Mostrando entradas con la etiqueta Liguilla Reforged. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Liguilla Reforged. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de mayo de 2018

5.3. Finulein Sin Tierra (Altos Elfos) VS Ernuzhk Espadahumeante (Enanos del caos)

Finulein observó las filas y filas de guerreros que luchaban a su lado, las lanzas élficas refulgían con una luz brillante y plateada a pesar del oscuro y lluvioso atardecer. La calma pesaba sobre los silenciosos guerreros elfos mientras esperaban la aparición del enemigo y la tensión era tan palpable que podía masticarse. Solo se escuchaba el repiquetear de la lluvia en los escudos y el rostro gris e imperturbable los elfos se escondían en sombras bajo los yelmos como si estuvieran haciendo frente a la propia lluvia. Finulein se adelantó y escuchó el reporte de unos exploradores que venían con noticias.

-Los enanos sirvientes de los Dioses oscuros se acercan, mi señora. Vienen hacia aquí a través del bosque, avanzan en silencio, marchando en formación y listos para la batalla. Parece que saben que los estamos esperando.- Dijeron los exploradores.

Antes de que Finulein pudiera contestar un estruendoso resplandor rojizo iluminó la tarde. Una llamarada surgió muy por encima de los árboles comenzando un incendio en el espeso bosque frente al que se encontraba desplegado el ejército. La brillante llamarada se reflejó en los ojos de Finulein y vio con terror como formas humanas retorciéndose de dolor en el caótico resplandor. Cuando la llama se extinguió, Finulein dirigió su mirada a la espesura del bosque; entre los árboles vio rugientes llamaradas que lo consumían todo a su paso, y entre las llamaradas vio las metálicas figuras de los enanos del caos, marchando en dirección a la linde del bosque, en silencio, como un solo enano.

Finulein dudó por unos segundos. Nunca antes se había enfrentado al caos en esta forma tan pura. Elfos oscuros, ogros, orcos… Todos aquellos seres eran mortales, seres que vivían y morían como el resto de criaturas de este mundo. Ahora, en esta tierra lejos del hogar, veía cara a cara por primera vez aquello contra lo que su pueblo había luchado durante milenios. La visión del caos es algo terrible hasta para los más fuertes. Un segundo de vacilación, "el último segundo de vacilación de mi vida", pensó Finulein. Desenvainó su espada, que brilló con un tono verdeazulado de satisfacción al entrar en contacto con el agua de la lluvia y ladró con su potente voz de mando a sus tropas que mantuvieran la posición. 

Los enanos salieron del bosque, avanzando de la forma en la que sólo un enano sabe hacer, imparable e impasible, como el movimiento de las montañas, ignorando las flechas que se clavaban en las negras armaduras como si se tratasen de ramitas sin punta. Finulein escuchó un cuerno cruel en flanco izquierdo y vio como unos enormes lobos se abalanzaban sobre sus tropas. No le dio tiempo a lanzar órdenes pero sonrió con orgullo al ver que sus tropas hacían huir en desbandada a esos sucios trasgos sin ayuda. Una llamarada repentina le llamó la atención mientras contemplaba el campo de batalla, tres figuras gigantescas hechas de fuego y hierro habían surgido del incendio del bosque y se dirigían hacia la línea de arqueros élficos. El fuego consumió a los sombríos que intentaron detenerlos y era tan intenso que todo el bosque humeaba con el vapor de la lluvia. Los demonios  ígneos avanzaron, quemándolo todo a su paso hasta llegar a los arqueros, los cuales no dejaron ni un solo momento de disparar flechas.

Con el ojo experto de quien ha comandado a sus tropas en muchas batallas, Finuelin vio las negras tropas de los enanos del caos y a sus jinetes de los Yelmos plateados. Estos estaban trabajando duro, como habían planeado y vio que era el momento. Alzó su espada y sus elfos lo siguieron a la batalla. Frente a la línea enana, una pequeña línea, oculta hasta entonces de asquerosos hobgoblins apareció, disparando sus retorcidos arcos. Finulein y sus guerreros los mataron a todos pero el retraso había sido efectivo. Los Yelmos tuvieron que luchar solos y Ernuhzk había dirigido su humeante espada hacia ellos con cruel satisfacción.

La firme línea elfíca había sido dividida. Los enanos habían conseguido distraer a los elfos con sus demonios infernales y los hobgoblins habían impedido que los elfos cargaran a los enanos. Finulein corría de aquí para allá lanzando órdenes a sus guerreros para recomponer la desperdigada línea cuando la atmósfera se hizo pesada a su alrededor. Cada gota de agua era como una tonelada sobre Finulein. Mover un brazo le era dolorosísimo y sentía todas las articulaciones entumecidas. Un aroma a azufre le invadió y la piel adoptó un tono cobrizo y pétreo Finulein ahogó un grito que no pudo salir de una garganta pétrea.

Una voz burlona susurró en su aterrado oído:
-Esto es lo que te mereces, chiquilla. Por jugar con quien no debías.



Autor: Rafa Doñate


martes, 1 de mayo de 2018

5.1. Píncipe Lindir y Cazadores de Úlfgar El Carnicero VS Mercenarios de Samuel Sime y Incursores de Isgaard Mantonocturno.

El sonido del hueso al partirse arrancó una sonrisa cansina a Úlfgar El Carnicero, mientras el pecho de aquel humano se hacía astillas. El Matador estaba empezando a cansarse de aquella campaña, al principio había creído que esa alianza de enemigos supondría un peligro real... lo cierto es que al principio lo había parecido así, pero ahora no se diferenciaba en nada de sacudir elfitos.

–Si, Craneo, ya sé que en parte esta guerra ha consistido en sacudir elfitos, pero me entiendes –dijo mientras bloqueaba una alabarda y partía el arma por el hasta–. Lo que me refiero es que me hago mayor y necesito algo más, creía que aquí podría encontrar una muerte gloriosa, pero me parece que no va a ser así.

A sus pies cayeron dos confundidos humanos más, mutilados en las formas creativas que su humor dictaba aquella mañana. Un mercenario cargaba contra él, espada en ristre, pero Úlfgar desenfundó un cuchillo de caza que llevaba al cinto y lo lanzó contra el atacante, que se desplomó fulminado con un palmo de acero allí donde solo tendría que haber materia gris.

–No lo sé, Cráneo, creo que estoy perdiendo la pasión por mi trabajo. No, no, en serio, lo he meditado, siempre es lo mismo. Llego a un sitio, mato gente o decapito un monstruo y me voy. ¿Y para qué? Nunca encuentro un rival a mi altura.

Dio un puñetazo en la entrepierna a un humano, que cayó de rodillas y sacó una pistola en un desesperado intento por salvar su vida; Úlfgar le arrebató el arma con desgana, le metió el cañón en la boca al pobre infeliz y apretó el gatillo. La nube de sangre, hueso y sesos palpitantes impactó en la cara de otro mercenario, que quedó ciego durante un instante y fue decapitado por uno de los cazadores enanos.

–A veces pienso que no hay nada en el mundo que vaya a sorprenderme... mucho menos que pueda darme la muerta que busco.

Entonces, mientras la infantería enemiga se barría en retirada, Úlfgar miró a lo lejos y vio al Príncipe Lindir y sus caballeros dragoneros, rodeados de enemigos y vendiendo caras sus vidas. Poco a poco, los guerreros de Caledor iban cayendo uno a uno abrumados por su inferioridad numérica, pero todos ellos dispuestos a vender cara su vida con honor. El Matador se quedó un instante contemplando la escena, pensativo.

