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martes, 8 de mayo de 2018

5.4. Ejército de Grungtham el sabio (Enanos) VS Los Brutos de Grogo (Ogros)

Jutonhëim siempre había amado las explosiones y las tormentas, tal vez le gustaba el estampido de los cañones porque le recordaba al estruendo de los truenos en las montañas, pero condensando todo ese poder desmesurado en un único y potente instante. Su viejo siempre le había dicho que, con la munición de artillería suficiente, se podía matar hasta a los mismos dioses... Pero creció y maduró lo suficiente como para saber que las cosas no eran tan fáciles, no se podía derrotar a los poderes de la destrucción a cañonazos. Sin embargo, era muy probable que el cascarrabias de su padre, con sus historias, hubiese sido el culpable de que él acabase trabajando como ingeniero de los trenes de artillería de Barak-Varr. Y ahora se encontraba allí, en aquel glorioso día en que los cañones enanos desataban la destrucción sobre los enemigos de su hogar; tal vez no fuesen dioses, pero aquella marea de ogros –grandes como torres– había convertido su carga masiva en una huida hacia delante gracias al incesante martilleo de sus proyectiles del calibre cincuenta y dos. El cañón órgano que tenía a su lado volvió a rugir, con las bocas de acero humeantes y al rojo vivo, mientras hacía aún más densa la humareda blanca que cubría las filas enanas. Jutonhëim aspiró hondo y sonrió, seguro de que a su viejo le habría encantado estar allí.

–¡Me encanta el olor de la pólvora por la mañana! –exclamó mirando a las filas enemigas– Huele... ¡Huele a victoria!

Sus artilleros rieron mientras preparaban la siguiente carga de munición con la que alimentar al cañón mientras, bajo su posición, lo que quedaba de la marea de ogros conseguía chocar contra el duro muro de escudos enanos. El enemigo luchaba con un salvajismo difícilmente igualable, pero no era nada para lo que los enanos no estuviesen preparados. Mientras la sangre y los miembros saltaban de un lado a otro, Jutonhëim vio como una gargantúa salía de su madriguera subterránea y empezaba a despedazar a la dotación del cañón que había junto a ellos. Ordenó girar al órgano hacia la bestia y levantó el brazo, preparado para dar la señal de disparo; tal vez su viejo no tuviese razón, no se podía matar a cañonazos a un dios... pero con la suficiente munición podía reducir a astillas cualquier otra cosa, por muy grande que fuera. 


Autor: Ximo Soler



















lunes, 30 de abril de 2018

Final fase 4 Contubernio del mal

-Ven, acércate mi pequeña criatura. Infórmame de los avances ¿Por qué la Torre no ha caído todavía? ¿Hay retrasos? ¿Resistencia? ¿Los generales que elegiste no han sido los campeones que esperábamos? Los elegiste personalmente y tú mismo te encargaste de que tuvieran... la motivación necesaria… ¿Acaso nos han traicionado? ¿Acaso… me has traicionado?

Dejó que las palabras cayeran, amenazantes sobre la pequeña criatura que se encogía frente a sus pies. Cuando la misma dejó de temblar y susurrar, una pequeña voz susurró.

-Los Asur y los Dawi han… han unido fuerzas… no esperábamos que fueran tan poderosos…

-¿¡Esos perros!?- La voz reverberó a través de las nieblas gris azulado que los envolvían- ¿No estaban matándose entre ellos al otro lado del mundo?

La pequeña voz tardó un poco más en dejar de temblar y sollozar esta vez.

-Mi señor, eso ocurrió… quiero decir, hace… miles de años de aquello… debería usted recordar…- jadeó la figura.

-¡Silencio gusano! Es cierto… -Reflexionó olvidando a su sirviente- El tiempo de este lugar me deshace la mente. –Pareció dudar unos momentos- Esa guerra está en el pasado, y en mi futuro… - Una ráfaga de dolor cruzó su rostro.- ¡Maldita sea esta prisión! ¡Esclavo!

Entre jadeos entrecortados la figura consiguió articular:
-¿Si, mi señor?

-Háblame, cuéntame quiénes son nuestros generales, dime quién puede ser el que nos está traicionando. ¿Cómo te presentaste ante ellos? ¿Cómo es que te siguieron a ti, una pequeña y horrible criatura a esta campaña catastrófica. ¿Cuántos de ellos conocen nuestra existencia? ¿Cuántos saben… de mí y de mi propósito?

-Maestro, ninguno sabe nada de vos, ni vuestro nombre, como pidió… Salvo… El Dawi Zharr sabe que sirvo a otro… Y dedica plegarias, ritos y sacrificios al Toro de fuego en su honor. Me presenté en el Templo al Gran Tauro y pedí un voluntario para mi señor. Ernuhzk se ofreció voluntario y le entregué una copia del mapa para llegar hasta aquí.

-Sabes que aquí ni debes pronunciar el nombre del Gran Tauro, ni ninguno de los otros… Ves con cuidado gusano, pues ni siquiera fuera de este lugar deberías mancillar sus nombres con tu vil lengua… Así pues el Dawi Zharr parece el más entregado a la causa… Continúa.

