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lunes, 6 de julio de 2020

Dramatis personae: Megara Therion


Llamada La Bestia de Mar Devónico. Una salvaje Marine espacial líder de la banda de guerra llamada la Legio Devónica. El nombre es conocido en el subsector Turia aunque poca gente sabe dónde se ubica ese mar o a qué hace referencia. Los cultos heréticos difunden su nombre y anuncian los actos de piratería y rapiña por todos los planetas del sistema. Megara Therion es una guerrera terrible que suele luchar embutida en una antigua armadura de Exterminador con dos garras aceradas que mueve a una velocidad totalmente antinatural.


Como líder es respetada por su Legión y su palabra es escuchada junto a la del resto de Señores del Caos, un rasgo muy llamativo es que suele celebrar banquetes y fiestas en su barcaza de guerra con abundante comida y bebida que comparte incluso con los desgraciados y desafortunados adoradores del caos que suelen utilizar de sirvientes. En la batalla, Megara suele lanzarse de cabeza junto a su escuadra de Marines juramentados en armadura de exterminador. Cuando no está de saqueo o de batalla contra los esbirros del Falso Emperador suele buscar planetas salvajes en los que practicar su pasatiempo preferido, la caza de bestias terribles. Megara suele internarse durante días o semanas en las densas selvas o desiertos ardientes en busca de los monstruos más terribles con los que se pueda encontrar. Una vez allí intenta someterlos a su voluntad por la fuerza y si son animales indómitos que no pueden obedecer procede a su caza de forma implacable y cruel.


Cuando practica estas cazas salvajes su mayor placer es encontrar bestias tan enormes y salvajes que sea necesario el uso de su armadura Exterminador para luchar contra ellas. Uno de los relatos siempre aclamados en los banquetes celebrados en la Barcaza de guerra es cuando se enfrentó a las Salamandras de lava en el planeta Tully, durante la pelea Megara cayó en una grieta repleta de lava y emergió por su propio pie gracias a la potencia de la armadura para acto seguido lanzarse sobre el lomo de la Salamandra y cabalgarla durante días hasta que el animal admitió la montura.


Le acompaña la escuadra Venator, una escuadra de cinco Juramentados en armadura de exterminador que la acompañan a la batalla. Estos guerreros y sus armaduras han aparecido repentinamente en el sistema Turia II debido a la aparición de la Cicatrix Maledictum y han protagonizado actos violentos por todo el sector. La lealtad a Megara es total debido a su cercanía, a la lealtad que ofrece en respuesta la propia Megara y a su propensión a contar historias de sus batallas en opíparos banquetes. La preferida de muchos es una en la que cuenta cuando una vez, estando en el Ojo del Terror Megara le propinó un rodillazo tan fuerte a un demonio de Tzeentch en la cara que su esencia se incrustó en la pieza de armadura. Debido a ello la armadura de Exterminador de Megara posee una cara maligna que parlotea y ofrece consejo a su portadora. También distrae enemigos y confunde la mente de los que están alrededor aunque Megara conoce el nombre real del demonio y mantiene extremadamente limitado su poder.



jueves, 24 de enero de 2019

Dramatis personae: Pegomastax

El marine estaba desnudo, arrodillado en el centro del círculo recitando el ritual, su piel amarilla brillaba de sudor por el esfuerzo. Los pedazos de armadura descansaban en orden apoyados en una roca, los ojos del yelmo picudo miraban hacía el vacío cielo del planeta mientras el pequeño sol giraba a su alrededor a gran velocidad.

Una vez las palabras pronunciadas fueron lanzadas al inmisericorde vacío disfrome, el aire alrededor del guerrero se torció, se dobló sobre si mismo e hizo una pirueta, un pico lleno de un millar de pequeños dientes cónicos y afilados habló con cuatro voces a la vez:


Marine táctico leal trasformado en caótico, el brazo del arma de mano es de los Hombres Lagarto y el de la pistola es de los enanos de Warhammer Fantasy, la tela de la pierna es masilla verde y el engranaje de la peana de un tippex.


-¿Me llamarás Pegomastax? Habré escuchado tu llamada? Decías ¿Que deseaste?

