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domingo, 1 de abril de 2018

Final Fase 3: Contubernio del mal


La enormes hogueras hacías que las sombras del interior de  la tienda bailaran como si fueran demonios frenéticos. Los tambores y los gritos de los orcos zalvajez no ayudaban a relajarse. Pocas veces había estado Samuel Sime en una tienda con unos generales como estos, Grimgor era una montaña de músculos tan grande como el propio ogro y el aura de violencia que transmitía con cada movimiento solo hacía que a Samuel le hiciera padecer un dolor de cabeza justo detrás de los ojos y unas ganas de aporrear a alguien como solo había sentido en plena batalla, como cuando estás con el barro y la sangre hasta los ojos y solo piensas en darle una patada en la cara al soldado que está en el suelo y que tienes que evitar que se levante, porque si no, te dará la patada a ti.

El orco habló:
-¿Zamuel, tú que opinaz?

Samuel volvió de las profundidades de su mente.
-¿Eh? Sí... Esto... Hemos sufrido bajas, la cabrona de Finulein nos pegó muy duro, pero nosotros lo somos más. Por lo que me han contado los exploradores, han tomado presos a muchos de mis soldados. ¡Ja! -Rió de forma amarga- debería haber matado a esa panda de perros... Conozco a los que se llevó y son una panda de hijos de puta que vana hacer la vida imposible a esa elfa. Los escogí personalmente después de un asalto a una fortaleza de los Hombres rata, habían sobrevivido varios meses en las jaulas de las ratas... Que aprovechen las vacaciones que han cogido de los elfos. Cuando los vuelva a coger ¡Van a saber lo que es trabajar!

-Me alegra zaber que tuz chicoz zon chicoz duroz, ¡Pero los chicoz duroz no valen para nada zi eztan con loz elfoz!- Dijo Grimgor dando un puñetazo en la mesa.- ¡Loz cochinoz elfoz noz eztán deztrozando! ¡No eztamos conziguiendo ninguna pozizión! ¡Tenemoz que llegar a eza fortaleza de alguna forma!

-Eso es cierto Grimgor- Intervino Yuggath- El camino que dijo el enano estaba mejor defendido de lo que esperábamos.

-¡Tu cállate Yugazz! ¡Todoz hemoz vizto como te agarrabaz laz faldaz y zalíaz corriendo delante del elfo de loz caballoz! -Gimgor hizo un gesto teatral burlón con las manoz- Dizez Uuuuuuuuh... Y hazez muchaz cozaz con laz manoz y dizez muchaz palabrejaz raraz y la gente muere cuando hazez ezo... ¡Pero no zabez nada de comandar tropaz y de luchar de verdad! Dijizte que el enano aquel de la crezta naranja lo habíaz matado pero me tocó a mí acabar el trabajo.

Samuel Sime sintió un escalofrío en la nuca, en parte por las dos enormes bestias discutiendo delante de él y en parte por la extraña voz susurrante que en un rincón de la tienda dijo:

-El enano del que habláis sigue con vida, está herido de por vida por lo que habéis hecho los dos, pero vive y lucha como siempre.

Una de las sombras de la tienda dejó de bailar al son de los tambores orcos y se hizo más densa, casi material. La sombra habló:

-Me envía mi amo Ernhuzk, el enano no ha conseguido establecer su posición, no tendréis el apoyo por su parte, el elfo que llamáis Isgaard si ha conseguido su plan, su posición es adecuada para el asalto. Decidme y le entregaré la información a los otros generales ¿Habéis conseguido vuestras posiciones? ¿El asalto a la torre es la que planeamos? Contestadme y enviaré las respuestas a mi amo Ernhuzk.

El ogro se acercó a la pequeña y sibilante criatura del caos y le dijo:

-Dile a tu amo que no hemos conseguido las posiciones, el camino estaba defendido, intentamos emboscar a los enanos pero fue una trampa y Lindir nos atrapó y rompió nuestras filas. Finulein también destrozó el flanco oeste con el que Samuel protegía nuestra posición y hemos tenido que huir al norte, necesitamos saber la posición de Ernuzhk y si podemos apoyarnos en él para marchar a la torre. A pesar de eso, creemos que podemos tomar la torre por asalto si cargamos por el camino del sur, no es el plan que habíamos acordado, pero si Isgaard está donde acordamos, quizá el asalto deba ser por ahí.

La criatura asintió, y con una sonrisa malévola contestó:
-Transmitiré la información a mi amo... ¡Ah, por cierto! Vuestros enemigos están a punto de abrir la cámara y de desvelar sus secretos... Están tardando mucho, pues no tienen ni idea de como funciona esa cámara- El demonio pareció complacido por ese dato- Es tan fácil de abrir que hasta uno de vuestros cachorros podría hacerlo... Menos mal que sois vosotros los que contáis con mi ayuda... Espero que podáis conseguir pronto llegar hasta ahí pues como utilicen el Artefacto no podréis contar conmigo...

Y los ojos se fundieron con la sombra y desaparecieron.

-Malditos demonios, son traicioneros y malvados, esta campaña no acabará bien si la dejamos en sus manos - Dijo Samuel Sime. Aunque en su interior pensaba que era una buena forma de transmitir órdenes a sus tropas... si se pudiera eliminar de alguna forma la capacidad que tenían de mentir y de transformar todo lo que dicen a su antojo... Quizá sean útiles.

