Mostrando entradas con la etiqueta Enanos del Caos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enanos del Caos. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de mayo de 2018

5.3. Finulein Sin Tierra (Altos Elfos) VS Ernuzhk Espadahumeante (Enanos del caos)

Finulein observó las filas y filas de guerreros que luchaban a su lado, las lanzas élficas refulgían con una luz brillante y plateada a pesar del oscuro y lluvioso atardecer. La calma pesaba sobre los silenciosos guerreros elfos mientras esperaban la aparición del enemigo y la tensión era tan palpable que podía masticarse. Solo se escuchaba el repiquetear de la lluvia en los escudos y el rostro gris e imperturbable los elfos se escondían en sombras bajo los yelmos como si estuvieran haciendo frente a la propia lluvia. Finulein se adelantó y escuchó el reporte de unos exploradores que venían con noticias.

-Los enanos sirvientes de los Dioses oscuros se acercan, mi señora. Vienen hacia aquí a través del bosque, avanzan en silencio, marchando en formación y listos para la batalla. Parece que saben que los estamos esperando.- Dijeron los exploradores.

Antes de que Finulein pudiera contestar un estruendoso resplandor rojizo iluminó la tarde. Una llamarada surgió muy por encima de los árboles comenzando un incendio en el espeso bosque frente al que se encontraba desplegado el ejército. La brillante llamarada se reflejó en los ojos de Finulein y vio con terror como formas humanas retorciéndose de dolor en el caótico resplandor. Cuando la llama se extinguió, Finulein dirigió su mirada a la espesura del bosque; entre los árboles vio rugientes llamaradas que lo consumían todo a su paso, y entre las llamaradas vio las metálicas figuras de los enanos del caos, marchando en dirección a la linde del bosque, en silencio, como un solo enano.

Finulein dudó por unos segundos. Nunca antes se había enfrentado al caos en esta forma tan pura. Elfos oscuros, ogros, orcos… Todos aquellos seres eran mortales, seres que vivían y morían como el resto de criaturas de este mundo. Ahora, en esta tierra lejos del hogar, veía cara a cara por primera vez aquello contra lo que su pueblo había luchado durante milenios. La visión del caos es algo terrible hasta para los más fuertes. Un segundo de vacilación, "el último segundo de vacilación de mi vida", pensó Finulein. Desenvainó su espada, que brilló con un tono verdeazulado de satisfacción al entrar en contacto con el agua de la lluvia y ladró con su potente voz de mando a sus tropas que mantuvieran la posición. 

Los enanos salieron del bosque, avanzando de la forma en la que sólo un enano sabe hacer, imparable e impasible, como el movimiento de las montañas, ignorando las flechas que se clavaban en las negras armaduras como si se tratasen de ramitas sin punta. Finulein escuchó un cuerno cruel en flanco izquierdo y vio como unos enormes lobos se abalanzaban sobre sus tropas. No le dio tiempo a lanzar órdenes pero sonrió con orgullo al ver que sus tropas hacían huir en desbandada a esos sucios trasgos sin ayuda. Una llamarada repentina le llamó la atención mientras contemplaba el campo de batalla, tres figuras gigantescas hechas de fuego y hierro habían surgido del incendio del bosque y se dirigían hacia la línea de arqueros élficos. El fuego consumió a los sombríos que intentaron detenerlos y era tan intenso que todo el bosque humeaba con el vapor de la lluvia. Los demonios  ígneos avanzaron, quemándolo todo a su paso hasta llegar a los arqueros, los cuales no dejaron ni un solo momento de disparar flechas.

Con el ojo experto de quien ha comandado a sus tropas en muchas batallas, Finuelin vio las negras tropas de los enanos del caos y a sus jinetes de los Yelmos plateados. Estos estaban trabajando duro, como habían planeado y vio que era el momento. Alzó su espada y sus elfos lo siguieron a la batalla. Frente a la línea enana, una pequeña línea, oculta hasta entonces de asquerosos hobgoblins apareció, disparando sus retorcidos arcos. Finulein y sus guerreros los mataron a todos pero el retraso había sido efectivo. Los Yelmos tuvieron que luchar solos y Ernuhzk había dirigido su humeante espada hacia ellos con cruel satisfacción.