-Las elfas brujas me acogieron cuando me presenté como un viajero que venía del norte… Me agasajaron y me trataron como a un rey, fingí quedarme dormido por el dulce veneno que habían echado en mi copa nada más entrar en su templo y dejé que me cortaran el cuello y me robaran el pergamino. Sabía que tarde o temprano informarían a su príncipe del hallazgo y este, ansiando la fama y la fortuna para sí mismo, falsificó la firma del mismísimo Rey Brujo y huyó con su ejército de Naggaroth. Ahora mismo pesa sobre él una condena a serle arrancada el alma del cuerpo. Nadie corre riesgos así si no está convencido de lo que hace. Cree que volver con un tesoro que poner a los pies del Rey Brujo le concederá el perdón y la vida.

-Un Asur avaricioso y traicionero… Lo que me faltaba por ver- Exclamó, burlón la gran voz.

-El rey orco no nos adora, ni nos rinde culto. Esas bestias no adoran más que la fuerza y la violencia. EL mapa cayó en manos de una tribu orca que estaba en el camino del kaudillo más poderoso en nuestros días. Afortunadamente es uno de los pocos kaudillos que sabe leer aunque tenga que seguir las palabras con el dedo y mueva los labios mientras lo hace. La alianza fue más compleja, fue necesario el ogro para ella.

-El Orco nos ha dado victorias, pero hiciste mal en escogerle y te castigué por ello. Su destino es más grande que esto y no nos dará la victoria de buen grado. Es el eslabón frágil de nuestra alianza pero no es el traidor, no conscientemente, al menos.

-El Ogro fue necesario. Lo encontré en las Montañas del Este y me lanzó sus monstruos contra mí. Su tribu lo venera así que tuve que ganarme su confianza y enseñarle secretos… Sabe… Sabe que le sirvo… Pero no le he dicho su nombre… Y sabe que el artefacto es de gran poder. Para que funcionara la alianza conseguí que medio mapa cayera en sus manos por medio de un mercader de la Ruta de la Seda y mediante sueños sugerí que la otra mitad estaba en manos de Grimgor. Nadie ha vencido a la bestia así que el brujo ogro optó por la alianza.

-El brujo ogro sabe mucho, por lo que me estás contando… ¿Lo ha contado al resto de generales? No contestes gusano, no creo que lo haya hecho… Si es inteligente no confiará en ellos… Aunque si lo fuera tampoco debería haber confiado en ti… En fin ¿Y el humano? Los humanos siempre han sido buenos peones en nuestras guerras y sirven gustosamente, lo quieran o no… ¿Esta pequeña marioneta juega bien al juego?

-Durante años le he seguido y he guiado no pocas veces su fortuna, a pesar de eso no me conoce apenas. Tiene cuentas pendientes con uno de los Asur pero su corazón no nos pertenece así que luchará hasta donde el oro llegue.

-Es el que menos nos conoce, eso está bien… ¿Y cómo están ahora?

La pequeña criatura había dejado de temblar mientras hablaba y su voz había tomado un tono firme al hablar de sus logros y su trabajo. La pregunta hizo que los ojos de la gran criatura azulada se fijaron en la pequeña y sintió derretirse ante el poder y el odio que irradiaba desde su plumaje iridescente. Los temblores volvieron.

-El ta- tablero está dispuesto, mi señor… -Se arrodilló- Los ejércitos están desmoralizados pero aún tienen fuerza y poder… Si toman la torre al asalto todavía pueden acabar con la resistencia. Pe-pero en cuanto entren en el asedio perderán nuestro favor y no podremos protegerles. Son guerreros poderosos pe-pero puede que mueran, señor. Lo sabe… Van a a-atacar una vez. Que-queríamos un asedio prolongado y matarlos de hambre… Pe-pero va a tener que ser un ataque total a la torre.

-Bien lo sé, y va a ser sangriento y brutal. Los Dioses nos abandonaron a nuestro destino… Y ese destino está ahora en manos de meros mortales, inconscientes de lo que les aguarda bajo el Velo.


Texto: Rafa Doñate

domingo, 29 de abril de 2018

Final de fase 4 Concilio del Orden

Lieredan hinchó el pecho con orgullo, mientras veía avanzar las columnas de Elfos y Enanos hacia el interior del valle. Si su padre pudiese contemprarles, seguro que se sentiría orgulloso de que formase parte de las falanges de lanceros Asur que ejercían de columna vertebral élfica en aquella campaña. Sin embargo, no estaba segura de qué pensaría si supiese que, a tan solo unos metros de distancia, un férreo grupo de ballesteros enanos marchaban junto a ella. Los tiempos cambiaban, pensó, y muchas cosas también lo harían cuando la Guerra de Tor Tal-Harin –como empezaban a llamarla los soldados– llegase a su fin. Sin embargo, ocurriese lo que ocurriese en el futuro, Leredan siempre podría decir con orgullo que ella estuvo allí, luchando contra enemigos de todos los rincones del mundo, y que su escudo siempre había resistido.