-Te saludo, Anseris bienvenido al plano mortal, ha pasado ya el tiempo que hablamos ¿Has conseguido aquello que prometiste?

-Si, si... lo haré, tuve aquí mismo el objeto. ¿Quisiste verlo?

-El círculo que me protege está listo, no quiero que lo traspases pero el arma puede hacerlo siempre que no hayas traicionado tu promesa.

Imprimado en rojo Khorne y pintado con los colores de un capítulo leal, según el trasfondo que estoy creando son los restos de una legión leal que ahora sirve al caos y algunos de los guerreros visten o bien los colores de su capítulo original o armaduras rapiñadas de los emigos caídos.


El demonio pareció ofendido, o lo intentó. Había tenido pocos contactos con humanos y los conocía menos de lo que él alardeaba. Pegomastax advirtió que el demonio en realidad estaba complacido por la reticencia a confiar en él, la sospecha de una traición es motivo de regocijo para este tipo de demonio.

-¿Te hube traicionado yo alguna vez? Me pedirás un arma porque pierdes tu la tuya en aquél planeta cuando luchas contra tus hermanos pero yo hubiera cumplido mi promesa pero entonces...

-¡Basta! -Dijo Pegomastax alzando una mano, irritado. Ya era bastante complicado seguir la cháchara de este tipo de demonios y era aún peor cuando era uno de esos que no comprendía el concepto del tiempo y utilizaba mal los tiempos verbales. Las cuatro voces callaron.

-El arma, enseñamela.



La armadura está pintada al estilo Ultramarine, aunque los brazos amarillos y escamosos y los tatuajes dejan claro que es un sirviente del caos. Puede que sea un Ultramarine caído en el caos o un guerrero que mató a un Ultramarine y se puso su armadura.


El pico del demonio, de una coloración metálica similar al oro se torció en un gesto emplumado y el aire se solidificó en forma de pistola a los pies de Pegomastax. El artefacto era pequeño, mucho más que un bólter, estrecho y lleno de engranajes. Parecia arcaico y rudimentario, casi un juguete al lado del ruidoso bólter. Publius sorprendido miró con desprecio el pequeño juguete que yacía a sus pies.

-Se lo quito de las frías y muertas manos a un guerrero contra el que lucharemos. Será un poco más bajo que tu, con un largo pelo en la cara. Sorbería su alma y derribó sus fortalezas en las montañas es un plato delicioso. Hube mejorado su arma. Ahora fue mas potente.

Con suspicacia el guerrero cogió el arma que le tendía el demonio. El Espíritu máquina de su bólter había sido corrompido hacía mucho y el Caos no siempre favorece con sus mutaciones, perderlo fue perder el último hilo que lo sustentaba al Imperio al que sirvió antaño. No obstante, la Guerra Eterna sigue rugiendo a su alrededor y un Guerrero Astartes no es nada sin su arma. El Mechanicum oscuro le habló de una entidad disforme que podría proporcionarle un arma en condiciones. Cogió la pequeña pistola con cuidado, lamentando la posibilidad que el demonio le estuviera colando una baratija y temiendo que el demonio le hubiera engañado o que era tan idiota que no comprendía lo que le había pedido.

El arma no era un bólter, desde luego y su forma y ergonomía no estaban hechas para la mano de un astartes sino para alguien mucho más bajo y pequeño. Aún así, comprobó si tenía munición, en su interior había una pequeña bola de metal que parecía un proyectil sólido arcaico, amartilló con el dedo y apuntó a una roca enorme que había a unos metros de distancia. El disparo sonó débil, como un pequeño petardo como los que lanzaban los niños en las celebraciones de su antiguo planeta de origen. La roca estalló como si hubiera implosionado una granada dentro. Impresionado por la explosión, el marine miró el arma, sorprendido.

Será un Marine espacial del Caos en mi banda de Kill team, es el primero de mi banda que pinto e irá armado con una espada sierra y pístola bólter.


-Hago unos apaños en el arma. Disparó mucho mejor que en manos del pequeño guerrero.

-¿Qué tipo de munición lleva?

-¿Que fue munición? -Preguntó con interés el demonio, parecía no comprender la palabra.