La firme línea elfíca había sido dividida. Los enanos habían conseguido distraer a los elfos con sus demonios infernales y los hobgoblins habían impedido que los elfos cargaran a los enanos. Finulein corría de aquí para allá lanzando órdenes a sus guerreros para recomponer la desperdigada línea cuando la atmósfera se hizo pesada a su alrededor. Cada gota de agua era como una tonelada sobre Finulein. Mover un brazo le era dolorosísimo y sentía todas las articulaciones entumecidas. Un aroma a azufre le invadió y la piel adoptó un tono cobrizo y pétreo Finulein ahogó un grito que no pudo salir de una garganta pétrea.

Una voz burlona susurró en su aterrado oído:
-Esto es lo que te mereces, chiquilla. Por jugar con quien no debías.



Autor: Rafa Doñate


domingo, 15 de abril de 2018

Ronda 4.4 Príncipe Lindir (Altos elfos) y ejército de Grunghtam el sabio (Enanos) VS Muchachoz de Grimgor (Orcos) y Ernuzhk Espadahumante (Enanos del Caos)

De nuevo, sin saber exactamente cómo ocurría, Ernuzhk contempló con ira cómo la batalla se volvía en su contra. Mientras él y sus guerreros marchaban al combate lo más rápido que podían, tenía que observar con impotencia como ese maldito orco negro se estrellaba contra el enemigo en el flanco derecho, sin esperarle, atacando por su cuenta. Sabía perfectamente que Grimgor le odiaba y que le había sido difícil olvidar su pasado como esclavo en las oscuras minas enanas del Este, pero también era consciente de que era lo suficientemente buen guerrero como saber que era un suicidio lanzarse de esa manera, sin esperarle, contra el muro de lanzas y artillería que sus enemigos habían alzado. Gritó y maldijo, invocando al Padre de la Oscuridad para que hiciese caer su venganza contra aquel piel verde estúpido. Frente a él, el retumbar de los corceles élficos le alertó de que la marea resplandeciente de Caledor se cernía sobre ellos y decidió que, mientras él viviese, ninguno de sus enanos iba a morir por la estupidez de un orco. Dibujó runas en el aire, invocando a los poderes oscuros que viven en las entrañas de la tierra para que les envolviesen con el manto protector de una nube negra; unos minutos después, empujada por un viento fresco del mar, la humareda mágica se dispersó y descubrió una llanura vacía allí donde antes estaban Ernuzhk y sus soldados. Desde algún lugar lejos de allí, el Enano del Caos esperaba que Grimgor muriese en aquel enfrentamiento perdido al que él mismo se había lanzado, aunque intuía que no sería tan fácil deshacerse de aquel incómodo aliado.

Autor: Ximo Soler

domingo, 1 de abril de 2018

Final Fase 3: Contubernio del mal


La enormes hogueras hacías que las sombras del interior de  la tienda bailaran como si fueran demonios frenéticos. Los tambores y los gritos de los orcos zalvajez no ayudaban a relajarse. Pocas veces había estado Samuel Sime en una tienda con unos generales como estos, Grimgor era una montaña de músculos tan grande como el propio ogro y el aura de violencia que transmitía con cada movimiento solo hacía que a Samuel le hiciera padecer un dolor de cabeza justo detrás de los ojos y unas ganas de aporrear a alguien como solo había sentido en plena batalla, como cuando estás con el barro y la sangre hasta los ojos y solo piensas en darle una patada en la cara al soldado que está en el suelo y que tienes que evitar que se levante, porque si no, te dará la patada a ti.

El orco habló:
-¿Zamuel, tú que opinaz?

Samuel volvió de las profundidades de su mente.
-¿Eh? Sí... Esto... Hemos sufrido bajas, la cabrona de Finulein nos pegó muy duro, pero nosotros lo somos más. Por lo que me han contado los exploradores, han tomado presos a muchos de mis soldados. ¡Ja! -Rió de forma amarga- debería haber matado a esa panda de perros... Conozco a los que se llevó y son una panda de hijos de puta que vana hacer la vida imposible a esa elfa. Los escogí personalmente después de un asalto a una fortaleza de los Hombres rata, habían sobrevivido varios meses en las jaulas de las ratas... Que aprovechen las vacaciones que han cogido de los elfos. Cuando los vuelva a coger ¡Van a saber lo que es trabajar!

