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lunes, 12 de julio de 2021

Recuerdos

 Abro los ojos y miro la luz de las frías estrellas.


Con grandes dificultades me levanto. Llevo con los ojos abiertos... ¿Horas? ¿Días? He estado intentando reconocer las estrellas que aparecen débiles e impasibles en la bóveda celeste. Las veo a través del enorme agujero fracturado del techo. No reconozco estas estrellas. No reconozco este cielo. Veo una mancha roja recorriendo el firmamento de un lado a otro. A diferencia de las estrellas, la veo cuando el cielo es oscuro y también cuando está claro. Es una cicatriz sangrante, hay dentro de ella un hambre atroz que me aterra. Me interno en un pasillo y observo a mi alrededor, extensos corredores y bóvedas vacías se extienden ante mí. El polvo de siglos se arremolina en torno a mis pies. El aire debe ser frío, si es que hay aire. No puedo respirarlo, parece. Un ruido atrae mi atención. Una luz titilante corretea entre las sombras y emerge de entre los escombros un extraño ser mecánico. Me produce rechazo, viene hacia mí sin temerme, correteando con sus múltiples patas sobre el polvo. Me molesta su presencia e intento aplastarlo para que no se me acerque más. Levanto un pie y me quedo mirando la extraña extremidad como si no fuera mía. Al final de mi pierna, cromado y brillante contemplo un pie metálico. Observo mis manos, del mismo metal. Mi torso, mis brazos, mis piernas. Metal. El ser mecánico me observa y lo ahuyento con un estrepitoso gesto de mis chirriantes brazos. Desaparece de mi vista y yo empiezo a caminar y a vagar por entre las ruinas derrumbadas durante lo que me parece una eternidad. Encuentro agua, una corriente se infiltra por las rocas y forma un sucio charco poco profundo, a la luz de estrellas desconocidas unos ardientes ojos mecánicos me devuelven la mirada. 


Necrón. 


Oigo la palabra susurrada por una voz desconocida en el interior de la cabeza metálica en la que estoy atrapado. Me sumerjo en la oscuridad.


No sé cuánto tiempo he estado vagando, no sé cómo he llegado a estas estancias, no sé quién soy, ni qué es este lugar frío y muerto; mis pies se mueven una y otra vez de forma rítmica, dejo un surco en el polvo del suelo. No recuerdo de donde vengo y las huellas de mis pasos se pierden en la oscuridad que inunda los pasillos y las salas vacías. Observo la débil luz que entra por los amplios ventanales y veo una llanura infinita, vacía y desolada, bañada por un frío sol, lejano y mortecino. Me cruzo con enormes criaturas mecánicas que avanzan con gesto delicado entre las ruinas. No notan mi presencia. Tampoco siento miedo, ni curiosidad, estoy hecho de metal, me doy cuenta de ello; ¿será por eso que no siento nada? Tampoco recuerdo nada. Una de esas criaturas de largas y finas patas se gira hacia mí. Me mira con sus múltiples ojos brillantes y muertos. La palabra Necrón otra vez resuena en esta hueca cabeza de metal y vuelvo a dormirme.


Despierto de pie; ¿He andado en sueños? Esta vez tengo la cabeza más despejada, recuerdo algo, ¿Una vida anterior a estas ruinas? Había un mundo moribundo, hubo debates en los foros, hubo arengas a favor y en contra, recuerdo… La inestabilidad, la crisis, la escasez, las guerras… Atravieso un pasillo, el cielo se ve claro y despejado a través de los enormes ventanales. La mancha roja me observa maliciosamente. No es la primera vez que me mira; ¿O sí? Me siento confuso. Mis pasos no se detienen; ¿voy a alguna parte? No siento hambre… Hambre, comida. Recuerdo la comida, sabrosa, caliente, reponía fuerzas y daba energías. ¿Yo como?


Necrón.


Vuelvo a sentir esa palabra en mi cabeza. Intento ignorarla pero resuena con más fuerza. No siento cansancio tampoco aunque mi cuerpo no ha dejado de caminar desde que me levanté. Huesos, carne, sangre, músculos, recuerdo que una vez los tuve.


Necrón.


Insiste la voz. Oscuridad otra vez.




Sigo recordando. 