Publius miró otra vez el arma ignorando al demonio, volvía a haber una pequeña bola de metal lista para disparar. El arma parecía estar modificada por el demonio y dispararía siempre igual. Estaba bien, le valía.

-Bueno, me gusta ¿Qué pides por el arma?

-Nada, poderoso Publius, para ti será gratis -Dijo con evidente malicia- solo quise llevarte la muerte a tus enemigos.

El pico dentado hizo un amago de sonrisa intentando parecer alguien en quien confiar, gorgoteando de forma horrible. El demonio no engañaba a nadie. Pegomastax se preocupó. Estaba convencido de que esto le iba a salir muy caro.

domingo, 7 de enero de 2018

Dramatis personae: Thorgroth Mataenanos, Señor de la Torre y el Rayo

Khal Thorgroth Mataenanos, Déspota de la Torre y el Rayo, Señor de los Brutos de Gorgo, Capitán Mercenario de las Espadas de Vogadd el Puño, La Torre que Camina. Son algunos de los nombres que hace decir a sus emisarios Gnoblars cada vez que tiene que presentarse en algún sitio. Thorgroth es un Ogro especialmente alto. Más que la envergadura de su tripa (Como suele ocurrir en los líderes ogros, lo que hace especial a Thorgroth es su altura. Es especialmente alto para ser un ogro y eso ha hecho que uno de los motes que le han acabado poniendo sus congéneres es el de La Torre que Camina. Físicamente, Thorgroth sobresale más de una cabeza por encima del resto de ogros y eso, según los místicos ermitaños de las Montañas de los Lamentos es un signo de un ogro con madera de líder y destinado a grandes cosas.
Miniatura de Thorgroth, la pieza de armadura está modelada con masilla verde, al igual que la capa de piel de dragón que lleva a la espalda. Le modelé la armadura de forma que fuera tan alto como dice el trasfondo. Disculpad la calidad de las fotos.


Thorgroth nació en los Reinos ogros, en uno de los profundos valles entre las montañas pocos años antes de que Grasientus Dientedeoro ascendiera al poder. La madre de Thorgroth era la gobernante de el pequeño clan  que vivían tranquilamente desde hacía miles de años en las Montañas. Fhoin la giganta gobernaba con puño de hierro ogro a apenas unos cincuenta ogros que se sabían descendientes del héroe mítico Gorgo el Bruto, de quien se decía que luchaba con una enorme porra, tan grande como un ogro adulto y que guió a su pueblo a un nuevo hogar en las Montañas a través del cataclismo provocado por el advenimiento de las Grandes fauces. Cuando Grasientus ganó mediante la violencia y el chantaje el poder como Déspota supremo, envió mensajeros a todas las tribus para que le rindieran pleitesia. Fhoin la giganta, no estaba de acuerdo con el reinado de Grasientus ya que los impuestos que exigían acabarían con lo poco que la cruda tierra donde vivían les proporcionaba. Ella misma mató y devoró al mensajero y, sabiendo como eran una tribu muy pequeña y poco importante, Grasientus no repararía en ellos. Por desgracia, las tribus de alrededor, con quienes el clan comerciaban a veces y tenían amistad; aceptaron los tributos de Grasientus y este, que no quería dejar cabos sueltos preparó un plan de castigo a todas aquellas tribus, grandes o pequeñas que no aceptaran sus abusivos impuestos.



Una de las leyendas sobre Gorgo el Bruto dice que mató a un Dragón de hielo con sus propias manos y luego se vistió con él. Todos los Déspotas de la tribu de los Brutos de Gorgo han llevado una capa con piel de reptil y Thorgroth también la lleva. 