-Me alegra zaber que tuz chicoz zon chicoz duroz, ¡Pero los chicoz duroz no valen para nada zi eztan con loz elfoz!- Dijo Grimgor dando un puñetazo en la mesa.- ¡Loz cochinoz elfoz noz eztán deztrozando! ¡No eztamos conziguiendo ninguna pozizión! ¡Tenemoz que llegar a eza fortaleza de alguna forma!

-Eso es cierto Grimgor- Intervino Yuggath- El camino que dijo el enano estaba mejor defendido de lo que esperábamos.

-¡Tu cállate Yugazz! ¡Todoz hemoz vizto como te agarrabaz laz faldaz y zalíaz corriendo delante del elfo de loz caballoz! -Gimgor hizo un gesto teatral burlón con las manoz- Dizez Uuuuuuuuh... Y hazez muchaz cozaz con laz manoz y dizez muchaz palabrejaz raraz y la gente muere cuando hazez ezo... ¡Pero no zabez nada de comandar tropaz y de luchar de verdad! Dijizte que el enano aquel de la crezta naranja lo habíaz matado pero me tocó a mí acabar el trabajo.

Samuel Sime sintió un escalofrío en la nuca, en parte por las dos enormes bestias discutiendo delante de él y en parte por la extraña voz susurrante que en un rincón de la tienda dijo:

-El enano del que habláis sigue con vida, está herido de por vida por lo que habéis hecho los dos, pero vive y lucha como siempre.

Una de las sombras de la tienda dejó de bailar al son de los tambores orcos y se hizo más densa, casi material. La sombra habló:

-Me envía mi amo Ernhuzk, el enano no ha conseguido establecer su posición, no tendréis el apoyo por su parte, el elfo que llamáis Isgaard si ha conseguido su plan, su posición es adecuada para el asalto. Decidme y le entregaré la información a los otros generales ¿Habéis conseguido vuestras posiciones? ¿El asalto a la torre es la que planeamos? Contestadme y enviaré las respuestas a mi amo Ernhuzk.

El ogro se acercó a la pequeña y sibilante criatura del caos y le dijo:

-Dile a tu amo que no hemos conseguido las posiciones, el camino estaba defendido, intentamos emboscar a los enanos pero fue una trampa y Lindir nos atrapó y rompió nuestras filas. Finulein también destrozó el flanco oeste con el que Samuel protegía nuestra posición y hemos tenido que huir al norte, necesitamos saber la posición de Ernuzhk y si podemos apoyarnos en él para marchar a la torre. A pesar de eso, creemos que podemos tomar la torre por asalto si cargamos por el camino del sur, no es el plan que habíamos acordado, pero si Isgaard está donde acordamos, quizá el asalto deba ser por ahí.

La criatura asintió, y con una sonrisa malévola contestó:
-Transmitiré la información a mi amo... ¡Ah, por cierto! Vuestros enemigos están a punto de abrir la cámara y de desvelar sus secretos... Están tardando mucho, pues no tienen ni idea de como funciona esa cámara- El demonio pareció complacido por ese dato- Es tan fácil de abrir que hasta uno de vuestros cachorros podría hacerlo... Menos mal que sois vosotros los que contáis con mi ayuda... Espero que podáis conseguir pronto llegar hasta ahí pues como utilicen el Artefacto no podréis contar conmigo...

Y los ojos se fundieron con la sombra y desaparecieron.

-Malditos demonios, son traicioneros y malvados, esta campaña no acabará bien si la dejamos en sus manos - Dijo Samuel Sime. Aunque en su interior pensaba que era una buena forma de transmitir órdenes a sus tropas... si se pudiera eliminar de alguna forma la capacidad que tenían de mentir y de transformar todo lo que dicen a su antojo... Quizá sean útiles.

Autor: Draughleth



miércoles, 28 de febrero de 2018

Final de la fase 2: Contubernio de la Destrucción

El enano y el elfo se miraron.

El enano hizo un gesto a los guerreros que le acompañaban. Estos, con una reverencia se dieron la vuelta y desaparecieron entre los árboles que los rodeaban. El elfo hizo también un gesto con la mano. Un leve susurro se escuchó entre las hojas de los árboles. En el centro del claro había una pequeña roca sobre un pedestal. No tenía nada relevante, más allá de que se elevaba unos pocos centímetros del suelo y unas extrañas runas brillaban de forma tenue en su superficie.

-¡Saludos mi señor Herrero demoníaco Enruzhk Espadahumeante! –Saludó con teatralidad- ¿Cómo van esas exitosas campañas contra mis odiados hermanos?

