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miércoles, 23 de septiembre de 2026

Las Sombras se alzan

 



A pesar de la luz de la luna, el bosque estaba envuelto en sombras. El Campeón Aspirante Ar'zul aferraba las riendas de su montura demoníaca con fuerza. Podía sentir su fiereza y sus ansias de sangre. Hacía relativamente poco tiempo que había obtenido sido ungido por los poderes ruinosos, la armadura negra en la que había sido enclaustrado se estaba empezando a fundir con su carne y la marca de los Dioses Oscuros brillaba de forma tenue en su frente pero el guerrero se alzaba orgulloso ignorando el dolor abrasador.  Desde su nacimiento solo había deseado probar ser el mejor guerrero de su tribu a los ojos de los Dioses y ser un Campeón del Caos que gobernase sobre hombres y demonios. Con el tiempo se unió a una banda de Guerreros del Caos y destacó entre ellos hasta ser el líder y un digno merecedor de una montura tan magnífica como aquella. Ahora, después de varias décadas de guerra en los desiertos, una infinidad de victoriosas masacres se extendía ante él.

La luna gibosa en el cielo le observaba. El guerrero no era ajeno a este tipo de sensaciones pues los Desiertos del Caos son extraños y cambiantes pero esta vez no era la intoxicante sensación corruptora del Caos, esta sensación era diferente. Sentía que alguien se estaba burlando de él, que había algo viendo sus movimientos y calculando la forma de humillarlo. El guerrero estaba sintiendo como la ira empezaba a cercer en él, no era un sentimiento ajeno, solía dejar que esta fuera lo que le guiara en la batalla hasta que dejaba de ver enemigos y sus ojos solo registraban un tono rojo sangre cubriéndolo todo. Se sintió en confianza al sentir que la batalla sería otro glorioso derramamiento de sangre.

 


 
 Ar'zul sabía que el enemigo estaba delante, tras la colina. Sus guerreros avanzarían y los matarían a todos, así es como solía ocurrir siempre. Sus jinetes iban a rodear la colina por un lado y él avanzaría por el otro. Apenas tuvo que dar órdenes, todos sabían lo que tenían que hacer. 

Mientras avanzaba vio al enemigo. Goblins. Había pocos en los desiertos y solían ser criaturas cobardes y tristes que se escondían en agujeros. Era indigno hasta matarlas con la espada, lo normal era pisotearlos hasta la muerte. Pero estos eran diferentes. Parecían haber llegado hace poco a los desieros del Norte y estaban armando escándalo, un par de poblados habían sido saqueados o destruidos y a falta de un enemigo digno, siempre se podía derramar un poco de sangre pielverde. Ar'zul estaba absorto en sus pensamientos, recordando lo poco que sabía de este enemigo a través de las enseñanzas de los chamanes de la tribu. Su Montura demoníaca se encabritó violentamente y el guerrero le dio rienda suelta, "acabemos con esto pronto" Pensó.

Una flecha perdida golpeó su casco interrumpiendo su línea de pensamiento. Su visión estaba fija en el bloque de goblins que estaban disparando una lluvia de inútiles flechas a sus guerreros cuando como surgidos de la tierra aparecieron una horda de arañas del tamaño de un mastín con goblins encima. Estos intentaron pincharlo con lanzas rudimentarias pero resbalaron contra la armadura. El Campeón dejó que la rabia le inundara y de un par de tajos acabó con la mitad y su montura pisoteó al resto. Bañado en sangre verde, Ar'zul observó el campo de batalla. Varios guerreros del Caos yacían muertos en el campo de batalla, sus almas se las comerían los demonios por haber sido vencidos por enemigos indignos. Menos rivales en mi Sendero a la Gloria, pensó el Campeón

 


 
Sus Caballeros habían sido arrollados por un carro tirado por unos lobos monstruosos. El Capitan de los caballeros, el único superviviente del atropello estaba acabando de matar tanto a las bestias como a la tripulación. Los guerreros habían llegado a los goblins y estaban matándo a diestro y siniestro, piernas y brazos goblin volaban en todas direcciones. Sobre la colina vio al otro Campeón Aspirante, Tarkon, portador de su enseña personal y capitán de los guerreros, luchando contra un goblin de armadura pesada y capa con un yelmo con forma de corona. Mientras el guerrero del Caos luchaba con fuerza y fiereza, el goblin se reía burlonamente esquivando y desviando los golpes. El guerrero, molesto por el baile del escurridizo goblin intentó un ataque devastador que habría partido en dos al goblin, si hubiera estado allí para recibirlo. En su lugar, una risa malvada resonó por el yermo y el guerrero se alzó para quitarse de la espalda una daga que había acabado incrustada en la juntura entre dos de las placas. De la daga goteó un líquido verduzco mezclado con la sangre del Campeón del Caos, el veneno estaba ya en su torrente sanguíneo y del traicionero goblin no había ni rastro en el campo de batalla.

 

 
La luz de la luna pareció aumentar y la sensación de estar siendo observado se incrementó en Ar'zul. Alzó la vista a los cielos y una luna terrible y malsana les iluminaba. Mientras observaba desafiante el astro siniestro empezó a advertir un extraño patrón en sus cráteres, valles y montalas. Un terrible rostro parecía sacar la lengua en una sonrisa imposible. Acto seguido, Ar'zul fue derribado de su montura por un monumental trompazo de fanatiko que había salido disparado de entre la peña de goblins.






 

*Partida jugada en el I Torneo de Battle March de Monte Ronin jugada el pasado 13 de septiembre. En esta partida, contra Guerreros del Caos perdí por puntos. Una batalla contra un jugador novel a 600 puntos, sin objetivos ni reglas especiales pero muy divertida e interesante.