Fue, como todo lo que hace Grasientus, desproporcionado. Una noche sin luna, unas semanas después del festín del mensajero, una batería de unos diez Escupehierros fue apostada en uno de los barrancos próximos al poblado en el más completo sigilo. El bombardeo duró cinco minutos pero al acabar, el valle era una planicie de escombros y roca. Habían disparado a la montaña de enfrente del poblado provocando una avalancha enorme que lo destruyó por completo. Thorgroth por fortuna, estaba de caza con unos compañeros ogros siguiendo la pista de un Gruñílope salvaje excepcionalmente grande y cuando volvió y vio la desolación provocada por los bombardeos, se derrumbó. Muchísima gente piensa que los ogros son bestias brutas, sin lealtad para con los de su familia, ni los de su especie, que en la vida de un ogro lo único que hay es comer sin mesura y luchar sin mesura. No es cierto. Los ogros valoran la fuerza por encima de todo y son capaces de devorar hasta sus propios padres o hijos. Pero los ogros aman, como casi todos los seres vivos que no han sido corrompidos totalmente por el Caos; y hay toda una compleja sofisticación en el acto de devorar. Un ogro puede devorar a un padre o un padre a un hijo. La vida y la muerte en las Montañas es dura, y los ogros han tenido que ser más duros aún. Pero un familiar puede devorar a otro familiar o a un amigo o a alguien respetado de forma que honre a la memoria del devorado, se considera una muestra de respeto y honor. Y Thorgroth respetaba y honraba a su clan y a su madre y hermanos, en términos humanos, aunque pudiera haber acabado devorando a su madre por el reinado, lo hubiera hecho con todos los ritos y honores que merecía. Thorgroth, habiendo perdido todo lo que había en su vida, juró que no volvería a las Montañas de los Lamentos a menos que fuera para arrancarle la cabeza de los hombros a Grasientus.



Thorgroth junto a Vogadd el Puño y uno de los mercenarios ogros, le saca una cabeza al viejo ogro y dos a un ogro de talla normal. 

 

Huyó con diez de sus cazadores sobrevivientes a Truequedecerdos y allí se vendieron como mercenarios a sueldo vigilando las caravanas que volvían de la ruta del marfil y se dirigían al Imperio. Todavía era muy joven incluso para los estándares ogros, pero su altura (que ya era destacable a corta edad) le hacía aparentar mayor. En el Imperio conoció a Vogadd el Puño y a sus espadas, una pequeña compañía mercenaria liderada por un viejo ogro que lo acogió y que le enseñaron todo lo que sabe. En sus viajes por el ancho mundo Thorgroth vivió como un exiliado, sin hogar, sin pasado y sin futuro conoció a muchos ogros por el mundo, mercenarios y descastados como él mismo. Con su habilidad para la guerra y sus dotes de mando, las Espadas de Vogadd crecieron en número de ogros. Gente sin tribu o ogros cuya tribu salió de las Montañas hace mucho tiempo y se estableció en otros lugares.

El reino ogro más grande está en las Montañas de los Lamentos, pero hay más reinos ogros fuera de las Montañas que dentro, lo único que pasa es que se encuentran diseminadas por el mundo y con poca conexión. Grande es también el número de ogros que hay en los ejércitos de todo el mundo y muchas historias sobre quienes son y porqué están donde están. Una de las más extrañas que ha oído Thorgroth es que Los Brutos de Gorgo siguen viviendo. No murieron todos en la avalancha que destruyó su clan. Por lo visto se cuenta por los pequeños distritos ogros que hay en algunas ciudades del Viejo Mundo que varios siglos atrás, una disputa entre hermanos Gorgos (como se suelen llamar a sí mismos) hizo que la mitad del clan abandonara las Montañas y se establecieran en otro sitio. Los mercenarios rara vez son precisos o concretos en sus descripciones y Thorgroth lleva ya varios años de búsqueda de sus primos desaparecidos. Los últimos rumores dicen que ha oído hablar de un asentamiento ogro en Skeggi que se hacen llamar Gurgos, Gargos o Gorgonitas o algo por el estilo... O por lo menos eso fue lo que dijo aquel Estaliano borracho antes de que Thorgroth le reventase la cabeza como un melón... ¡El flaco no era capaz de decir nada que fuera de utilidad!



Uno de los dos Gnoblars de la suerte que sirven a Thorgroth como ayudantes y como emisarios. La espada que lleva era la espada de un Señor del Caos de Khorne a quién Thorgroth mató de un puñetazo en la cara (destrozando su cráneo en un millón de esquirlas diminutas de hueso). Dio su espada a Robelloncio el Oxidado, su Gnoblar de la suerte más leal. Esa espada ha acabado clavada en la espalda de mucha gente que quería ver a Thorgroth (o al propio Robelloncio) muerto.