-Déjate de tonterías burlonas, principito. Tus tropas han huido como ratas cobardes ante ese viejo marinero de Astrohz.

-¡Al menos plantamos cara al enemigo y matamos elfos! ¿De qué ha servido tu táctica? Lindir sigue marchando dando caza a mis exploradores. –Alzó la voz, gesticulando mientras se movía nervioso por el claro -¡A Grimgor le han destrozado por completo esa tribu de monstruos que tiene por infantería! ¡Del Ogro no sabemos nada! y esos humanos despreciables… ¡Aún querrán más dinero para reponer las bajas, estoy convencido de que nos están estafando!

-Te recuerdo, Isgaard, que soy yo el que está financiando toda esta incursión. Mis amos están descontentos con cómo están saliendo las cosas y tú los conoces bien. Sé los tratos que has hecho con ellos y los esclavos que les has llevado. –Sonrió de forma sombría- Los esclavos humanos no están muy cotizados últimamente deberías saber, y a pesar de que llevaste una buena cantidad, está muriendo en los hornos demasiado rápido. Podemos retirar el apoyo en cualquier momento así que necesitamos que esto salga bien.

-Sabes de sobra, enano, que tengo órdenes dictadas y firmadas por el propio Malekith, que tus enanos retiren el apoyo significará la guerra entre legitimo rey fénix y tus señores oscuros.

-Ese papel no me asusta, ni a mis señores tampoco. –Ladró el enano- Si tu reyezuelo quiere venir a por nosotros ten por seguro que lo estaremos esperando.

El enano y el elfo se miraron, con el odio y el desprecio con el que se miran los enemigos. La tensión duró un instante, los símbolos de la pequeña roca brillaban con tal intensidad que iluminaban todo el claro de forma obscena. Al final, el elfo bajó la mano que había llevado a la espada con gesto de cansancio y suspiró. El enano no se había movido un milímetro, aunque parecía que sus colmillos se habían hecho más grandes mientras mantenía la mirada fija en el elfo. Aun así la tensión se disipó, y la roca dejó de brillar poco a poco.

-Ernuhzk, nos conocemos desde hace años, llevamos casi un siglo comprando y vendiendo esclavos y hasta ahora no habíamos trabajado juntos en una campaña como esta. Nuestros odiados hermanos van a atacarnos y a acosarnos y necesitamos reagruparnos de alguna forma, hay que contraatacar. Están luchando como un bloque unido y por ello nos están machacando. 

El enano cambió su expresión, sus rasgos se suavizaron y sus colmillos parecieron decrecer. Después de unos segundos de meditación el enano dijo:

-Tienes razón. Mis augures me dicen que están reconstruyendo la ciudad de tus antepasados, el ataque vendrá seguramente de allí. Sabemos que hay un paso por el que quizá podamos cogerlos desprevenidos. Pero estamos muy lejos, pues es el paso comienza a unos pocos kilómetros al oeste de la ciudad, y en algunos de ellos bordea los acantilados de la costa. Si reagrupamos a nuestros aliados, quizá podamos tener una oportunidad de atacarles por la retaguardia.

-¡Y entonces el tesoro de Tol Tal-Harin será nuestro!


lunes, 19 de febrero de 2018

Ronda 2.4 Príncipe Lindir de Caledor (Altos elfos) VS Ernuhz Espadahumeante (Enanos del Caos)

El Príncipe Lindir evaluó otra vez la situación, totalmente reestablecido de sus heridas el príncipe no quería repetir los fallos anteriores y repasó los planes de la batalla. Atacaría al enemigo con la fuerza y la precisión de un auténtico noble de Caledor. Su hechicero y consejero de confianza entró tambaleante en la tienda, en la batalla anterior algo salió mal y el hechicero había padecido fuertes dolores de cabeza desde entonces y notaba un embotamiento de la magia que le impedía pensar con claridad, a pesar de ello, su deber era luchar junto a Lindir, así que aparentó encontrarse bien y dijo:

-Mi señor, los elfos están listos y su caballo preparado.

Lindir alzó la vista del mapa y contestó:

-Bien, gracias Valandil, apunta el día de hoy, pues la batalla que libraremos y la carga que destruirá a nuestros enemigos va a ser gloriosa, digna de canciones.