Un grupo de mensajeros a caballo pasó al lado de su unidad, como empujados por la brisa marina, hasta el frente de la columna, donde la Almirante Finulein y su alto mando compartían la caminata de sus soldados. Empezaban a correr muchos rumores sobre ella y el resto de comandantes de la alianza, aunque era difícil diferenciar los que eran verdad de las exageraciones o, también, los que eran pura fantasía. Fuese como fuese, cada noble y cada plebeyo que combatía en aquella inhóspita tierra tenía la seguridad de estar participando en algo grande para Ulthuan, una victoria como la que no se veía desde que los ejércitos del Caos se estrellaron contra los muros de Middenheim... aunque bien es cierto que la hueste no estaba comandada por Teclis y que sus enemigos no estaban a la altura del Señor del Fin de los Tiempos, aunque lo cierto es que no había habido conflictos a gran escala desde entonces. En los últimos trece años, a excepción de sucesos como el último intento fracasado Druchii de invadir Ulthuan, el mundo se había visto envuelto en una extraña calma, como si hubiese necesitado recuperarse de aquella tormenta.

Sin embargo, se rumoreaba que las cavernas que había bajo Tor Tal-Harin contenían un secreto ancestral... de la época en la que los dioses caminaban sobre la Tierra y Aenarion era un joven viajero en un mundo donde no existían el mal ni la corrupción del Caos. Si eso era cierto, ¿qué podrían descubrir? Los adeptos que trabajaban intentando acceder a esos secretos hablaban poco, pero lo hacían, y aquí y allá se habían ido filtrando ideas, noticias y temores: los comandantes habían ordenado apostar una batería fortificada de artillería enana y a los mejores guerreros de los que podían prescindir en la campaña, pues se habían escuchado extraños ruidos al otro lado de la puerta. Si allí dentro había algo hostil iban a estar preparados, aunque debía reconocer que sentía cierto alivio de no haber sido destinada a la guarnición subterránea.

Los cuernos y trompetas sonaron y las huestes respondieron de forma ordenada, llegados a ese punto los diferentes ejércitos se movilizaban en direcciones distintas para encarar a un enemigo que se encontraba disperso por el territorio y desorganizado. Lieredan volvió a sonreír, confiada en lo que le depararía el futuro; el sol brillaba sobre el firmamento, los estandartes ondeaban al viento y la alianza entre Enanos y Altos elfos marchaba a la batalla.

Autor: Ximo Soler


domingo, 15 de abril de 2018

Ronda 4.4 Príncipe Lindir (Altos elfos) y ejército de Grunghtam el sabio (Enanos) VS Muchachoz de Grimgor (Orcos) y Ernuzhk Espadahumante (Enanos del Caos)

De nuevo, sin saber exactamente cómo ocurría, Ernuzhk contempló con ira cómo la batalla se volvía en su contra. Mientras él y sus guerreros marchaban al combate lo más rápido que podían, tenía que observar con impotencia como ese maldito orco negro se estrellaba contra el enemigo en el flanco derecho, sin esperarle, atacando por su cuenta. Sabía perfectamente que Grimgor le odiaba y que le había sido difícil olvidar su pasado como esclavo en las oscuras minas enanas del Este, pero también era consciente de que era lo suficientemente buen guerrero como saber que era un suicidio lanzarse de esa manera, sin esperarle, contra el muro de lanzas y artillería que sus enemigos habían alzado. Gritó y maldijo, invocando al Padre de la Oscuridad para que hiciese caer su venganza contra aquel piel verde estúpido. Frente a él, el retumbar de los corceles élficos le alertó de que la marea resplandeciente de Caledor se cernía sobre ellos y decidió que, mientras él viviese, ninguno de sus enanos iba a morir por la estupidez de un orco. Dibujó runas en el aire, invocando a los poderes oscuros que viven en las entrañas de la tierra para que les envolviesen con el manto protector de una nube negra; unos minutos después, empujada por un viento fresco del mar, la humareda mágica se dispersó y descubrió una llanura vacía allí donde antes estaban Ernuzhk y sus soldados. Desde algún lugar lejos de allí, el Enano del Caos esperaba que Grimgor muriese en aquel enfrentamiento perdido al que él mismo se había lanzado, aunque intuía que no sería tan fácil deshacerse de aquel incómodo aliado.

Autor: Ximo Soler

domingo, 1 de abril de 2018

Final de fase 3: Concilio del Orden


Ashtroz cabalgaba acompañado de sus oficiales a través de la calle principal del enorme campamento de campaña, ansioso por llegar a la gran tienda en torno a la que se organizaban los ejércitos aliados. Allí donde ponía sus ojos veía cómo la línea invisible que separaba a Asur y a Enanos se iba desvaneciendo, una realidad impuesta por las necesidades de la guerra y que no estaba seguro de si le agradaba. Su padre cayó luchando en la Guerra de la Barba y, pese a que no existía ninguna duda al respecto de su profesionalidad y su sentido del deber, había esperado que aquella alianza hubiese quedado en lo meramente obligatorio. Sin embargo, y que Caledor el Impetuoso les perdonase, ambas razas habían comenzado a relacionarse más allá de lo impuesto por sus oficiales. Con estos pensamientos en la cabeza desmontó frente a la tienda del Alto Mando y se apresuró a pasar entre el nutrido grupo de guardias, un conglomerado imponente de la élite de cada hueste. Sus ojos tardaron un instante en acostumbrarse a la penumbra del recinto, pero aún cuando consiguió ver con claridad no pudo evitar dudar de si lo que contemplaba era cierto: Finulein y Grungthan a un lado estudiando un mapa del territorio, mientras que Lindir (aún con su armadura) y un maltrecho Úlfgar compartían una charla amistosa marinada con vino y cerveza. 

–He venido en cuanto me han comunicado vuestra llegada –fue lo único que acertó a decir ante la confusa escena–, dicen que habéis sufrido una emboscada por el camino. 