Huimos de casa, sí. Estuvimos en una columna de refugiados, estoy empezando a recordar mientras camino por los largos pasillos. Nuestros líderes se oponían a… Aquellos nuevos Dioses, recuerdo la propaganda de la Triarca, a nuestros jóvenes alistándose para servir… ¿Estuvimos? ¿Quién más se fue con ellos? Tengo un recuerdo borroso, recuerdo su rostro ¿Quién era? Recuerdo que le quería, le vi nacer, crecer. Todavía era joven y fuerte y crecía alto y yo me sentía orgulloso de… 


Necrón.




Cada vez la oigo más fuerte, ya no es un susurro, es casi una orden. Estoy aterrado. No quiero volver a la oscuridad.


Despierto otra vez. Es de noche ahora y sé que no he parado de caminar en sueños. La cicatriz roja brilla fuerte y de forma cruel. Siento que está satisfecha aunque sigue terriblemente hambrienta. La mayor parte del techo se ha derrumbado y se ven las estrellas sobre una llanura infinita y vacía. Los pequeños insectos metálicos siguen dando vueltas a mi alrededor pero no se me acercan. Están nerviosos, excitados. Algo está ocurriendo. Se oyen ruidos en la distancia. Me siento repugnado por sus movimientos, sus chirridos, esa forma de moverse. No están vivos. Vivos... ¿Lo estuvieron alguna vez? Recuerdo que sentí cariño hacía una criatura similar que dormía a mis pies, sentir su cercanía me relajaba, recuerdo cariño hacia mí, pero recuerdo juegos y caricias y no era como estos seres mecánicos, fríos y muertos. Muertos. Me detengo en esa palabra, significaba… ¿Quién más está muerto? Caricias, cariño… Había más gente conmigo, los estoy buscando ¿Los estoy buscando? Familia es la palabra que estoy buscando, huí con mi familia. Nos perseguían, no estábamos de acuerdo con lo que ocurría. La biotransferencia sonaba horrible, la gente tenía miedo, el hambre y la guerra nos estaba consumiendo, nuestros líderes perdieron la cabeza. La propaganda era brutal, las revueltas fueron aplastadas, nuestros hogares destruidos, tuvimos que huir, los nuevos Dioses prometían...  Me llevo las manos a la cabeza yo.. yo… ¿Dónde está mi...?


—¡Eh tú! ¡Soldado! ¡Detente! Por los soles binarios… ¿Qué haces aquí?


¡Una voz! ¿Quién..? ¿Qué es esto? Esta criatura se parece a mí, está hecha de metal pero no es como esos monstruos de patas largas… ¿Eso es un… Necrón? ¿Yo soy así?


—No obedece a los protocolos de mando— Gruñe de resignación— Otro cercenado, en este ala del complejo contabilizo quince, el Despertar no está funcionando según el plan establecido. El Gran Señor no estará contento por todos estos fallos… Vamos a ver qué te pasa a ti. Detén tus funciones motoras mientras reconfiguro tu sistema.


¿De qué habla este ser? ¿Qué hace? ¿Por qué no puedo moverme? ¿Qué has hecho conmigo? Espera. No te acerques, más. Me está tocando ¡No! Aleja esas garras metálicas de mí; ¡Detente! No puedo gritar, no me toques máquina infernal, no quiero, no quiero que…




Click


—Intervención finalizada, probando protocolos de mando… Sí, ahora responde correctamente. No sé qué estrellas pasó con todos vosotros que tenéis los cerebros llenos de archivos corruptos, pero parece que obedecéis tal y como os corresponde. La solución es sencilla, transmitiré al resto de criptecnólogos que con un borrado masivo de estos archivos se soluciona. El escáner dice que no hay ningún guerrero más en este ala. En fin, soldado, coge un rifle gauss y únete a la Legión. Esos malditos humanos se vuelven más grandes y más brutos con el pasar de los milenios pero siguen siendo igual de estúpidos. Venga, el Gran Señor aguarda.


jueves, 3 de septiembre de 2020

Cronología del subsector Turia (V)

 