–Cállate, Cráneo. No. ¿Y tú qué sabes? ¿Ironía? La ironía es para los bardos, yo soy un guerrero. Mira, ¿sabes qué te digo? Qué estás colgado del estandarte de Waldruf, se supone que estás demasiado lejos para que te escuche. ¡Así que silencio!

Úlfgar empuñó su hacha de combate y se encaminó de nuevo a la refriega, jamás pensó que diría aquello, pero tenía que salvar a un elfo que merecía vivir.


Autor: Ximo Soler.






lunes, 30 de abril de 2018

Final fase 4 Contubernio del mal

-Ven, acércate mi pequeña criatura. Infórmame de los avances ¿Por qué la Torre no ha caído todavía? ¿Hay retrasos? ¿Resistencia? ¿Los generales que elegiste no han sido los campeones que esperábamos? Los elegiste personalmente y tú mismo te encargaste de que tuvieran... la motivación necesaria… ¿Acaso nos han traicionado? ¿Acaso… me has traicionado?

Dejó que las palabras cayeran, amenazantes sobre la pequeña criatura que se encogía frente a sus pies. Cuando la misma dejó de temblar y susurrar, una pequeña voz susurró.

-Los Asur y los Dawi han… han unido fuerzas… no esperábamos que fueran tan poderosos…

-¿¡Esos perros!?- La voz reverberó a través de las nieblas gris azulado que los envolvían- ¿No estaban matándose entre ellos al otro lado del mundo?

La pequeña voz tardó un poco más en dejar de temblar y sollozar esta vez.

-Mi señor, eso ocurrió… quiero decir, hace… miles de años de aquello… debería usted recordar…- jadeó la figura.

-¡Silencio gusano! Es cierto… -Reflexionó olvidando a su sirviente- El tiempo de este lugar me deshace la mente. –Pareció dudar unos momentos- Esa guerra está en el pasado, y en mi futuro… - Una ráfaga de dolor cruzó su rostro.- ¡Maldita sea esta prisión! ¡Esclavo!

Entre jadeos entrecortados la figura consiguió articular:
-¿Si, mi señor?

-Háblame, cuéntame quiénes son nuestros generales, dime quién puede ser el que nos está traicionando. ¿Cómo te presentaste ante ellos? ¿Cómo es que te siguieron a ti, una pequeña y horrible criatura a esta campaña catastrófica. ¿Cuántos de ellos conocen nuestra existencia? ¿Cuántos saben… de mí y de mi propósito?

-Maestro, ninguno sabe nada de vos, ni vuestro nombre, como pidió… Salvo… El Dawi Zharr sabe que sirvo a otro… Y dedica plegarias, ritos y sacrificios al Toro de fuego en su honor. Me presenté en el Templo al Gran Tauro y pedí un voluntario para mi señor. Ernuhzk se ofreció voluntario y le entregué una copia del mapa para llegar hasta aquí.

-Sabes que aquí ni debes pronunciar el nombre del Gran Tauro, ni ninguno de los otros… Ves con cuidado gusano, pues ni siquiera fuera de este lugar deberías mancillar sus nombres con tu vil lengua… Así pues el Dawi Zharr parece el más entregado a la causa… Continúa.

-Las elfas brujas me acogieron cuando me presenté como un viajero que venía del norte… Me agasajaron y me trataron como a un rey, fingí quedarme dormido por el dulce veneno que habían echado en mi copa nada más entrar en su templo y dejé que me cortaran el cuello y me robaran el pergamino. Sabía que tarde o temprano informarían a su príncipe del hallazgo y este, ansiando la fama y la fortuna para sí mismo, falsificó la firma del mismísimo Rey Brujo y huyó con su ejército de Naggaroth. Ahora mismo pesa sobre él una condena a serle arrancada el alma del cuerpo. Nadie corre riesgos así si no está convencido de lo que hace. Cree que volver con un tesoro que poner a los pies del Rey Brujo le concederá el perdón y la vida.

-Un Asur avaricioso y traicionero… Lo que me faltaba por ver- Exclamó, burlón la gran voz.

-El rey orco no nos adora, ni nos rinde culto. Esas bestias no adoran más que la fuerza y la violencia. EL mapa cayó en manos de una tribu orca que estaba en el camino del kaudillo más poderoso en nuestros días. Afortunadamente es uno de los pocos kaudillos que sabe leer aunque tenga que seguir las palabras con el dedo y mueva los labios mientras lo hace. La alianza fue más compleja, fue necesario el ogro para ella.

-El Orco nos ha dado victorias, pero hiciste mal en escogerle y te castigué por ello. Su destino es más grande que esto y no nos dará la victoria de buen grado. Es el eslabón frágil de nuestra alianza pero no es el traidor, no conscientemente, al menos.

-El Ogro fue necesario. Lo encontré en las Montañas del Este y me lanzó sus monstruos contra mí. Su tribu lo venera así que tuve que ganarme su confianza y enseñarle secretos… Sabe… Sabe que le sirvo… Pero no le he dicho su nombre… Y sabe que el artefacto es de gran poder. Para que funcionara la alianza conseguí que medio mapa cayera en sus manos por medio de un mercader de la Ruta de la Seda y mediante sueños sugerí que la otra mitad estaba en manos de Grimgor. Nadie ha vencido a la bestia así que el brujo ogro optó por la alianza.

-El brujo ogro sabe mucho, por lo que me estás contando… ¿Lo ha contado al resto de generales? No contestes gusano, no creo que lo haya hecho… Si es inteligente no confiará en ellos… Aunque si lo fuera tampoco debería haber confiado en ti… En fin ¿Y el humano? Los humanos siempre han sido buenos peones en nuestras guerras y sirven gustosamente, lo quieran o no… ¿Esta pequeña marioneta juega bien al juego?

-Durante años le he seguido y he guiado no pocas veces su fortuna, a pesar de eso no me conoce apenas. Tiene cuentas pendientes con uno de los Asur pero su corazón no nos pertenece así que luchará hasta donde el oro llegue.

-Es el que menos nos conoce, eso está bien… ¿Y cómo están ahora?

La pequeña criatura había dejado de temblar mientras hablaba y su voz había tomado un tono firme al hablar de sus logros y su trabajo. La pregunta hizo que los ojos de la gran criatura azulada se fijaron en la pequeña y sintió derretirse ante el poder y el odio que irradiaba desde su plumaje iridescente. Los temblores volvieron.

-El ta- tablero está dispuesto, mi señor… -Se arrodilló- Los ejércitos están desmoralizados pero aún tienen fuerza y poder… Si toman la torre al asalto todavía pueden acabar con la resistencia. Pe-pero en cuanto entren en el asedio perderán nuestro favor y no podremos protegerles. Son guerreros poderosos pe-pero puede que mueran, señor. Lo sabe… Van a a-atacar una vez. Que-queríamos un asedio prolongado y matarlos de hambre… Pe-pero va a tener que ser un ataque total a la torre.

-Bien lo sé, y va a ser sangriento y brutal. Los Dioses nos abandonaron a nuestro destino… Y ese destino está ahora en manos de meros mortales, inconscientes de lo que les aguarda bajo el Velo.