–Así es –contestó Lindir con una sonrisa socarrona–, nos atacaron en las colinas del Sur-Este, pero me temo que el combate no acabó como ellos esperaban. 

–Doy gracias a Asuryan, durante unas horas hemos temido por vuestras vidas. 

–Bueno, he de decir que este barbilampiño me ha demostrado que sabe pelear... encima de un caballo –gruñó Úlfgar–. Algo es algo. Menos mal para él que mis enanos han hecho el trabajo sucio para que él y los suyos no tuviesen que mancharse demasiado las manos. 

Si Ashtroz esperaba encontrar algún tipo de menosprecio real en aquellas palabras no lo hizo, más bien al contrario. Algo empezaba a cambiar, aunque no sabía identificar el qué. 

–Y bien –preguntó Lindir–, ¿cuál es el estado de las huestes? 

–Vengo de pasar revista a las tropas y de comprobar el estado de nuestras líneas de suministros. Todo está en orden, ha habido pequeños asaltos a nuestros convoyes de aprovisionamiento, pero nada serio. 

–Tras vuestra llegada, ahora lo que debemos decidir es nuestro siguiente paso. Las patruyas de Lindir dicen que el enemigo se encuentra disperso en estos puntos de aquí –dijo Grunghtam, señalando algunos lugares del mapa–. 

–Los incursores druchii se han reagrupado en una granja de este valle, si soy rápida podré alcanzarles antes de que se marchen. Puede que, si tiento el orgullo de su comandante, sea capaz de forzarles a cometer un error táctico –aportó la elfa. 

–Sea así –repuso Ashtroz–. Yo partiré en busca de los restos de la fuerza de combate que os ha emboscado hoy, si están huyendo a las montañas, como es de esperar, los interceptaré. 

–Úlfgar, tu debes recuperarte. Y no murmures, no voy a admitir discusión respecto a esto –ordenó Grungtham–. Vas a cubrir nuestra retaguardia con tus guerreros, estoy seguro de que alguno de nuestros enemigos intentará flanquearnos en estos valles. En cuanto a mi, saldré en busca de Grimgor, es hora de alguien lo detenga. 

–Muy bien, mis jinetes solo necesitan re-abastecerse y dejar descansar a sus corceles, pero partiremos al amanecer para cazar a todo lo que se ponga en nuestro camino, sea de la raza que sea. 

–Poco más podemos añadir, amigos –dijo Lindir sirviéndose vino y alzando la copa–. Que Asuryan esté con nosotros, si ahora cosechamos victorias claras les obligaremos a retroceder y pondremos a salvo Tor Tal-Harin. No podemos fallar. 

Autor: Ximo Soler.


viernes, 16 de marzo de 2018

Ronda 3.3 Grungtham el sabio (Enanos) VS Incursores de Isgaard Mantonocturno

-¡Traed un escriba! Y un médico! ¡Deprisa! -Rugió el enano.

Dos enanos jóvenes entraron corriendo en el pequeño puesto de observación enano, en busca de ayuda.

-Dime hermano ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está nuestro señor Grungtham el sabio?

-Nos emboscaron, señor. Al anochecer, a pocos kilómetros de aquí, llevo toda la noche andando. ¡Arrgh!- gimió de dolor el enano.

-Ven, túmbate aquí, no hagas esfuerzos, bien, cuéntame ¿Qué ha pasado?

-Habíamos acampado en un claro en el valle de Glarvarr, marchábamos en dirección a este puesto de observación y habíamos decidido descansar para llegar aquí a la mañana de hoy. Mi señor Grungtham había ordenado montar las defensas porque sabíamos que había enemigos cerca. Habíamos abierto el segundo barril de Bugman cuando ¡Arrrgh!- El enano se encogió, con la cara descompuesta de dolor, sudando como si estuviera haciendo un gran esfuerzo.- Perdón señor, no... sé que me pasa.

-Sigue hermano, no pasa nada, cuéntame más.

-Si... Habíamos abierto el segundo barril de Bugman cuando escuchamos los primeros gritos. La potente voz de Grungtham nos hizo formar en seguida formando un círculo al rededor del campamento. Puedo decir orgulloso que nunca habíamos desplegado tan rápido como anoche. Vi varios enanos muertos por flechas negras pero no vi ningún enemigo hasta que aparecieron... elfos. De negras armaduras y espadas retorcidas. No son como nuestros aliados, desde luego, nunca había visto nada como eso.

-¿Elfos oscuros?

-Supongo que sí. Se acercaron corriendo con las espadas en lo alto y las lanzas apuntando hacia nosotros. Por detrás también oí gritos, supongo que estábamos rodeados. Los guerreros del clan mantuvimos la compostura, como se esperaba de nosotros pero... pero... ¡Fue una carnicería!- Del rostro del enano caían grandes lágrimas que se perdían en la espesa barba- Los elfos del demonio atravesaron a mis hermanos como si fueran mantequilla. De entre ellos saltó una elfa... Llevaba dos espadas y era como un torbellino. Mató a nuestro capitán casi con solo mirarlo, lanzó por los aires a nuestro Señor Melchor el Implacable. Yo estaba situado en un extremo de mi regimiento, desde la distancia, pude ver a Grughtam el sabio luchando contra un elfo con una extraña capa estrellada. Los señores Barbaslargas vitorearon el nombre de Grungtham cuando de un poderoso martillazo derribó al elfo al suelo. No vi más, pues en ese momento, una bota se estrelló contra mi cara.

