 23 de enero de 2018

Loz Muchachoz de Grimgor

Personajes
  •  Grimgor Piel'ierro: 365 puntoz
    • Gitsnik
    • Koraza de Grimgor
  • Gimlug Pateakuloz, Gran jefe orco zalvaje: 150 puntoz
    • Gran machacadora de Basha
    • amuleto ámbar
  • Snagla el rabiozo, Chamán orco zalvaje: 110 puntoz
    • Nivel 1
    • Rebanadora
    • Garabatoz magikoz


Básicas
  • Krujehuezoz, 19 Orcos zalvajez: 196 puntoz
    • Rebanadora y rebanadora adizional
    • Grupo de mando

  • Huezudoz, 19 Orcos zalvajez: 196 puntoz
    • Rebanadora y rebanadora adizional
    • Grupo de mando

Especiales
  • Loz Inmortalez, 19 orcos negros: 278 puntoz
    • Armadura pesada
    • Escudos
    • Grupo de mando
Singulares


  • Bob el hermoso, Gigante: 200 puntoz