Texto: Rafa Doñate

domingo, 29 de abril de 2018

Final de fase 4 Concilio del Orden

Lieredan hinchó el pecho con orgullo, mientras veía avanzar las columnas de Elfos y Enanos hacia el interior del valle. Si su padre pudiese contemprarles, seguro que se sentiría orgulloso de que formase parte de las falanges de lanceros Asur que ejercían de columna vertebral élfica en aquella campaña. Sin embargo, no estaba segura de qué pensaría si supiese que, a tan solo unos metros de distancia, un férreo grupo de ballesteros enanos marchaban junto a ella. Los tiempos cambiaban, pensó, y muchas cosas también lo harían cuando la Guerra de Tor Tal-Harin –como empezaban a llamarla los soldados– llegase a su fin. Sin embargo, ocurriese lo que ocurriese en el futuro, Leredan siempre podría decir con orgullo que ella estuvo allí, luchando contra enemigos de todos los rincones del mundo, y que su escudo siempre había resistido.

Un grupo de mensajeros a caballo pasó al lado de su unidad, como empujados por la brisa marina, hasta el frente de la columna, donde la Almirante Finulein y su alto mando compartían la caminata de sus soldados. Empezaban a correr muchos rumores sobre ella y el resto de comandantes de la alianza, aunque era difícil diferenciar los que eran verdad de las exageraciones o, también, los que eran pura fantasía. Fuese como fuese, cada noble y cada plebeyo que combatía en aquella inhóspita tierra tenía la seguridad de estar participando en algo grande para Ulthuan, una victoria como la que no se veía desde que los ejércitos del Caos se estrellaron contra los muros de Middenheim... aunque bien es cierto que la hueste no estaba comandada por Teclis y que sus enemigos no estaban a la altura del Señor del Fin de los Tiempos, aunque lo cierto es que no había habido conflictos a gran escala desde entonces. En los últimos trece años, a excepción de sucesos como el último intento fracasado Druchii de invadir Ulthuan, el mundo se había visto envuelto en una extraña calma, como si hubiese necesitado recuperarse de aquella tormenta.

Sin embargo, se rumoreaba que las cavernas que había bajo Tor Tal-Harin contenían un secreto ancestral... de la época en la que los dioses caminaban sobre la Tierra y Aenarion era un joven viajero en un mundo donde no existían el mal ni la corrupción del Caos. Si eso era cierto, ¿qué podrían descubrir? Los adeptos que trabajaban intentando acceder a esos secretos hablaban poco, pero lo hacían, y aquí y allá se habían ido filtrando ideas, noticias y temores: los comandantes habían ordenado apostar una batería fortificada de artillería enana y a los mejores guerreros de los que podían prescindir en la campaña, pues se habían escuchado extraños ruidos al otro lado de la puerta. Si allí dentro había algo hostil iban a estar preparados, aunque debía reconocer que sentía cierto alivio de no haber sido destinada a la guarnición subterránea.

Los cuernos y trompetas sonaron y las huestes respondieron de forma ordenada, llegados a ese punto los diferentes ejércitos se movilizaban en direcciones distintas para encarar a un enemigo que se encontraba disperso por el territorio y desorganizado. Lieredan volvió a sonreír, confiada en lo que le depararía el futuro; el sol brillaba sobre el firmamento, los estandartes ondeaban al viento y la alianza entre Enanos y Altos elfos marchaba a la batalla.

Autor: Ximo Soler


domingo, 15 de abril de 2018

Ronda 4.4 Príncipe Lindir (Altos elfos) y ejército de Grunghtam el sabio (Enanos) VS Muchachoz de Grimgor (Orcos) y Ernuzhk Espadahumante (Enanos del Caos)

De nuevo, sin saber exactamente cómo ocurría, Ernuzhk contempló con ira cómo la batalla se volvía en su contra. Mientras él y sus guerreros marchaban al combate lo más rápido que podían, tenía que observar con impotencia como ese maldito orco negro se estrellaba contra el enemigo en el flanco derecho, sin esperarle, atacando por su cuenta. Sabía perfectamente que Grimgor le odiaba y que le había sido difícil olvidar su pasado como esclavo en las oscuras minas enanas del Este, pero también era consciente de que era lo suficientemente buen guerrero como saber que era un suicidio lanzarse de esa manera, sin esperarle, contra el muro de lanzas y artillería que sus enemigos habían alzado. Gritó y maldijo, invocando al Padre de la Oscuridad para que hiciese caer su venganza contra aquel piel verde estúpido. Frente a él, el retumbar de los corceles élficos le alertó de que la marea resplandeciente de Caledor se cernía sobre ellos y decidió que, mientras él viviese, ninguno de sus enanos iba a morir por la estupidez de un orco. Dibujó runas en el aire, invocando a los poderes oscuros que viven en las entrañas de la tierra para que les envolviesen con el manto protector de una nube negra; unos minutos después, empujada por un viento fresco del mar, la humareda mágica se dispersó y descubrió una llanura vacía allí donde antes estaban Ernuzhk y sus soldados. Desde algún lugar lejos de allí, el Enano del Caos esperaba que Grimgor muriese en aquel enfrentamiento perdido al que él mismo se había lanzado, aunque intuía que no sería tan fácil deshacerse de aquel incómodo aliado.

Autor: Ximo Soler

Ronda 4.3. Cazadores de Úlfgar el Carnicero (Enanos) VS Mercenarios de Samuel Sime (Mercenarios)

Querida Arianna, lamento no haberte podido escribir antes. Las cosas no van bien, estoy demasiado cansado de esta maldita campaña y de mentir a mis soldados como para engañarte a ti también. Los dos últimos días los he pasado en la cama con fiebres, el médico dice que tengo suerte de seguir con vida, pero no te preocupes porque en estos momentos me encuentro restablecido. Debo confesarte que estoy desesperado, estos malditos perros son impermeables a la disciplina y el sentido común, huyen cuando deberían atacar y luchan cuando lo sensato sería retirarse... y nuestros patronos pierden la paciencia. La hueste con la que empezamos la campaña está absolutamente diezmada, hemos reunido a los supervivientes para defender el territorio en torno a nuestro campamento, a la espera del inminente ataque. 

Si hoy sigo en pie es gracias a Granizo, que me ha sacado con vida de las situaciones más comprometidas. Sin duda, es el soldado en quién más puedo confiar en este momento, ya que si mis hombres no se han amotinado es simplemente por la amenaza que suponen nuestros enemigos. En la última batalla intentamos rodear a un grupo de enanos sin ningún éxito, sus exploradores consiguieron neutralizar a mis arcabuceros y a la balista casi sin esfuerzo, dejándonos sin opciones de victoria. ¡Maldita sea, cada vez que esos malditos enanos y elfos nos disparan una ráfaga, el ejército de delincuentes que gobierno se bate en desbandada! Ojalá tuviesen el mismo valor en el campo de batalla que en las tabernas, donde todos se consideran asesinos y generales de renombre. Sin duda, montaría sobre Granizo y volvería contigo ahora mismo si no fuese porque debo cumplir el contrato firmado con nuestros pagadores, así que me quedaré y lucharé una vez más, pues no me restan hombres para muchos más enfrentamientos. Tan solo espero que la fortuna me siga sonriendo como hasta ahora y las alas de Granizo me mantengan alejado de la muerte. Junto con esta carta te envío todo el oro que he ganado hasta ahora, con él tendrás para subsistir una buena temporada si a mi me ocurriese algo, los mensajeros son personas de confianza a quién ya he recurrido otras veces para misiones especiales. Rezo todas las noches, como me pediste, aunque solo lo hago por ti y por el pequeño Matías, a la gente como a mi solo nos escuchan los dioses de la oscuridad y no quiero tener tratos con ellos. No más de los que he tenido ya en las últimas semanas... a veces me gustaría que los dioses del bien y la luz atendiesen con tanta asiduidad a los mortales como sus enemigos de la oscuridad. Pero ya está bien de divagar, el amanecer se acerca y tengo responsabilidades que atender. 

