lunes, 30 de marzo de 2026

Los Gnoblars de Robelloncio el Oxidao

Los Gnoblars de los Reinos Mortales son unas criaturas tristes y mezquinas que no valoran nada y que viven vidas cortas y violentas. Es bastante habitual que estas criaturas desgraciadas se junten en pandillas relativamente grandes con el objetivo de convertirse en un grupo de matones lo suficientemente fuerte como para apalizar a los Gnoblars más débiles en grupo y sin que haya consecuencias.

Esto los Ogros lo permiten e incluso potencian porque consideran que los líderes de estas bandas ayudan a mantener al resto bajo el estrés suficiente como para que la raza entera sea servil y llena de peleas internas. Estos grandes matones crean intrincadas redes de favores y contactos dentro de la sociedad Gnoblar y mantienen una red de comercio tanto de favores como de objetos brillantes. Estas redes se parecen sospechosamente a las redes mafiosas de los bajos fondos de las Ciudades de Sigmar solo que con mayores niveles de crueldad, violencia y miseria.

La banda de Robelloncio el Oxidao es una de estas bandas, los Ogros en tiempos de paz dejan a su aire a estas pandillas que se maten entre ellas mientras no molenten pero cuando los tambores de guerra suenan los Ogros cogen de la oreja al líder o líderes y fuerzan a reunir a sus tropas para usarlas en batalla.

Parecen débiles e insignificantes, y en cierta medida lo son. Pero son el estrato social de la sociedad Gnoblar mejor preparada para arrancarle la cara a un soldado Portamanecer con las manos y eso los Ogros, lo valoran.

Robelloncio el Oxidao es el líder de una de estas bandas de degenerados, como líder es extraordinario pues lleva ya unos tres años en el cargo y eso es más de cinco veces el tiempo que uno de estos Jefezillos suelen aguantar en el cargo. El secreto está en que su segundo al mando, Grucheto el Narizotas es un gnoblar extraordinariamente inteligente ya que dirige la banda en la sombra haciendo creer a todo el mundo que es Robellonzo el que manda.

En realidad todos saben que Robellonzio es un pelele y que el Gran Jefezillo es Grucheto pero como todos los Gnoblars son igual de trameros todos se creen que tienen el secreto de la banda y que son los únicos que lo han descubierto, por tanto nadie disputa a Robelloncio porque es el Gnoblar marcado por el Déspota de la Tribu como su Gnoblar personal y eso les otorga beneficios y nadie ataca a Grucheto porque se piensan que todavía no está en una posición débil así que todo se mantiene en un equilibrio precario como un castillo de naipes sostenido por mentiras, malentendidos y conspiraciones a medio cocer.

En la tribu la pandilla de Rovelloncio se encarga de “mantener el orden” pavoneandose por entre las chabolas llenas de basura y vigilando que nadie se pase de la raya, también se encargan de que todos los Gnoblars paguen una parte de lo afanado a los pueblos cercanos si no quieren ver sus escasas posesiones destruidas por los matones de la banda. Esto es lo que se dicen a sí mismos pero en la realidad se traduce en que si ven a algún otro Gnoblar con algún objeto brillante de más se ocupan de él entre cuatro y se lo roban como regalo al jefe.

En batalla estos “feroces” guerreros se agrupan en peñas lo suficientemente grandes como para atacar por la espalda a un puñado de humanos despistados que se hayan quedado solos y en cuanto se les hace frente huyen como ratas. Donde brillan en realidad es poniendo trampas, son unas criaturas retorcidas y maquiavélicas que disfrutan con el dolor ajeno. Aunque más rudimentarias y menos imaginativas y potentes que las trampas de los Mandamaloz, las trampas de estos Gnoblars son igualmente crueles y suficientemente dolorosas como para incapacitar a un robusto guerrero Kharadron. Estas trampas son sencillas y fáciles de montar y han aprendido a prepararlas y usarlas en el campo de batalla principalmente porque eso les hace valiosos bajo la perspectiva de los Ogros sin tener que mirar al enemigo a los ojos.

Como les ocurre a todos los Gnoblars, Grucheto el Narizotas surña con un día poder eliminar a Robelloncio y convertir a su panda de matones en una verdadera fuerza exterminadora de ogros que vengue su situación de esclavitud. Su sueño algún día es formar un auténtico ejército de desharrapados Gnoblars que luche bajo su eztandarte, un eztandarte sucio y raído que guarda doblado bajo el montón de paja sobre el que se arrastra todas las noches. Este estandarte es en realidad una manta vieja y apestosa de un mercader humano que intentaba cruzar las montañas y que encontró un destino cruel al fondo de un despeñadero. Ningún Ogro entendió que aquél trapo sirviera para algo y le dejaron que se lo llevara.