Cuando abrí los ojos tenía a la asesina sobre mí. La runa que brillaba en su frente me dolía en los ojos, de un color rojo sangre... Recuerdo que pensé que parecía fluir, como si estuviera escrita con sangre viva, como la que corre por nuestras venas... Me dijo, me dijo que no me iba a matar... Que quería que viviera y que contara esta historia, me dijo que sabía que había un puesto aquí. Conocen este lugar. Que iban a venir, pero que no iban a decirme cuando. Yo estaba paralizado de terror, entumecido entre el barro. Sacó un cuchillo y me hizo este pequeño cortecito.- Señaló su mano, el corte era pequeño, ni siquiera sangraba, pero la herida estaba empezando a oscurecerse.- Eché a correr hasta llegar aquí. Conozco esta torre, serví muchos años en mi juventud. No hay defensas suficientes mi señor, hay que enviar un mensaje, no sé que ha sido de nuestro señor Grungtham, cuando desperté hacía horas que había acabado la batalla, solo vi cadáveres...

-Calla hermano, has tenido suficiente. Intenta descansar.- El enano médico llegó a la carrera, se inclinó sobre el enano, que farfullaba en voz baja.

-¡Escriba!- Llamó al enano que acababa de entrar junto al médico.

-¿Si Señor?

-Envíe inmediatamente un mensaje a todas las torres y a Barak-Varr, estamos en peligro y necesitamos ayuda. 





lunes, 26 de febrero de 2018

Final de la Fase 2: Cónclave del Orden.


Un fuerte aguacero caía sobre la costa de la reconstruida ciudad élfica de Tor Tal-Harin, golpeando contra muros y rocas que tan solo habían conocido el silencio durante siglos. Sin embargo, aquella noche, las huestes de Enanos y Elfos se guarecían juntas –aunque no revueltas– bajo los mismos techos, al abrigo del viento y la lluvia. Las casas bullían de vida, la luz de las alegres chimeneas atravesaban las ventanas y, en el interior de las casas y las tabernas improvisadas, la luz, la música y las historias se filtraban dolorosamente hasta los guardias que patrullaban las calles y las murallas. Cada enano, cada elfo y cada elfa, sabía que la campaña marchaba bien; habían ganado tiempo para levantar las defensas de la ciudad y sus alrededores, así que entre vaso y vaso de cerveza enana y vino élfico muchas voces se preguntaban cuál sería el siguiente paso de sus generales. ¿Pero dónde estaban sus líderes en aquella noche tempestuosa? A muchos metros bajo los pies de los soldados, cinco figuras observaban con detenimiento los símbolos que brillaban sobre la puerta de la cámara. Al otro lado, les esperaba el artefacto de los Ancestrales y quién sabía qué más secretos. Entre las sombras, un nutrido grupo de adeptos de la Torre Blanca de Hoeth entonaban cánticos de poder cuya finalidad era alimentar los hechizos con los que Arathar intentaba romper los sellos de aquel umbral olvidado. 

–¿Y bien? ¿Por qué no bajamos unos cuántos cañones y comprobamos la resistencia de este metal? –propuso Úlfgar el Carnicero. Tras el enfrentamiento con el hechicero ogro, al cual había sobrevivido de milagro, su cara presentaba un color ceniciento, como si hubiesen estado a punto de arrancarle la fuerza vital del cuerpo. Por suerte, el Matador tenía más energía que la mayoría de enanos del Viejo Mundo. 

–Porque seguramente no le haríamos ni un rasguño... –contestó Grungthan, el Señor de las Runas de Barak Varr– Estas puertas superan todos nuestros conocimientos... Quienes las construyeron no diferenciaban entre tecnología y magia, empiezo a dudar si podremos abrirnos paso a través de ellas.

–Tened fe, compañeros –les animó el Príncipe Astrohz–, en mis largos años he visto hacer a los hechiceros de Hoeth cosas que consideraba imposibles. Encontrarán la manera. 

–En cualquier caso, debemos tomar una decisión –dijo Finulein– ¿defendemos la ciudad y la costa o buscamos a nuestros enemigos en el interior? 

–Por supuesto, debemos salir a buscarlos –sentenció el Príncipe Lindir de Caledor–. No pienso esperar tras tus muros, Finulein, a que mis caballeros mueran de aburrimiento. 

–Debemos ser prudentes, Lindir –contestó la elfa–. Un solo error puede arrebatarnos la ventaja que hemos conseguido. 

–Aún así el muchacho tiene razón –intervino Grungthan–, les hemos golpeado con más fuerza de la que esperaban. Tenemos la iniciativa, así que creo que no deberíamos darles ningún respiro. Que el desanimo y la discordia continúe haciéndoles mella. 

–Si –repuso Úlfgar–. No te acostumbres, principito, pero creo que tienes razón. 

–Sea así –dijo Astrohz–, dejaremos a la Guardia del Mar de Lothern la custodia de Tor Tal-Harin y sus aguas, mientras avanzamos con nuestras huestes tierra adentro. Buscaremos y derrotaremos a nuestros enemigos por separado, ya que nos superan en número.