Nos veremos pronto, amor mío, te lo prometo. Dile a Matías que su padre le llevará un regalo cuando vuelva a casa. Siempre tuyo, desde algún lugar de los Reinos Fronterizos. 

Capitán Samuel Sime. 


Autor: Ximo Soler

4.1 Corsarios de Finulein (Altos elfos) VS Incursores de Isgaard Mantonocturno (Elfos Oscuros)

Arathar cruzó la explanada que había frente a la granja, usando su aura mágica para evitar mojarse con la lluvia que empezaba a caer. A su alrededor, los Asur se apresuraban a levantar un campamento defensivo y a tratar a los heridos; desde el momento en que Finulein había sido derribada el mando de la hueste élfica había recaído en él, algo que le incomodaba. La almirante era una gran estratega tanto en el campo de batalla como en la gestión del ejército sobre el territorio, pero él siempre se había sentido más cómodo entre libros... no tenía madera de militar y mucho menos de líder. Comprobó que los guerreros de Hoeth heridos se encontraban todo lo bien que permitía su situación y, sin perder más el tiempo, abrió la puerta de la granja. En seguida, el olor de la sangre y los gemidos de agonía lo transportaron a la realidad de un hospital de campaña, un mundo que él mismo había conocido en los últimos enfrentamientos y algo que no le deseaba a nadie. Una oleada de rabia le inundó al pensar en los buenos elfos y elfas que había perdido la vida en aquella jornada, gotas irrecuperables en el mar de un pueblo que se secaba; la muerte de cada hijo e hija de Ulthuan era un drama irreparable que Arathar desearía tener el poder de evitar. Por eso tenía tantas esperanzas puestas en los secretos que se ocultaban tras las grandes puertas de la Cámara, deseaba obtener el conocimiento y el poder suficientes para salvar a su pueblo de morir marchitado como una flor en invierno. 

Sobre la mesa más grande de la granja, un médico-hechicero cauterizaba la herida de Finulein que, con el torso completamente descubierto, era sostenida por dos fornidos Yelmos Plateados; aunque, por sus rostros, era evidente que ambos hubiesen preferido estar al frente de una carga suicida. La Almirante se se revolvió durante un momento y, al terminar la cura de emergencia, relajó todos los músculos de su cuerpo, exhausta. Arathar despachó a los presentes y la tapó con su propia capa, a la espera de que recuperase fuerzas. 

–Informe... –puede que el cuerpo de la bastarda de Finubar estuviese débil, pero su mente y su mirada seguían siendo de acero– Dime cuántas bajas. 

–Demasiadas, como siempre. Pero muchas menos de las que temíamos. Un buen número de milicianos y Yelmos Plateados; los Maestros de la Espada que te cubrieron cuando fuiste herida han sido diezmados, pero aquellas guerreras no se detenían a rematar a los heridos, por lo que muchos de ellos volverán a ponerse en pie. Como te he dicho, demasiadas bajas, pero el grueso del ejército ha salido indemne. 

–Gracias a ti... Hoy mucha gente te debemos la vida.

–Los vientos de la magia son caprichosos en estas tierras... creo que el artefacto interfiere en ellos de alguna manera. Hoy hemos tenido suerte. 

–No te menosprecies, amigo, las cosas habrían sido muy distintas si no hubieses acompañado a la flota. ¿Qué sabemos del príncipe oscuro? 

–Nada, tras la huida general de los druchii, los exploradores y los jinetes que aún podían combatir se han lanzado en su persecución, pero todavía no tenemos noticias suyas. Me temo que el enemigo intentará volver a las montañas. 

–Bien hecho, nosotros debemos reunirnos con nuestros aliados para el asalto final. El desgaste empieza a hacer mella en todos, así que es hora de zanjar esto. Me temo que tendrás que asumir el mando durante unos días, hasta que los médicos me dejen hacer algo útil. 

–No te preocupes, me las arreglaré. Comparado con intentar desentrañar los misterios de una puerta arcana protegida por hechizos milenarios, no creo que sea tan difícil dar órdenes a un grupo de soldados. 

Cuando el hechicero salió, le quedó la satisfacción de ver la débil sonrisa que su torpe broma había dejado en el rostro de Finulein. Sin embargo estaba preocupado por ella. Demasiadas heridas, demasiada responsabilidad y, solo había que mirar a su alrededor, demasiada muerte. Únicamente los dioses sabían el peso que caía sobre los hombros de la Almirante, pero por unos días él tomaría el relevo. La necesitaban fuerte, porque la puerta ancestral cada vez estaba más cerca de ser abierta y no dudaba de que sus enemigos tenían intención de morir matando.


Autor: Ximo Soler

domingo, 1 de abril de 2018

Final de fase 3: Concilio del Orden


Ashtroz cabalgaba acompañado de sus oficiales a través de la calle principal del enorme campamento de campaña, ansioso por llegar a la gran tienda en torno a la que se organizaban los ejércitos aliados. Allí donde ponía sus ojos veía cómo la línea invisible que separaba a Asur y a Enanos se iba desvaneciendo, una realidad impuesta por las necesidades de la guerra y que no estaba seguro de si le agradaba. Su padre cayó luchando en la Guerra de la Barba y, pese a que no existía ninguna duda al respecto de su profesionalidad y su sentido del deber, había esperado que aquella alianza hubiese quedado en lo meramente obligatorio. Sin embargo, y que Caledor el Impetuoso les perdonase, ambas razas habían comenzado a relacionarse más allá de lo impuesto por sus oficiales. Con estos pensamientos en la cabeza desmontó frente a la tienda del Alto Mando y se apresuró a pasar entre el nutrido grupo de guardias, un conglomerado imponente de la élite de cada hueste. Sus ojos tardaron un instante en acostumbrarse a la penumbra del recinto, pero aún cuando consiguió ver con claridad no pudo evitar dudar de si lo que contemplaba era cierto: Finulein y Grungthan a un lado estudiando un mapa del territorio, mientras que Lindir (aún con su armadura) y un maltrecho Úlfgar compartían una charla amistosa marinada con vino y cerveza. 

–He venido en cuanto me han comunicado vuestra llegada –fue lo único que acertó a decir ante la confusa escena–, dicen que habéis sufrido una emboscada por el camino. 

–Así es –contestó Lindir con una sonrisa socarrona–, nos atacaron en las colinas del Sur-Este, pero me temo que el combate no acabó como ellos esperaban. 

–Doy gracias a Asuryan, durante unas horas hemos temido por vuestras vidas. 

–Bueno, he de decir que este barbilampiño me ha demostrado que sabe pelear... encima de un caballo –gruñó Úlfgar–. Algo es algo. Menos mal para él que mis enanos han hecho el trabajo sucio para que él y los suyos no tuviesen que mancharse demasiado las manos. 

Si Ashtroz esperaba encontrar algún tipo de menosprecio real en aquellas palabras no lo hizo, más bien al contrario. Algo empezaba a cambiar, aunque no sabía identificar el qué. 