Y con paso orgulloso, se puso el yelmo y salió de la tienda.

El mago, dejó escapar un suspiro y se dejó caer en una silla con las manos en las sienes, buscando con la mente los Vientos de la Magia que no sentía.


Un trueno recorrió los valles colindantes haciendo temblar las paredes de roca de los acantilados. Ese trueno surgía de los cascos de la caballería pesada de los elfos. Lindir sonreía con orgullo al ver a sus jinetes, los pendones al viento, la luz de la mañana haciendo relucir la punta de las lanzas. Las flechas y virotes silbando en sus oídos no hacían sino aumentar la furia de los jinetes. Se sentían invencibles, como si las flechas se rompieran cada vez que impactaran en ellos. Se sentían como si fueran la ira de los antiguos dioses élficos encarnada.

Una lluvia de virotes rompió totalmente la fuerza de los Yelmos plateados y las flechas abrían huecos entre las filas de los elfos cada vez que encontraban un hueco en la armadura. El enemigo era una línea de aterrorizados arqueros Hobgoblins de los cuales no se podía saber si tenían mas miedo de los salvajes jinetes de acero y plata que cabalgaban hacia ellos o del amasijo de hierro, humo y azufre que eran sus terroríficos esclavistas enanos del caos. Estos se disponían en grandes unidades detrás de las pantallas que formaban los pieles verdes. Oscuros y amenazantes, prometían una buena carnicería a los odiados elfos.

La línea hobgoblin fue aplastada con salvaje brutalidad, la luz de las lanzas se oscureció y se tintó de rojo oscuro de las despreciables criaturas. La mayor parte de ellas, habían huido y corrían para ser trinchadas sin piedad por sus esclavistas Dawi Zharr. Los elfos alzaban sus armas, aullando la victoria sobre los enemigos cuando unos apestosos goblins salieron de entre los atqueros huidos con dos espadas curvas en cada mano y comenzaron a acuchillar a los príncipes dragoneros. El propio Lindir mató a un par y alzando su desproporcionada espada ogro, dirigió a los caballeros que quedaban en dirección a los enanos. El propio Ernuzhk Espadahumeante estaba frente a él, Lindir podía verle el brillo de los amarillentos colmillos. Alzó la espada en desafío con un gesto burlón, haciendo que el humo dibujara formas extrañas y caóticas alrededor de su rostro.

El caballo se irguió sobre sus patas traseras y Lindir usó la inercia de la caída del caballo y desató un terrible golpe de espada contra el deforme y demoníaco rostro del odioso enano. Este no intentó defenderse. Solo sonreía burlonamente mientras veía como caía la espada y su rostro se convertía en humo. Lindir no veía nada, el humo se le metió en los ojos y cayó del caballo. Este se encabritó y huyó mientras los guerreros elfos gritaban y se buscaban unos a otros, desorientados. Nadie los atacó, los caballos huían despavoridos.

Lindir buscó a los enemigos por el humo, desenvainó la espada y trastabilló al tropezar con un elfo caído en el suelo, no estaba muerto pero estaba buscando a sus compañeros. Lindir comprendió qué había pasado y gritó de frustración mientras su hermoso plan de ataque se desvanecía en pedazos.


A pocos kilómetros de allí, Kharthak Corazóndepiedra oteaba con un telescopio arcaico.

-Mi gran señor Ernuzhk, el plan ha surgido según sus deseos, el engaño ha sido entretejido y los esclavos han actuado como se les ha sido ordenado.

El enano del caos se irguió de la litera con una mueca de dolor en su deformado rostro. Frente a los otros generales de la conspiración había funcionado el engaño de que Ernuzhk estaba en buena forma, pero lo cierto es que la herida de la última batalla había dejado al enano y al resto del ejército en malas condiciones para afrontar una batalla como la que se les había presentado.

-Bien, Kharthak demos gracias a Hashut y esperemos que pronto podamos llevar la muerte y la destrucción a nuestros enemigos. Avisa al sanador, necesito que se me cambien los vendajes por unos nuevos. Y haz que traigan un esclavo sano y fuerte, necesito alimentarme también.



La batalla ha sido reñida y divertida, se ha jugado el escenario Batalla por el paso del Reglamento de Reforged, se ha acabado en el turno 5, justo cuando comenzaba el combate, resultando en un empate a 400 puntos.
Despliegue elfo

Despliegue enano


La carga está a punto