–No te preocupes, enano –comentó Lindir diriéndose al viejo Matador–, encontraré al que te ha dejado en este estado y le daré su merecido. Tal vez tengas la oportunidad de aprender algo sobre el Arte de la Guerra cuando vuelva para narrarte mi victoria. 

–Tal vez, cuando acabe esto, tenga la oportunidad de partirte esa cara tan fina que tienes... 

El noble de Caledor se alejó del grupo, hacia la superficie, dejando tras de sí una torva carcajada. Frente a la puerta quedó el resto de guerreros, tan preocupados por la marcha de la campaña como por lo que escondería aquella gigantesca puerta. Aún quedaban muchos enigmas que resolver y más enemigos que derrotar, pero todos sabían que allí fuera las huestes oscuras no tenían unas murallas sólidas tras las que defenderse y que, seguramente, aquella noche sus ejércitos pasaban frío y dudaban de sus líderes. Con un poco de suerte y alguna victoria más, la afilada espada de la duda les heriría con más crudeza que los aceros de Tor Tal-Harin. Y entonces, no antes, la guerra estaría decidida. 


Autor: Ximo Soler

viernes, 9 de febrero de 2018

Ronda 2. 1 Ejército de Grungtham el Sabio (Enanos) VS Mercenarios de Samuel Sime

El olor a pólvora lo impregnaba todo. El tronar de la artillería hacía retumbar el suelo a un lado y otro del campo de batalla. Grungthan miró a sus Barbarlargas, enanos a los que conocía de toda la vida: había luchado con ellos, había bebido con ellos y sabía que morirían antes que batirse en retirada. Confiaría su vida a cada uno de ellos y, de hecho, en los siguientes minutos tendría que hacerlo. Porque cuando pensaba que el combate se reduciría a contemplar cómo los cañones despedazaban al enemigo a lo lejos, vio aparecer por el flanco derecho a un grupo de Ogros –acompañados de un imponente Pegaso de guerra– que habían conseguido flanquear su formación de combate. Intentó hacerse oír por encima del constante cañoneo y, un momento después, el cuerno de guerra de su escolta iniciaba una ordenada maniobra para encarar a los atacantes. Los mercenarios cargaron con sus armas en alto, dispuestos a triturar las primeras filas, mientras el comandante humano se dirigía como una flecha directamente hacia Grungthan. Los Barbaslargas iniciaron un cántico de combate que hablaba de antiguas gestas y agravios resarcidos, eclipsando al griterío enemigo. Un instante antes de que el choque se produjese, la primera fila de enanos se abrió y dejó huecos justo donde caían las grandes espadas ogras. Aquí y allí alguna hoja de acero afortunada cayó sobre carne, pero el sonido no fue nada comparado con los aullidos que produjeron las hachas de Barak Varr al contra-atacar. De un solo golpe, frío y brutal, la mayoría de los Ogros fueron ejecutados. Al mismo tiempo, Grungthan hendía el escudo del líder mercenario al tiempo que este clavaba su lanza entre las placas protectoras del Señor de las Runas. Tras el intercambio de golpes, el Pegaso se encabritó y salió volando del combate. Los Barbaslargas lanzaron gritos de victoria, los cañones órgano siguieron escupiendo muerte y los mercenarios de Samuel Sime huyeron huyeron para luchar otro día.

Autor: Ximo Soler








Y el marcador:

lunes, 5 de febrero de 2018

Final de la Fase 1: Cónclave del Orden.


"La cámara de reuniones de Barak Varr era cómoda y, contra lo esperado por los líderes de Ulthuan, bien iluminada. Al principio las cosas habían ido bien: se sirvieron bocados delicados y la mejor cerveza que se podía encontrar en aquellas montañas, a lo que los elfos respondieron con un obsequio de telas, tintes y frutos exóticos. Quedó patente para todos los asistentes que las delegaciones diplomáticas pretendían impresionarse y, al mismo tiempo, dejar constancia de su buena voluntad para con la recién creada alianza. Se sentaron a la mesa y narraron el curso de las primeras escaramuzas con los invasores, aunque cada uno de los presentes estaba perfectamente enterado de lo sucedido gracias a los informadores y espías de los que cada cual disponía. El Príncipe Lindir, dolorido y con el torso envuelto en vendas, mantuvo un osco silencio tras relatar brevemente cómo sus caballeros habían sido repelidos por la hueste druchii. Sin duda, pensó Astrohz el Implacable, aquella campaña no había comenzado como esperaba aquel orgulloso hijo de Caledor; tan solo esperaba que las ansias por desquitarse de aquella derrota no perjudicasen los intereses comunes de la alianza. 

–Solo nos queda un asunto más por discutir –anunció Grungthan, el Herrero Rúnico de la fortaleza–, algo que intuyo pero no termino de discernir. 

–¿Y bien? ¿Cuál es ese enigma del que hablas? –preguntó Finulein Sin Tierras. 

–No pretendo ofenderos, sobre todo ahora que todos estamos en la misma barricada, pero... Creo que es justo que los enanos de estas montañas sepamos la verdadera razón por la que habéis venido hasta aquí...

–¿A qué te refieres, herrero? –dijo Astrohz. 

–A que creo que hay algo en Tor Tal-Harin... algo que llevaba mucho tiempo perdido. Y creo que lo habéis encontrado y os lo vais a llevar. 