–Y bien –preguntó Lindir–, ¿cuál es el estado de las huestes? 

–Vengo de pasar revista a las tropas y de comprobar el estado de nuestras líneas de suministros. Todo está en orden, ha habido pequeños asaltos a nuestros convoyes de aprovisionamiento, pero nada serio. 

–Tras vuestra llegada, ahora lo que debemos decidir es nuestro siguiente paso. Las patruyas de Lindir dicen que el enemigo se encuentra disperso en estos puntos de aquí –dijo Grunghtam, señalando algunos lugares del mapa–. 

–Los incursores druchii se han reagrupado en una granja de este valle, si soy rápida podré alcanzarles antes de que se marchen. Puede que, si tiento el orgullo de su comandante, sea capaz de forzarles a cometer un error táctico –aportó la elfa. 

–Sea así –repuso Ashtroz–. Yo partiré en busca de los restos de la fuerza de combate que os ha emboscado hoy, si están huyendo a las montañas, como es de esperar, los interceptaré. 

–Úlfgar, tu debes recuperarte. Y no murmures, no voy a admitir discusión respecto a esto –ordenó Grungtham–. Vas a cubrir nuestra retaguardia con tus guerreros, estoy seguro de que alguno de nuestros enemigos intentará flanquearnos en estos valles. En cuanto a mi, saldré en busca de Grimgor, es hora de alguien lo detenga. 

–Muy bien, mis jinetes solo necesitan re-abastecerse y dejar descansar a sus corceles, pero partiremos al amanecer para cazar a todo lo que se ponga en nuestro camino, sea de la raza que sea. 

–Poco más podemos añadir, amigos –dijo Lindir sirviéndose vino y alzando la copa–. Que Asuryan esté con nosotros, si ahora cosechamos victorias claras les obligaremos a retroceder y pondremos a salvo Tor Tal-Harin. No podemos fallar. 

Autor: Ximo Soler.


Final Fase 3: Contubernio del mal


La enormes hogueras hacías que las sombras del interior de  la tienda bailaran como si fueran demonios frenéticos. Los tambores y los gritos de los orcos zalvajez no ayudaban a relajarse. Pocas veces había estado Samuel Sime en una tienda con unos generales como estos, Grimgor era una montaña de músculos tan grande como el propio ogro y el aura de violencia que transmitía con cada movimiento solo hacía que a Samuel le hiciera padecer un dolor de cabeza justo detrás de los ojos y unas ganas de aporrear a alguien como solo había sentido en plena batalla, como cuando estás con el barro y la sangre hasta los ojos y solo piensas en darle una patada en la cara al soldado que está en el suelo y que tienes que evitar que se levante, porque si no, te dará la patada a ti.

El orco habló:
-¿Zamuel, tú que opinaz?

Samuel volvió de las profundidades de su mente.
-¿Eh? Sí... Esto... Hemos sufrido bajas, la cabrona de Finulein nos pegó muy duro, pero nosotros lo somos más. Por lo que me han contado los exploradores, han tomado presos a muchos de mis soldados. ¡Ja! -Rió de forma amarga- debería haber matado a esa panda de perros... Conozco a los que se llevó y son una panda de hijos de puta que vana hacer la vida imposible a esa elfa. Los escogí personalmente después de un asalto a una fortaleza de los Hombres rata, habían sobrevivido varios meses en las jaulas de las ratas... Que aprovechen las vacaciones que han cogido de los elfos. Cuando los vuelva a coger ¡Van a saber lo que es trabajar!

-Me alegra zaber que tuz chicoz zon chicoz duroz, ¡Pero los chicoz duroz no valen para nada zi eztan con loz elfoz!- Dijo Grimgor dando un puñetazo en la mesa.- ¡Loz cochinoz elfoz noz eztán deztrozando! ¡No eztamos conziguiendo ninguna pozizión! ¡Tenemoz que llegar a eza fortaleza de alguna forma!

-Eso es cierto Grimgor- Intervino Yuggath- El camino que dijo el enano estaba mejor defendido de lo que esperábamos.

-¡Tu cállate Yugazz! ¡Todoz hemoz vizto como te agarrabaz laz faldaz y zalíaz corriendo delante del elfo de loz caballoz! -Gimgor hizo un gesto teatral burlón con las manoz- Dizez Uuuuuuuuh... Y hazez muchaz cozaz con laz manoz y dizez muchaz palabrejaz raraz y la gente muere cuando hazez ezo... ¡Pero no zabez nada de comandar tropaz y de luchar de verdad! Dijizte que el enano aquel de la crezta naranja lo habíaz matado pero me tocó a mí acabar el trabajo.

Samuel Sime sintió un escalofrío en la nuca, en parte por las dos enormes bestias discutiendo delante de él y en parte por la extraña voz susurrante que en un rincón de la tienda dijo:

-El enano del que habláis sigue con vida, está herido de por vida por lo que habéis hecho los dos, pero vive y lucha como siempre.

Una de las sombras de la tienda dejó de bailar al son de los tambores orcos y se hizo más densa, casi material. La sombra habló:

-Me envía mi amo Ernhuzk, el enano no ha conseguido establecer su posición, no tendréis el apoyo por su parte, el elfo que llamáis Isgaard si ha conseguido su plan, su posición es adecuada para el asalto. Decidme y le entregaré la información a los otros generales ¿Habéis conseguido vuestras posiciones? ¿El asalto a la torre es la que planeamos? Contestadme y enviaré las respuestas a mi amo Ernhuzk.

El ogro se acercó a la pequeña y sibilante criatura del caos y le dijo:

-Dile a tu amo que no hemos conseguido las posiciones, el camino estaba defendido, intentamos emboscar a los enanos pero fue una trampa y Lindir nos atrapó y rompió nuestras filas. Finulein también destrozó el flanco oeste con el que Samuel protegía nuestra posición y hemos tenido que huir al norte, necesitamos saber la posición de Ernuzhk y si podemos apoyarnos en él para marchar a la torre. A pesar de eso, creemos que podemos tomar la torre por asalto si cargamos por el camino del sur, no es el plan que habíamos acordado, pero si Isgaard está donde acordamos, quizá el asalto deba ser por ahí.

La criatura asintió, y con una sonrisa malévola contestó:
-Transmitiré la información a mi amo... ¡Ah, por cierto! Vuestros enemigos están a punto de abrir la cámara y de desvelar sus secretos... Están tardando mucho, pues no tienen ni idea de como funciona esa cámara- El demonio pareció complacido por ese dato- Es tan fácil de abrir que hasta uno de vuestros cachorros podría hacerlo... Menos mal que sois vosotros los que contáis con mi ayuda... Espero que podáis conseguir pronto llegar hasta ahí pues como utilicen el Artefacto no podréis contar conmigo...

Y los ojos se fundieron con la sombra y desaparecieron.

-Malditos demonios, son traicioneros y malvados, esta campaña no acabará bien si la dejamos en sus manos - Dijo Samuel Sime. Aunque en su interior pensaba que era una buena forma de transmitir órdenes a sus tropas... si se pudiera eliminar de alguna forma la capacidad que tenían de mentir y de transformar todo lo que dicen a su antojo... Quizá sean útiles.