·         El ritual

Un miembro de la familia Mensis ha aparecido después de nueve años desaparecido. Lo cierto es que no se le había buscado mucho, pues eran conocidos sus numerosos vicios y negocios corruptos y la imagen de la noble casa se había visto gravemente dañada por sus acciones. Bueno, no tanto por sus acciones (las cuales eran habituales entre los miembros de su familia) sino por el hecho de que habían salido a la luz y eran de dominio público. La última vez que se le vio con vida hizo graves declaraciones sobre los dirigentes de la Eclesiarquía en el subsector en un conocido local de lujuria y disipación y los rumores apuntaban tanto a que hubiera sido eliminado por un Inquisidor o silenciado por la propia familia Mensis para que dejara de dar mala imagen. Nada de ello era cierto, apareció gimiendo con sus últimos esterores y con la piel totalmente cubierta de runas obscenas y balbuceando incoherencias sobre algún tipo de ritual. En las profundidades del planeta capital Llúria II, el hechizo ha tenido efecto pero ha surgido una rivalidad entre un hechicero de los Mil Hijos y la Hermandad del Acero Óseo, puesto que el ritual ha convertido a varios de los cultistas mutantes del culto en Tzaangors emplumados y la venganza por los fieles secuestrados se recrudece en los bajos fondos de la ciudad.

 



·         El vector contraataca:

El virus robado al vector de la Infecciosa Negación ha tenido sus consecuencias. Los Marines de plaga siguen siendo Marines y han trabajado muy duro investigando el origen del robo de tan precioso material genético. La irrupción de los Marines en la base en la que estaban estudiando el virus coge por sorpresa a los Mechatiránidos que sacan a relucir algunas de su bioarmas secretas que estaban desarrollando. Desgraciadamente, los marines han hecho bien su trabajo y el ataque es directo y abrumador. Apenas tienen tiempo los bioingenieros mutantes de enviar unos pocos datos recabados a las demás bases ocultas. Los marines de plaga recuperan las muestras del virus y las destruyen para que nadie pueda tener acceso a esta información.

 


·         Respuesta a la llamada

El guerrero Lythronax interrumpió la señal de una torre de comunicaciones mientras el baño de sangre rugía a su alrededor en el planeta Doy I. Aun así, a pesar de los esfuerzos de la Legio Devónica la señal llegó a salir del Subsector y ha sido recibido. Marines espaciales de diversos capítulos están llegando y están atravesando la tormenta disforme que lo rodea de formas arriesgadas. El hermano Mologhai, un Eliminador primaris consiguió aterrizar en uno de los planetas abandonados cercanos al borde del Halo. Caminando por entre las sombras de un manufactorum abandonado en la cara oscura del planeta Fórigol descubrieron unas señales de actividad energética que no se correspondían a ninguna actividad humana. El comando se desplegó en completo silencio oculto por entre las vigas de acero y la maquinaria oxidada observando pequeños y rápidos movimientos silenciosos entre la oscuridad. El enemigo estaba ocultándose. 

Un rayo verde brillante surgió en la oscuridad con un ruido que sonó atronador en el silencio de la fábrica, impactando en el Eliminador e hiriéndole en el hombro. Apretando los dientes, Mologhai disparó en el lugar donde venía el rayo. Un ruido metálico le hizo pensar que había acertado en el blanco aunque era difícil saber. Las comunicaciones funcionaban entrecortadas y pronto se escucharon más ruidos mecánicos. El sargento Primaris que lo acompañaba intentó reagrupar a sus hombres pero una decena de láseres fulgurantes se dispararon hacia los lugares donde se estaba desplegando el comando de intercesores. Mologhai calmó sus nervios con un pensamiento, sus sentidos augmenticos le dijeron cuál era el origen de uno de los láseres. Alzó su rifle bólter de francotirador y apuntó a la figura oscura cuando, con un estruendo metálico, se descolgó de las alturas una forma humanoide a escasos pasos de donde estaban los Marines.

La figura era metálica aunque era difícil apreciar debido a la pintura descascarillada que cubría su cuerpo. Armado con un armamento arcaico pero de aspecto letal apartó de un empujón al Sargento que lo derribó de la plataforma y se acercó al Eliminador que giraba su rifle hacia la figura. En un latido de corazón, el Primaris se golpeaba contra el suelo metálico, muerto. El resto del comando estaba retrocediendo, sin poder ver la trampa hacia la que estaban siendo dirigidos. La figura mecánica, indiferente a la masacre que rugía a su alrededor, se agachó junto al Eliminador Primaris y, mecánicamente, decidió por dónde empezaba a comer.