–¿Cómo? ¿De qué hablas? –saltó Úlfgar el Carnicero– ¿Qué es lo que escondéis, malditos elfos? 

–No te atrevas a hablar así a los generales del Rey Fénix, Matador... –ladró Lindir, señalándole con dedo acusador. 

–¿Quieres ver por donde me paso a tu Rey Fénix? Pues mira por donde... 

–¡Úlfgar, basta! –ordenó Byrrnoth Grundadraff– Deja hablar a Grungthan. 

–Como decía, es justo que sepamos vuestras verdaderas intenciones. Sangre enana ha sido derramada en los últimos días... y eso es algo que nosotros no nos tomamos a la ligera. 

–¡Lo que dices es absurdo! –volvió a gritar el Príncipe Lindir– Nuestra misión no es otra que la de asegurar la zona mientras reconstruimos las defensas de la ciudad. 

Un silencio pesado se adueñó de la reunión. Nadie se atrevía a decir la primera palabra, pero los enanos ya no miraban a Lindir, sino a los otros dos elfos; ambos callaban de forma prudente, como si temiesen revelar algo que les estaba prohibido. 

–En honor a la verdad –comenzó Astrohz–, debo decir que oficialmente solo se me ha pedido que proteja la costa y los accesos a la ciudad. Pero soy un elfo viejo, y se que no hacen falta tres ejércitos para eso... y que el Rey Fénix no enviaría a su propia hija si no hubiese algo más. 

–¿Hija de Finubar? –murmuró Grungthan con asombro. 

–Tenéis razón –reconoció Finulein con gesto serio–, hay algo más. En las catacumbas de Tor Tal-Harin hay un artefacto, desconocemos su naturaleza, pero podría potenciar los efectos del Vórtice de Ulthuan. 

–Y evitar que vuelva a desencadenarse otra Tormenta del Caos... –añadió Astrohz como para sí mismo. 

–Si. En teoría. Pero, de momento, Arathar solo ha encontrado una gran puerta cerrada. Sus adeptos están probando distintos rituales para abrirla, aunque sin éxito. Será un honor conduciros a las catacumbas, para que podáis comprobarlo por vosotros mismos. Es un tema muy delicado y no ha permanecido oculto por desconfianza hacia los enanos, sino porque es de capital importancia para mi pueblo. 

–¡Esto es inaceptable! ¿Por qué no he sido informado de esto? Mi familia hará saber esto en la Corte. 

–Eres un comandante de Ulthuan, Príncipe Lindir –interrumpió Astrohz–, compórtate como tal. Nuestro deber también consiste en proteger los secretos del Rey Fénix, cueste lo que cueste. 

–¿Cómo osas? No tolero que un viejo de Nagarythe y una bastarda me falten el respeto. Ni a mi, ni a mi familia –se levantó y salió airadamente de la sala, dejando las puertas abiertas tras de sí.

Un silencio incómodo más se apoderó de la sala durante un instante, mientras los pasos del caledoriano se alejaban por las galerías subterráneas. Sin embargo, tras un inapropiado comentario de Úlfgar el Carnicero, los pactos fueron sellados y la alianza renovada bajo la luz de las runas y las antorchas; algo que no ocurría entre elfos y enanos desde hacía milenios. Aún quedaban por delante muchos días de penuria y muerte, pero aquella noche hubo fiesta y celebración: seguían vivos y, de momento, los vientos de la guerra les eran favorables". 




Autor: Ximo Soler

sábado, 27 de enero de 2018

Ronda 1: Ejército de Grungtham el sabio (Enanos) VS Los Machotez de Grimgor (Orcos)

Grimgor se recostó en el trono que se había construido. Lo había moldeado a puñetazos con los restos del cañón órgano que tantos guerreros se había llevado por delante. Aún así estaba satisfecho, la carrera hasta los enanos había sido emocionante y ver a esa panda de desharrapados en taparrabos luchando contra los enanos... Bueno, realmente hacía tiempo que Grimgor no veía unos guerreros tan bestias y salvajes como esos. Recordó con sonrisa maliciosa cuando los Inmortalez encontraron a esa tribu de Zalvajez danzando alrededor de una piedra. Cuando vieron a los Orcoz Negroz, los Zalvajez pensaron que Grimgor y sus guerreros eran Diozez Orcoz. Grimgor preguntó a un orco de mirada bovina y perdida que denotaba que era el intelectual de la tribu y le preguntó dónde habían Taponez. El orco levantó una garra aturdido señalando una mina enana cercana. Grimgor lanzó un WAAAAAGH! tan potente que hasta a Bob el Hermoso se le pasó la resaca y empezó a correr con ellos.


Los enanos de la mina siempre habían mantenido a raya a esas bestias salvajes y mantenían una guarnición permanente que dio la alarma en cuanto comenzó a ver a Bob tirando árboles al suelo y el rugido de la tribu acercándose como una marea verde, imparable. Los enanos lanzaron la alarma y desplegaron a sus guerreros inmediatamente. Los Barbaslargas refunfuñaron cuando vieron que los Guerreros del clan tardaban medio segundo de más en desplegarse y los Ballesteros aprestaron sus armas. Grungtham el sabio se unió a sus guerreros y los animó a defender la explotación minera en la que trabajaban y en los beneficios y el honor para sus familias que les reportaría. Los enanos vitorearon cada disparo del cañón y cada salva del cañón de salvas. Pero sus rostros cambiaron a una expresión de horror cuando vieron que era imposible detener esta extraña mezcla verde de huesos, armas de piedra y extrañas armaduras pesadas y hachas de hierro. Los orcos no se detuvieron y cargaron salvajemente a los enanos. Bob el Hermoso lanzaba enanos a diestro y siniestro y Gitsnik relucía, roja y brillante con la sangre enana.