Autor: Draughleth



domingo, 4 de marzo de 2018

Ronda 3.2. Corsarios de Finulein (Altos elfos) VS Mercenarios de Samuel Sime (Mercenarios)


La batalla había terminado tan rápido como había dado comienzo y los Altos Elfos dominaban el campo de batalla. El ataque había sido fulminante, como el golpe de un martillo sobre un yunque, dejando tras de sí multitud de muertos, heridos y prisioneros. A lo lejos, el pegaso del escurridizo líder mercenario volaba en busca de cielos menos hostiles; pero Finulein Sin Tierra estaba segura de que algún día la suerte de aquel humano terminaría por agotarse. Durante un segundo se preguntó cuántas derrotas más podrían soportar aquellos perros de la guerra antes de buscar un nuevo líder o, incluso, un nuevo cliente que les garantizase más días de supervivencia. Y sin embargo, habían aguantado la posición como si luchasen por una causa, lo cual no dejaba de sorprenderla. Entendía las razones del resto de enemigos, pero no el motivo por la que aquellos mercenarios consentían en continuar su papel de carne de cañón. Estaba claro que aquella posición no les ofrecía ventaja táctica alguna y, sin embargo, la habían defendido pese a las últimas consecuencias, llegando a causar muchas bajas entre la caballería élfica y los exploradores. 

Caminó hasta el pequeño campamento que se estaba formando para atender a los heridos, saludando a soldados y dando órdenes por el camino. A un lado del campo, cientos de hombres esperaban –maniatados y vigilados– a que ella decidiera su suerte... Al recordar el crudo combate que se había producido contra la infantería de élite y en los Asur que habían caído durante la refriega, estuvo a punto de ordenar a los Maestros de la Espada que ejecutasen a aquellos seres insignificantes. Sin embargo, si en algo había insistido su padre era en que aprendiese a valorar el potencial de los humanos y que sintiese compasión por sus cortas y ásperas vidas. Tal vez tenía razón... Aquel era el día de suerte de aquellos perros de la guerra, ya que la campaña había terminado para ellos pero iban a conservar la vida. Los enviaría a Tor Tal-Harin junto a los heridos de los Altos Elfos e irían a parar directamente a las mazmorras, después ya vería qué decidía hacer con ellos; sin embargo, aquel día ya se había derramado demasiada sangre. La guerra continuaría al día siguiente, pero era posible que fuese momento de mostrar algo de compasión por quiénes no eran más que herramientas de los verdaderos enemigos. 

Autor: Ximo Soler








Ronda 3.1. Astrohz el Implacable (Altos elfos) VS Ernuzhk Espadahumante (Enanos del Caos)

Las peores pesadillas de Fendar, capitán de los Yelmos Plateados a las órdenes del Príncipe Astrohz, se estaban haciendo realidad. Volvía a ocurrir de nuevo. La batalla se precipitaba hasta su final y, una vez más, él era incapaz de encontrar el lugar óptimo por el que lanzar a sus guerreros para decantar el combate. El corazón le latía desbocado, pero no por el miedo a la muerte, sino por el terror de volver a levantar las iras de su general. Sus dudas habían provocado la muerte de hermanos y hermanas una vez, y se había prometido que no volvería a ocurrir. Entonces, como si Asuryan le hubiese escuchado, vio a una escurridiza banda de Hobgoblins acercarse peligrosamente a ellos. Apretó los dientes y picó espuelas, ni siquiera lanzó un orden de carga, tan solo señaló con su espada y cabalgó; detrás de él, en seguida, pudo escuchar el trueno provocado por cientos de caballeros élficos precipitándose contra el enemigo. 

La facilidad con la que los Yelmos Plateados atravesaron las líneas enemigas fue insultante, los caballos pasaban por encima de las despreciables criaturas, aplastándolas con sus cascos. Las lanzas rompían y atravesaban, los pieles verdes chillaban de terror y, por fin, se batieron en retirada. Fendar levantó la espada y su caballo se alzó sobre sus patas traseras, convirtiéndose en la viva imagen de un dios élfico de la destrucción, a ojos de sus enemigos. Justo en ese momento, cuando sus jinetes celebraban la victoria, una increíble explosión mágica iluminó el campo de batalla desde las líneas de los Asur. Por todos lados comenzó a llover roca fundida y carne de elfo. El joven capitán reordenó las filas de su caballería y se preparó para proseguir el combate, pese a que el temor le atenazaba el estómago. ¿Quién había provocado aquella explosión? ¿Se encontraba bien el Príncipe Astrohz? Los Yelmos Plateados avanzaron mientras las líneas enemigas se resistían a ceder ante las lanzas y las hachas élficas. La victoria estaba al alcance de la mano y él no volvería a dudar nunca más, así que miró a sus oficiales y señaló hacia el enemigo. Sus hermanos y hermanas les necesitaban, y la nobleza de Ulthuan respondería a la llamada. 

Autor: Ximo Soler


miércoles, 28 de febrero de 2018

Final de la fase 2: Contubernio de la Destrucción

El enano y el elfo se miraron.

El enano hizo un gesto a los guerreros que le acompañaban. Estos, con una reverencia se dieron la vuelta y desaparecieron entre los árboles que los rodeaban. El elfo hizo también un gesto con la mano. Un leve susurro se escuchó entre las hojas de los árboles. En el centro del claro había una pequeña roca sobre un pedestal. No tenía nada relevante, más allá de que se elevaba unos pocos centímetros del suelo y unas extrañas runas brillaban de forma tenue en su superficie.

-¡Saludos mi señor Herrero demoníaco Enruzhk Espadahumeante! –Saludó con teatralidad- ¿Cómo van esas exitosas campañas contra mis odiados hermanos?

-Déjate de tonterías burlonas, principito. Tus tropas han huido como ratas cobardes ante ese viejo marinero de Astrohz.

-¡Al menos plantamos cara al enemigo y matamos elfos! ¿De qué ha servido tu táctica? Lindir sigue marchando dando caza a mis exploradores. –Alzó la voz, gesticulando mientras se movía nervioso por el claro -¡A Grimgor le han destrozado por completo esa tribu de monstruos que tiene por infantería! ¡Del Ogro no sabemos nada! y esos humanos despreciables… ¡Aún querrán más dinero para reponer las bajas, estoy convencido de que nos están estafando!

-Te recuerdo, Isgaard, que soy yo el que está financiando toda esta incursión. Mis amos están descontentos con cómo están saliendo las cosas y tú los conoces bien. Sé los tratos que has hecho con ellos y los esclavos que les has llevado. –Sonrió de forma sombría- Los esclavos humanos no están muy cotizados últimamente deberías saber, y a pesar de que llevaste una buena cantidad, está muriendo en los hornos demasiado rápido. Podemos retirar el apoyo en cualquier momento así que necesitamos que esto salga bien.

-Sabes de sobra, enano, que tengo órdenes dictadas y firmadas por el propio Malekith, que tus enanos retiren el apoyo significará la guerra entre legitimo rey fénix y tus señores oscuros.

-Ese papel no me asusta, ni a mis señores tampoco. –Ladró el enano- Si tu reyezuelo quiere venir a por nosotros ten por seguro que lo estaremos esperando.

El enano y el elfo se miraron, con el odio y el desprecio con el que se miran los enemigos. La tensión duró un instante, los símbolos de la pequeña roca brillaban con tal intensidad que iluminaban todo el claro de forma obscena. Al final, el elfo bajó la mano que había llevado a la espada con gesto de cansancio y suspiró. El enano no se había movido un milímetro, aunque parecía que sus colmillos se habían hecho más grandes mientras mantenía la mirada fija en el elfo. Aun así la tensión se disipó, y la roca dejó de brillar poco a poco.