Autor: Draughleth



viernes, 9 de febrero de 2018

Final Fase 1: Contubernio de la destrucción

La fortaleza había sido abandonada hacía muchos años, estaba situada en un estrecho valle rodeado de frondosos bosques. El silencio que allí había reinado durante siglos se vio roto de forma brusca por la presencia de cerca de un millar de guerreros de distintas razas que allí se reunían y festejaban sus victorias o se lamían las heridas de sus derrotas; el torreón principal era una montaña negra de cascotes pero la plaza de la fortaleza estaba semiiluminada por la luz de Morrslieb, que brillaba en todo su esplendor.

-Ah... Es una buena noche para las conspiraciones y los planes ocultos… ¿No crees, mi amigo oscuro?

-No habláis como haría un Ogro, Yuggath… Pareceis -Dijo pensando sus palabras- otra cosa, no sabría qué decir…

-Ah pero es que soy algo más que un ogro… y algo menos también ¡Pero mirad! Aquí comienzan a llegar nuestros invitados.

Grimgor entró en la plaza, la luz de Morrslieb iluminó el semblante tallado en piedra del orco.

-Yuggazz, azí era como te llamabaz ¿No? Tuz Ogroz acaban de retar a miz machotez a un duelo de comer, ezpero que tuz Brutoz zepan lo que ze hacen, miz inmortales no zólo zon invictoz en la batalla.

-Pues han encontrado en los Brutos un rival a su altura, entonces. Espero que no haya heridos, gane quien gane.

-Tranquilo, la alianza sigue en pie, zi hay heridos ahora, habrán muertoz luego; miz inmortales lo zaben bien. En fin ¿Qué tripa ze le ha roto al elfillo? He oído que le zalió bien lo de matar a tuz primoz blancoz.

El elfo oscuro murmuró, molesto algo inteligible.

-Fue un placer matar a todos esos Asur, ciertamente. Imagino que el mismo placer que sentiríais al acabar con todos esos enanos… Unas bestias impresionantes esos… Guerreros tuyos, estoy seguro que remarían muy bien en una de nuestras arcas negras.

-¿Qué eztáz insinuando elfillo? Miz Machotez zon orcoz librez- Alzó a Gitsnik, amenzador- Ezo tenlo claro, ozcurito.

-Haya paz entre nosotros, ya habrá tiempo para repartirnos el botín luego. Mirad, ahí vienen el resto de nuestros aliados.

Ernuzhk Espadahumeante entró en la plaza junto con una pequeña guardia de soldados enanos, un aura oscureció la noche y el penetrante aroma del azufre invadió a los presentes.

-¿Qué haze eze aquí?- gritó Grimgor, colérico.- ¡No me dijizteiz que ezoz estaban en el ajo! ¡Taponez negroz azquerozoz! ¡Oz mataré con miz propiaz manos!

-Ya os lo decía yo Yuggath, estos orcos son unos animales primitivos y salvajes-Dijo Isgaard echando mano a la empuñadura de su espada- ¡Me agotas la paciencia bestia! ¡Debería acabar con tu miserable existencia!

-¡Ven aquí elfo de los cojonez! –Bramó Grimgor- a ver qué zabez hazer con eze picho que llevaz ahí.

-¡Guardad esas ansias de lucha para el enemigo! - dijo Yuggath, interponiéndose con todo su tamaño entre el orco y el elfo.

El enano gruñó, enseñando los dientes afilados y dijo:

-¡Que el Padre de la Oscuridad os entregue el cráneo de vuestros enemigos en bandeja! No es de mi agrado aliarme con un asesino de Dawi Zharr como tú, Grimgor. Pero el odio que nace en mí contra mis primos es más intenso que el desprecio que te ofrezco. Esta alianza es de nuestro agrado a pesar de tener que relacionarnos con estas razas inferiores. Aun así no os quepa duda que en cuanto todo esto acabe, todos seréis nuestros esclavos.

-No me gusta eso de razas inferiores, amigo bajito. He oído que os dieron una buena tunda allí abajo vuestros primos. –El humo del apestoso puro de Samuel Sime se impuso por encima del aroma a azufre de Ernuzhk cuando entró en la plaza junto con cinco de sus alabarderos.

-¡Que insolencia es esta! –Bramó uno de los guardaespaldas del Enano. –¡¿Cómo osáis hablarle así a nuestro señor Ernuzhk!?.

Ernuzhk alzó una mano, deteniendo a sus guerreros.

-Vuestra armada tampoco salió bien parada del encuentro contra los odiados Asur. ¿Acaso la inversión realizada en esta empresa ha sido insuficiente para vuestros… “Perros de la guerra”?

-Mis compañeros piensan que el cofre de oro que nos disteis es todavía un poco pequeño. Quizá otro más grande les motive un poco más a la hora de aguantar una carga de caballería elfa. En fin, extraña reunión amigos, no es por nada pero quisiera conseguir mi pequeña venganza cuanto antes y largarme de estas tierras para no volverlos a ver más. Así que ¿Cuál es el plan amigo elfo?

-Bien -Dijo el elfo oscuro. -ahora que estamos todos y que nos hemos repartido las consabidas muestras de afecto y cariño, este es nuestro objetivo.

El elfo desplegó con gesto teatral un extenso pergamino sobre una desvencijada mesa. Las extrañas runas brillaron dolorosamente al ser tocadas por la luz corrupta de Morrslieb y los rostros de los capitanes fueron iluminados por ellas cuando se inclinaron sobre el mismo.

-¿Veis? Está en la base, mucho más profundo de lo que creíamos.


Texto de Draughleth