Texto de Draughleth

Victoria del bando de la destrucción 1.015-695






Y el marcador en esta segunda partida de la primera ronda: 




martes, 23 de enero de 2018

Ejército de Grungtham el sabio


Personajes
  •  Grungtham el sabio, Señor de las Runas: 120 puntos
    • Escudo
    • Runa Magistral de Alaric el Loco
    • Runa de la Agonía
    • Runa Magistral de la Resiliencia
    • Runa de los Vientos
  • Melchor el Implacable, Señor del Clan: 80 puntos
    • Arma a dos manos
    • Estandarte de batalla
    • 2 runas de Piedra

Básicas
  • 15 Ballesteros: 165 puntos
    • Arma a dos manos
    • Armadura pesada
    • Portaestandarte y Oficial

  • 20 Guerreros del clan: 200 puntos
    • Escudos
    • Runa del estoicismo
    • Grupo de mando

  • 20 Barbaslargas: 240 puntos
    • Arma a dos manos
    • Runa adamantina
    • Grupo de mando

Especiales
  • Cañón enano: 125 puntos
    • Ingeniero
Singulares
  • Cañón órgano: 160 puntos
    • Ingeniero
    • Pistola

viernes, 19 de enero de 2018

Liguilla reforged: El ejército de Grugntham el sabio (Enanos)

"Grungtham estaba reflexionando en su pequeño aposento sobre lo ocurrido en los últimos días. Tenía la cabeza a punto de estallar y, aunque nunca lo reconocería, sentía el peso de los años en su cuerpo. Intentó recordar cómo se había visto envuelto en tal situación.

Era una mañana marcada por una fría brisa que azotaba el puerto de Barak-Varr, se disponía a proseguir con el estudio de sus miles de anotaciones referentes a todo tipo de objetos arcanos cuando su aprendiz aporreó la puerta. El joven enano estaba sin resuello y no podía articular palabra alguna, después de un breve descanso las palabras brotaron de sus labios:“Byrrnoth Grundadraff quiere que te presentes en el Gran Salón”. La petición le cogió por sorpresa, ¿qué querría el señor de Barak-Varr de él a estas horas de la mañana? Cuando se presentó en el Gran Salón pudo ver un gran número de enanos discutiendo. Byrrnoth Grundadraff estaba en el trono con la mirada centrada en los que hablaban y reflexionando sobre lo dicho por cada uno. Alzó la cabeza y sus ojos se cruzaron, sostuvieron la mirada durante unos segundos y comprendió que no se trataba de nimiedades.

–Viejo amigo –pronunció Byrrnoth levantándose y dando un abrazo a Grungthan–, me temo que tengo noticias que requieren de tu sabiduría.

Grungtham escuchó atentamente. Los exploradores habían llegado esa mañana para comunicar a su señor que un contingente elfo procedente de Ulthuan se había adentrado en la Bahía Negra, desembarcando en la antigua ciudad elfa de Tor Tal-Harin. Por el momento se desconocían sus intenciones. La noticia lo dejó estupefacto. ¿Por qué volvían los elfos? ¿Qué pretendían hacer? Y, sobre todo, ¿por qué ese asentamiento y no otro? Los dos viejos amigos Estuvieron hablando hasta altas horas de la noche, intentando adivinar las intenciones de los Asur. Una vez en su cuarto rebuscó entre sus libros todo lo referente a Tor Tal-Harin, ya que recordaba haber leído acerca de un artefacto arcano escondido entre sus ruinas. Después de horas y horas buscando entre miles de pergaminos lo encontró, allí estaba: una mención insignificante a pie de página en un manuscrito tan viejo como una montaña. Sonrió mientras lo guardaba. Hablaría con su señor de su descubrimiento.

Los elfos no tardaron en enviar a sus diplomáticos. Solicitaban una reunión para discutir temas de alta importancia para ambos bandos. Es bien sabido el pensamiento liberal de los enanos de Barak-Varr y su gran hospitalidad, así que no objetaron en que se celebrase una audiencia con los forasteros. La reunión duró todo un día. Finalmente se acordó que los elfos abrirían rutas comerciales con las minas de las montañas y Barak-Varr sería el puente entre ellos, todas las mercancías pasarían por esta fortaleza; a cambio, los enanos tendrían que mantener abiertas y protegidas dichas rutas. Después de fijar todos los puntos del acuerdo, ambas razas se despidieron y se comprometieron a ayudarse mutuamente, forjando una alianza que defenderían por el bien de todos.

Así fue como, a su avanzada edad, Grungtham –Maestro Rúnico de Barak-Varr– se vio envuelto en una nueva aventura con varios objetivos: por un lado, mantener las rutas comerciales operativas y, por el otro, investigar sobre un artefacto arcano de gran poder; tan importante que había movilizado a los elfos desde Ulthuan hasta los Reinos Fronterizos".


Autor: Juan Soriano