-Ernuhzk, nos conocemos desde hace años, llevamos casi un siglo comprando y vendiendo esclavos y hasta ahora no habíamos trabajado juntos en una campaña como esta. Nuestros odiados hermanos van a atacarnos y a acosarnos y necesitamos reagruparnos de alguna forma, hay que contraatacar. Están luchando como un bloque unido y por ello nos están machacando. 

El enano cambió su expresión, sus rasgos se suavizaron y sus colmillos parecieron decrecer. Después de unos segundos de meditación el enano dijo:

-Tienes razón. Mis augures me dicen que están reconstruyendo la ciudad de tus antepasados, el ataque vendrá seguramente de allí. Sabemos que hay un paso por el que quizá podamos cogerlos desprevenidos. Pero estamos muy lejos, pues es el paso comienza a unos pocos kilómetros al oeste de la ciudad, y en algunos de ellos bordea los acantilados de la costa. Si reagrupamos a nuestros aliados, quizá podamos tener una oportunidad de atacarles por la retaguardia.

-¡Y entonces el tesoro de Tol Tal-Harin será nuestro!


lunes, 26 de febrero de 2018

Final de la Fase 2: Cónclave del Orden.


Un fuerte aguacero caía sobre la costa de la reconstruida ciudad élfica de Tor Tal-Harin, golpeando contra muros y rocas que tan solo habían conocido el silencio durante siglos. Sin embargo, aquella noche, las huestes de Enanos y Elfos se guarecían juntas –aunque no revueltas– bajo los mismos techos, al abrigo del viento y la lluvia. Las casas bullían de vida, la luz de las alegres chimeneas atravesaban las ventanas y, en el interior de las casas y las tabernas improvisadas, la luz, la música y las historias se filtraban dolorosamente hasta los guardias que patrullaban las calles y las murallas. Cada enano, cada elfo y cada elfa, sabía que la campaña marchaba bien; habían ganado tiempo para levantar las defensas de la ciudad y sus alrededores, así que entre vaso y vaso de cerveza enana y vino élfico muchas voces se preguntaban cuál sería el siguiente paso de sus generales. ¿Pero dónde estaban sus líderes en aquella noche tempestuosa? A muchos metros bajo los pies de los soldados, cinco figuras observaban con detenimiento los símbolos que brillaban sobre la puerta de la cámara. Al otro lado, les esperaba el artefacto de los Ancestrales y quién sabía qué más secretos. Entre las sombras, un nutrido grupo de adeptos de la Torre Blanca de Hoeth entonaban cánticos de poder cuya finalidad era alimentar los hechizos con los que Arathar intentaba romper los sellos de aquel umbral olvidado. 

–¿Y bien? ¿Por qué no bajamos unos cuántos cañones y comprobamos la resistencia de este metal? –propuso Úlfgar el Carnicero. Tras el enfrentamiento con el hechicero ogro, al cual había sobrevivido de milagro, su cara presentaba un color ceniciento, como si hubiesen estado a punto de arrancarle la fuerza vital del cuerpo. Por suerte, el Matador tenía más energía que la mayoría de enanos del Viejo Mundo. 

–Porque seguramente no le haríamos ni un rasguño... –contestó Grungthan, el Señor de las Runas de Barak Varr– Estas puertas superan todos nuestros conocimientos... Quienes las construyeron no diferenciaban entre tecnología y magia, empiezo a dudar si podremos abrirnos paso a través de ellas.

–Tened fe, compañeros –les animó el Príncipe Astrohz–, en mis largos años he visto hacer a los hechiceros de Hoeth cosas que consideraba imposibles. Encontrarán la manera. 

–En cualquier caso, debemos tomar una decisión –dijo Finulein– ¿defendemos la ciudad y la costa o buscamos a nuestros enemigos en el interior? 

–Por supuesto, debemos salir a buscarlos –sentenció el Príncipe Lindir de Caledor–. No pienso esperar tras tus muros, Finulein, a que mis caballeros mueran de aburrimiento. 

–Debemos ser prudentes, Lindir –contestó la elfa–. Un solo error puede arrebatarnos la ventaja que hemos conseguido. 

–Aún así el muchacho tiene razón –intervino Grungthan–, les hemos golpeado con más fuerza de la que esperaban. Tenemos la iniciativa, así que creo que no deberíamos darles ningún respiro. Que el desanimo y la discordia continúe haciéndoles mella. 

–Si –repuso Úlfgar–. No te acostumbres, principito, pero creo que tienes razón. 

–Sea así –dijo Astrohz–, dejaremos a la Guardia del Mar de Lothern la custodia de Tor Tal-Harin y sus aguas, mientras avanzamos con nuestras huestes tierra adentro. Buscaremos y derrotaremos a nuestros enemigos por separado, ya que nos superan en número.

–No te preocupes, enano –comentó Lindir diriéndose al viejo Matador–, encontraré al que te ha dejado en este estado y le daré su merecido. Tal vez tengas la oportunidad de aprender algo sobre el Arte de la Guerra cuando vuelva para narrarte mi victoria. 

–Tal vez, cuando acabe esto, tenga la oportunidad de partirte esa cara tan fina que tienes... 

El noble de Caledor se alejó del grupo, hacia la superficie, dejando tras de sí una torva carcajada. Frente a la puerta quedó el resto de guerreros, tan preocupados por la marcha de la campaña como por lo que escondería aquella gigantesca puerta. Aún quedaban muchos enigmas que resolver y más enemigos que derrotar, pero todos sabían que allí fuera las huestes oscuras no tenían unas murallas sólidas tras las que defenderse y que, seguramente, aquella noche sus ejércitos pasaban frío y dudaban de sus líderes. Con un poco de suerte y alguna victoria más, la afilada espada de la duda les heriría con más crudeza que los aceros de Tor Tal-Harin. Y entonces, no antes, la guerra estaría decidida. 


Autor: Ximo Soler

Ronda 2.5. Cazadores de Úlfgar el Carnicero (Enanos) VS Los Brutos de Gorgo (Ogros)

Waldruf Grundadraff, hijo de Byrrnoth Grundadraff, clavó su estandarte en la tierra revuelta y contuvo el aliento. La brisa del mar acarició sus cabellos cuando dejó caer el yelmo al suelo, una sensación que ningún enano jamás pensó que le produciría tanta alegría. A su alrededor, el olor a miedo –que no era otra cosa que el contenido de los intestinos de los moribundos al aflojarse– y los gritos de agonía de los heridos impregnaban el ambiente con un sabor amargo. Pese a su juventud, Waldruf podía considerarse un veterano, pero aquella batalla había sido la más dura en la que había participado nunca. Caminó entre los cadáveres, recorriendo el curso de la batalla, mientras sus soldados atendían a los heridos. 

Ambos ejércitos llevaban buscándose varios días entre el laberinto de montañas al Oeste de Varak Barr, hasta que aquella madrugada se habían precipitado los acontecimientos. Las huestes se encontraron de forma desordenada con las primeras luces del alba, no había sido la mejor forma de entrar en combate pero un enano nunca se quejaba de esas cosas. Los Ogros habían avanzado de frente, buscando el combate de forma casi suicida, mientras Úlfgar y Waldruff intentaban maniobrar sus unidades para encarar el combate de la forma más eficiente posible. Un grupo de ogros se precipitó sobre ellos antes de que estuviesen preparados para el combate, pero unos valerosos montaraces coronaron la colina que dominaba el campo de batalla y realizaron una descarga cerrada de plomo sobre ellos, aniquilándolos a todos menos a su oficial. Lo que vino después fue una de las cosas más heroicas que había podido ver en un enemigo: el capitán tripa-dura, sangrando y tambaleándose, con todos sus guerreros muertos en el camino, había avanzado hasta Úlfgar y le había retado a combate singular. Waldruff no pudo sentir más que respeto ante aquel enemigo, que tras perder a los suyos había decidido morir ante el enemigo más fuerte al que pudo encontrar. Casi sintió pena al contemplar el hacha del viejo Matador clavándose en su pecho. 

Pero la batalla no había dado un solo respiro, y él mismo había tenido que hacer frente tan solo unos instantes después a la carga del frente enemigo. Sin embargo, sus rompe-hierros habían mantenido la línea con una determinación acorde a su fama. Las bajas habían sido numerosas en ambos bandos, pero el combate se decantó del lado enano. Por su parte, se había encargado de eliminar al capitán de la unidad enemiga, que aceptó el desafío que le había lanzado al líder de la hueste ogra, protegiéndolo. Seguía sorprendiéndose del honor que habían demostrado los ogros en aquella jornada, incluso los gnoblars habían exhibido una valentía inesperada contra las hachas de los matadores. En mitad de la refriega, Úlfgar había estado a punto de caer de nuevo a manos de un hechizo enemigo, aunque su asombrosa resistencia le salvó una vez más de una muerte segura. A partir de ese momento, el combate se ha ido inclinando cada vez más a favor de los enanos, aunque aquella noche todos tendrían que enterrar a muchos muertos. Sin embargo, en cuanto hubiesen retirado a los suyos, dejarían el campo de batalla libre para que el enemigo pudiese recoger a los suyos. Aquel honor imponía una tregua entre los bandos, pero mañana la guerra continuaría. 

Autor: Ximo Soler.
Despliegue enano

Despliegue ogro



Los gnoblars planeando a cuantos enanos van a matar hoy 


Los montaraces enanos disparan... 
Y cuando el humo se dispersa, un solitario y malherido ogro se encuentra desorientado y se lanza a por los enanos que tiene delante



Úlfgar, a pesar del tamaño de la bestia que se le echa encima, no tarda ni dos segundos en despachar esa montaña de músculos.






El épico doble 1 de los Gnoblars, que lo dan todo contra los enanos




Dos matadores enanos que encuentran la muerte a manos de los (sucios y asquerosos) Gnoblars

jueves, 15 de febrero de 2018

Combatientes Liguilla Reforged: Príncipe Lindir de Caledor

Comandantes
  • Príncipe Lindir, el Joven Dragón de Caledor: 227 puntos
    • Senda Nobleza de Caledor
    • Escudo
    • Corcel élfico con barda de Ithilmar
    • Cáliz de rubíes
    • Espada de Ogro
 

Héroes
  • Valandil, Cuidador de Dragones: 160
    • Nivel 2
    • Senda del Mago vidente
    • Saber de las Bestias
    • Alfombra de Arabya

  • Daeron el Alto. Portaestandarte de batalla: 144
    • Senda nobleza de caledor
    • Escudo
    • Lanza de caballería
    • Caballo de guerra con barda de Ithilmar
    • Portaestandarte de batalla
    • Estandarte de defensa

Básicas
  • 7 Yelmos plateados: 140 puntos
    • Grupo de mando

  • 8 Yelmos plateados: 160 puntos
    • Grupo de mando completo

  • 5 Guardianes de Ellyrion: 95 puntos
    • Estandarte
    • Oficial

Especiales
  • Carro de leones: 120 puntos

Singulares
  • 7 Príncipes dragón de Caledor: 245 puntos
    • Grupo de mando
    • Estandarte mágico Pabellón del Rey Fénix


domingo, 11 de febrero de 2018

Ronda 2.2 Incursores de Isgaard Mantonocturno (Elfos oscuros) VS Astrohz el Implacable (Altos elfos)

Algún día, cuando los bardos canten las hazañas de aquella jornada, probablemente no cuenten que nada salió según lo previsto. Hablarán de la carga final de Fendar y sus Yelmos Plateados, pero olvidarán que la falta de experiencia del oficial le hizo dudar durante todo el combate, provocando la desesperación en Astrohz cada vez que le veía retroceder con las manos vacías. Puede que describan las nubes de proyectiles oscureciendo el sol, pero no que muy pocos encontraron un blanco. Es seguro que hablarán de la ayuda decisiva del mago Alto Elfo en el combate que enfrentó al grueso de ambas huestes, pero dudo mucho que señalen que hasta ese momento había conseguido controlar los vientos de energía a duras penas. Tampoco nadie conocerá el alivio de Astrohz al ver como los lanceros enemigos cargaban contra sus aguerridos Leones Blancos, en lugar de contra la propia unidad de lanceros que lideraba. La Historia tan solo recogerá la carga que encabezó para apoyar a los leñadores de Cracia y que, en medio de la total confusión provocada por aquel nuevo episodio de odio ancestral, ambos comandantes se buscaron. Y si los bardos ignorarán todo lo dicho, mucho menos probable es que escriban que cuando el Príncipe Isgaard Mantonocturno se disponía a encarar aquel duelo, hubo algo más que salió mal. El general Asur había oído hablar de la mortífera asesina Druchii que había herido a Lindir, pero ignoraba que el líder de los Elfos Oscuros la había confinado en el campamento como castigo por haberle desobedecido en el anterior combate. Y, por su puesto, lo que ninguno de los dos podía imaginar era que uno de los lanceros que combatían junto a Isgaard era la desobediente asesina, que se negaba a quedar apartada del frente. Astrohz tuvo un segundo antes de darse cuenta de lo que ocurría, pero su extraordinaria habilidad con la espada y los hechizos que le protegían alejaron los golpes más mortíferos. El intercambio de golpes fue rápido, mucho más veloz de lo que los ojos de un humano hubiese podido seguir, haciendo saltar chispas allí donde las armas de ambos contendientes se encontraban. La hoja Asur encontró la blanca carne de la asesina ante la atónita mirada de Isgaard, que se veía apartado de aquel duelo por el empuje de una turba de lanceros de ambos bandos. Pocos sentirán la confusión de los Druchii cuando los acontecimientos se precipitaron: una vibración mágica impregnó el aire, los casos de los Yelmos Plateados sonaban cada vez más cerca del combate y, en el frente, los Leones Blancos se abrían paso entre las filas de escudos con sus enormes hachas. Apesadumbrados por un peso desconocido, todos los lanceros oscuros sintieron que la batalla estaba perdida. Las trompetas sonaron y Astrohz vio a sus eternos enemigos batirse en retirada, arrastrando al Principe Oscuro y a su asesina fuera del alcance de su espada. Esto será lo que los bardos contarán de aquel día: uno de los duelos más increíbles que nunca verá aquella tierra baldía. Pero volverán a ignorar que Astrohz el Implacable, que había luchado mil veces contra los odiados súbditos de Malekith, suspiró de incredulidad al darse cuenta de que había sobrevivido al enfrentamiento con una de las mejores guerreras que había visto nunca. 

Autor: Ximo Soler